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Seguridad

El municipio michoacano de Uruapan vive entre la prosperidad y la violencia

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MORELIA, Michoacán. Aunque es uno de los municipios con los mejores indicadores económicos del estado, también es cierto que en Uruapan hay un clima de violencia caracterizada por la presencia de distintos grupos del crimen organizado que se disputan el territorio con enfrentamientos armados, masacres, emboscadas y crímenes que no distinguen género, edad o clases sociales.

El sector aguacatero de Michoacán genera cada año ventas al exterior que rebasan los dos mil millones de dólares, a lo que se suman otros frutos como mango, piña y guayaba que encuentran sus principales consumidores en Estados Unidos, Canadá, Japón e incluso Qatar, en plena fiebre mundialista.

Esa industria en auge también cuenta con casi 10 mil unidades de comercio al por menor que dan empleo formal a más de 22 mil 300 personas, mientras que tres mil empresas de la industria manufacturera generan 13 mil 200 empleos.

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De su población económicamente activa, el 98 por ciento estaba ocupada en 2020, de acuerdo a los registros del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), lo que da cuenta de la prosperidad en la región.

Sin embargo, de forma paralela a esa economía imparable corre un clima de violencia caracterizada por la presencia de distintos grupos del crimen organizado que se disputan el territorio con enfrentamientos armados, masacres, emboscadas y crímenes que no distinguen género, edad o clases sociales.

En 2021, el municipio ocupó el tercer lugar en la entidad en cuanto a homicidio doloso, con 330 personas asesinadas y una tasa que la colocó en la posición ocho en el ranking de las ciudades más peligrosas del mundo, de acuerdo al Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal.

Por eso no resulta extraño que el mismo Inegi la ubique entre las ciudades con mayor miedo entre sus habitantes. En septiembre pasado, la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana reveló que el 84 por ciento de los uruapenses se sienten inseguros, lo que la coloca a la par de algunos municipios del Estado de México y Zacatecas.

Algunos de los ilícitos reportados por los encuestados son gente bebiendo en las calles, vandalismo en su colonia y venta de drogas cerca de sus casas, pero el que más llama la atención es el de disparos frecuentes con arma de fuego en los alrededores: más del 60 por ciento respondió que le ha pasado, renglón que solo superan Fresnillo, Ecatepec y Chimalhuacán.

Un porcentaje similar dijo que como medida de precaución ya no transporta cosas de valor por temor a un asalto, mientras que el 50 por ciento evita salir de noche y cuatro de cada 10 adultos no permiten que sus hijos salgan solos de casa.

Uruapan es una zona estratégica que conecta con el puerto de Lázaro Cárdenas, la Tierra Caliente, la capital del estado y la Meseta Purépecha. Ese aparente privilegio también ha aglutinado a distintos grupos del crimen organizado como el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), Los Viagras, La Familia Michoacana y Pueblos Unidos, quienes además de enfrentarse a tiros constantemente, atemorizan a la población con cobro de piso, secuestros y extorsiones, sobre todo entre productores de aguacate.

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En febrero de este año, el Servicio de Inspección de Sanidad Animal y Vegetal del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA-APHIS) suspendió de manera temporal la exportación del fruto porque uno de sus agentes recibió amenazas del narco, lo que puso en riesgo la venta de 25 mil toneladas. El caso necesitó la intervención directa de la embajada de México en ese país, así como gestiones del gobernador Alfredo Ramírez Bedolla, quien ha reconocido que en todo el estado operan al menos 12 cárteles de la droga.

Otro de los casos que más impactó fue el hallazgo de 11 cuerpos enterrados en una huerta aguacatera de la comunidad de El Llanito, según informó la Fiscalía General del Estado el 3 de agosto. También han calado fuerte entre los ciudadanos los ataques armados en locales de videojuegos, casos registrados en diferentes meses de 2021 y 2022 que cobraron la vida de adultos y menores de edad.

El fenómeno de la violencia en el municipio de Uruapan tiene como una de sus consecuencias un alarmante número de adictos a distinto tipo de drogas, afirma el filósofo de formación Pedro Mata Mendoza, quien en los más recientes años ha implementado talleres de rehabilitación con quienes llama “personas socialmente marginadas”, quienes intentan dejar atrás el consumo de cocaína, mariguana, metanfetamina, cristal y otras sustancias prohibidas.

“La primera vez que consumí fue a los 13 años y hoy tengo 29, fue un miércoles mientras estábamos en la clase de Educación Física en la secundaria, nos fuimos a un lote baldío y luego duré tres días sin dormir”, relata un hombre que fue parte de esos talleres que fueron registrados en el documental La Libertad Interna, dirigido por Porfirio López Mendoza. Otro joven admite que desde los 12 años ha consumido drogas, y tras casi una década de hacerlo es codependiente al también llamado hielo, al peyote, cocaína, LSD y hasta resistol, “todo por no tener una base etimológica y filosófica de la cual agarrarme”.

