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La Opinión

Lula da Silva está en la antesala de ser otra vez el presidente de Brasil

Lula da Silva, que gobernó Brasil entre 2003 y 2010, se encontraba en la cárcel desde abril de 2018, después de haber sido condenado a ocho años y 10 meses

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A unos días de que se celebren las elecciones presidenciales de Brasil, el expresidente y exprisionero Luiz Inácio Lula da Silva está en la antesala del poder, tiene al menos 10 puntos de ventaja sobre su rival más fuerte el actual mandatario c.

En 2019, la libertad de Lula fue posible, tras la resolución que emitió la Corte Suprema de Brasil estableciendo que, como dice la Constitución, un condenado sólo puede ir a prisión una vez haya agotado todos sus recursos.

Lula da Silva, que gobernó Brasil entre 2003 y 2010, se encontraba en la cárcel desde abril de 2018, después de haber sido condenado a ocho años y 10 meses por un tribunal de segunda instancia por un caso de corrupción.

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En una de las acciones, Lula fue acusado de recibir sobornos del contratista Odebrecht a través de la compra de un terreno que se utilizaría para la construcción del instituto en São Paulo, por el monto de 2,042.000 dólares, aproximadamente.

El contratista también habría comprado un departamento en São Bernardo do Campo, en la región metropolitana de la capital paulista, en el mismo piso y en el mismo edificio donde vivía Lula antes de su arresto

La defensa de Lula negó siempre que el expresidente hubiera cometido “delito alguno o recibido algún beneficio a cambio de los actos realizados como jefe de Estado y jefe de gobierno”.

La otra denuncia afirma que el mismo contratista habría hecho cuatro donaciones de 170 mil 164 dólares, aproximadamente cada una al Instituto Lula, entre 2013 y 2014, para presuntamente pagar sobornos por contratos fraudulentos de Petrobras.

Lula da Silva fue acusado de recibir sobornos del contratista OAS en forma de reserva y renovación de un departamento en el balneario de São Paulo.

Aunque la propiedad nunca perteneció formalmente a Lula, el Ministerio Público alegó que el trato se disolvió después de que se hiciera público el asunto, y por eso nunca llegó a concretarse.

En julio de 2017, Lula da Silva fue sentenciado a nueve años y seis meses de prisión por corrupción pasiva y lavado de dinero por el entonces juez Sergio Moro.

Luego, la condena fue confirmada por el Tribunal Regional Federal de la Cuarta Región, en enero de 2018, que aumentó la pena a 12 años y un mes de prisión.

En abril de 2019, el Tribunal Superior de Justicia decidió mantener la sentencia, pero redujo la pena impuesta a Lula de Silva a ocho años, 10 meses y 20 días de prisión.

En ese momento, la defensa del expresidente criticó la decisión de los jueces: “El único resultado posible es la absolución del expresidente Lula, porque no cometió ningún delito”.

Fue la condena en este proceso del tríplex lo que llevó a Lula da Silva a prisión en 2018. Lula estuvo preso durante 580 días, pero fue liberado en noviembre de 2019 luego de que la Corte Suprema falló en contra de la detención, tras una condena en segunda instancia.

Hoy está montado en un carro electoral que lo llevará de regreso a la Presidencia brasileña, antes tiene que dejar en el camino a la

nueva derecha, representada por el actual presidente Jair Bolsonaro, el asunto es si le será necesaria una segunda vuelta o con la votación del 2 de octubre será suficiente.

Esta última opción sería muy lamentable para la derecha, que en una sola vuelta gane Lula de Silva hablaría de un enojo enquistado de los brasileños, por la política antiCovid, por la falta de protección a la Amazonia y por los altos niveles de armas que hay entre la sociedad por la flexibilización para conseguirlas.

Para ganar en primera vuelta, el expresidente necesitaría que la mayoría del 7% que suman los indecisos y abstencionistas que aún quedan entre los votantes probables cayeran de su lado. Los necesita para completar los algo más de cinco puntos que le separan del umbral de la mitad más uno de votos válidos necesarios para evitar una segunda vuelta el 30 de octubre.

La distancia entre Lula y Bolsonaro se ha mantenido más o menos estable desde inicios de mayo, cuando Lula da Silva hizo oficial una candidatura que era oficiosa desde muchos meses antes.

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Los vaivenes en torno a esos 10 puntos de ventaja de referencia parecen deberse más a cuestiones coyunturales cuyo efecto final en las urnas será incierto. Por ahora, ninguna de las encuestas más recientes ni tampoco de los muchos promedios existentes anticipan una ventaja de más de 15 puntos, ni tampoco un triunfo claro en primera vuelta.

Solo uno de ellos coloca al izquierdista en el 50%, pero ni siquiera éste aclara si se trata de la mitad más uno de los votos válidos imprescindible, según la Constitución brasileña, para alcanzar la Presidencia en primera vuelta.

Actualmente, más de 33 millones de brasileños pasan hambre y 9.9 millones están desempleados en este país de 213 millones de habitantes.

El principal caballo de batalla de Bolsonaro para combatir esto es el programa de transferencia de dinero Auxilio Brasil, una reformulación del Bolsa Familia creado bajo la administración Lula (2003-2010), aumentado a 400 reales mensuales ( 77 dólares) durante la pandemia y a 600 reales (115 dólares) este año.

Su programa menciona como prioridad la generación de empleos, especialmente para jóvenes y mujeres, y cita la “libertad económica” como promotora del bienestar social.

Lula da Silva vuelve a ser la esperanza de muchos en Brasil, pero también en América para tomar el liderazgo del bloque de izquierda, que da la cara por esas regiones, pero primero hay que  esperar a que gane Lula y luego que arregle primero la casa para poder atender a los vecinos. O usted ¿Qué cree?

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