Desde el 2017, el Comité Municipal contra las Adicciones en ese municipio (COMCA) alertó sobre el foco rojo que representa el consumo de estupefacientes sobre todo entre la población más joven. En los primeros nueve meses de ese año, se habían acumulado 400 arrestos relacionados con uso y distribución de drogas y según sus estimaciones, la mitad de los habitantes entre los 10 y los 29 años ya habían probado alguna sustancia ilícita.

Para Mata Mendoza, el creciente fenómeno de las adicciones obedece a distintos factores como las casi nulas opciones de actividades lúdicas, sobre todo en colonias periféricas, donde se carece incluso de infraestructura como parques o centros deportivos.

“A eso hay que sumarle entornos familiares violentos, por lo que las drogas se vuelven en el camino más viable, más sencillo”. Añade que la riqueza económica se concentra en determinados grupos de la ciudad, así que lejos de desaparecer, la pobreza se nota con todo y esos fenómenos sociales.

En su visita a distintos centros de rehabilitación, notó que los adictos tuvieron como punto en común hogares violentos o vacíos, acceso sencillo a drogas en su misma colonia y un “enorme ocio insano, lo que los orilló a buscar otras alternativas”. Las charlas que imparte se caracterizan por un enfoque a la filosofía, donde se responden planteamientos como el problema del tiempo, la existencia de Dios y el sentido de la vida, así como la desigualdad social.

Por las calles de Uruapan es común encontrarse con centros y clínicas de rehabilitación con nombres como Fuente de Vida, Nueva Era, Ríos de Agua Viva, Renaciendo, Regalo de Dios, El Camino en Cristo y Sendero de Luz, un indicador de que la demanda de personas que se deben recuperar de alguna adicción es parte de la economía local, como también lo son las clínicas de cirugías estéticas, de acuerdo a lo observado por la periodista local Blanca Simón.

Para ella, “la moda de mujeres con un cuerpo impecable” es una forma de violencia silenciosa, pues gastan fortunas no solo en operaciones, sino en cuidados posteriores “a un costo que solo ellas saben, porque alguien se los paga con ciertas condiciones, lo que desencadena en una competencia por quién se ve mejor, quién viaja más o quién trae la mejor camioneta”.

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Aunque en Uruapan se han registrado eventos hiperviolentos en sus calles o lugares cerrados, basta con que pasen unos días para que todo se normalice y la gente vuelva a la vida cotidiana. Blanca pone como ejemplo que el antro llamado Sol y Sombra, aquel donde arrojaron cabezas humanas sobre la pista en 2006, nunca fue clausurado, como tampoco ocurre con otros centros nocturnos donde hay balaceras o riñas entre presuntos miembros de la delincuencia organizada. Pese a las constantes noticias de homicidios en la ciudad, la vida nocturna nunca se apaga y el único peligro que percibe el joven promedio es la extorsión policiaca para obtener “mordidas” y así perdonar multas por manejar en estado de ebriedad.

La violencia en la ciudad aguacatera no solo se focaliza en los enfrentamientos que se hacen mediáticos, sino en la delincuencia cotidiana que desde hace muchos años azota a colonias como la 28 y la Jaramillo, a las que recientemente se suma la zona oriente, por el rumbo del Hospital Regional, donde abundan picaderos de droga y circulan en motocicletas los llamados “halcones”.

Estampas como las de 19 cuerpos desmembrados y colgados sobre el Boulevard Industrial la noche del 8 de agosto de 2019 han dejado una huella imborrable entre los uruapenses, que sin embargo deben acostumbrarse a los contrastes de la bonanza financiera y la violencia extrema.

“Vives con miedo, pero aprendes a hacerlo porque no te puedes quedar en casa paralizado”, dice otra ciudadana entrevistada que prefiere el anonimato.

Coincide con Blanca en que hay ciertas rachas que atemorizan el ánimo social, pero luego las cosas se normalizan. Recuerda que cuando vivió en la colonia San Isidro le tocó escuchar una ejecución múltiple a unos cuántos metros y más tarde se enteró que las víctimas eran apostadores de gallos. En otra ocasión, por el mismo rumbo, una mujer fue asesinada a bordo de un taxi, lo que describe como un capítulo que puede relatar casi cualquier vecino de ese municipio que no logra emparejar el éxito económico con una vida en paz.

Francisco Valenzuela | El Sol de Morelia

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