:)

Inclasificables

La Cuarta Transformación es omisa en el combate de la piratería de libros

Entre comercio físico y digital, el crimen se come a la industria editorial

Published

on

El gobierno federal ha sido omiso en el combate combatir la piratería de libros, pues en los tres años que lleva la administración, la Fiscalía General de la República (FGR) no ha decomisado un solo ejemplar.

Al finalizar la transacción, el administrador de la página Digital Ebooks agradece la confianza, y menciona que los 32 libros de temas de narcotráfico, incluida la novedad de Emma Coronel y las señoras del narco, fueron enviados al correo electrónico –todo por 99 pesos–.

“Cualquier tema no dude en contactarnos estamos para servirle”, dice antes de despedirnos. En otras páginas similares se ofertan archivos digitales de Gabriel García Márquez, Harry Potter, medicina y un sinnúmero de títulos a un menor precio.

Lee: La muñeca tradicional queretana Lele ya es objeto de piratería en México

Esas mismas obras literarias, en su versión pirata o clon, también se encuentran a la venta de manera física en puestos callejeros del país –incluso en Centroamérica enviados desde México–, o en entregas a través de páginas de Facebook.

También se envían archivos PDF por WhatsApp, Telegram, correo electrónico y más, con un previo depósito o transferencia. Todos a un bajo costo, pero representan cuantiosas ganancias para quien lucra ilegalmente a costa de la industria editorial.

En el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa se incautaron 288 mil 436 libros pirata, en tanto que durante el gobierno de Enrique Peña Nieto fueron 161 mil 471 ejemplares, de acuerdo con datos obtenidos vía la ley de transparencia.

“Actualmente no se están llevando a cabo estos operativos, y eso también ha dejado que la piratería tenga un crecimiento aún mayor”, asegura Quetzalli de la Concha, abogada especialista en derechos de autor y vicepresidenta del Centro Mexicano de Protección y Fomento de los Derechos de Autor (Cempro).

“Aseguramientos no hay, no les interesa. No hay esa voluntad”, agrega Juan Luis Arzoz, titular de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem).

La reproducción apócrifa de obras literarias en México es un problema que atenta contra la industria editorial y cultural. Autores, editores, diseñadores, impresores, comercializadores y toda una cadena se ven afectados con este ilícito, incluso los mismos lectores.

No sólo eso. La falsificación de libros –y más productos– es un negocio con el que la delincuencia organizada obtiene enormes beneficios con un riesgo mínimo, además de que financia diversas actividades ilegales.

Lee: Los libros no están en la canasta básica

En la Encuesta Nacional sobre Hábitos de Consumo de Piratería 2020, 45.2 por ciento de los entrevistados calificó como muy importante combatir la piratería. En el mismo ejercicio demoscópico, sin embargo, 12.6 por ciento dijo que adquirió o un familiar compró libros pirata en el último año. Los hombres consumen más este tipo de productos ilegales que las mujeres.

En la portada y primeras páginas de esta falsificación de libros existe toda una estructura criminal, que opera en la venta de ejemplares físicos y digitales. El índice del modus operandi es variado.

En los primeros capítulos de este entramado existen casos donde las mismas imprentas, encargadas de la producción de nuevos títulos, sobrepasan el número de ejemplares impresos que solicita la editorial. Luego los distribuyen para venderse en el mercado negro a un menor precio. A estos se les conoce como clones.

En los párrafos de esta industria ilegal también se dan las historias de que cuando sale a la venta una novedad literaria, ese mismo día es escaneado por los infractores y lo imprimen en bodegas clandestinas –todo esto porque tienen imprentas y papel que también fueron hurtados– y a los pocos días lo mueven en el mercado informal.

Incluso, en algunas librerías no tan comerciales o locales los hacen pasar como originales. Al igual son escaneados y vendidos a través de la web y redes sociales.

En ferias de libros se han hallado ejemplares apócrifos y comercializados al precio de los originales.

Esto muestra que en los últimos años la falsificación industrializada de libros se potenció; lo mismo que ha ganado terreno no sólo en el territorio nacional, sino también en Centroamérica.

En México, el promedio de libros que leyó la población adulta lectora en los últimos 12 meses fue de 3.7 ejemplares, cifra que no se alcanzaba desde 2017, señaló el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) en abril de 2021.

Quetzalli de la Concha resume el problema nacional en una frase: en México cuatro de cada 10 libros son pirata. “Estamos hablando de que esta red de delincuencia está comiéndose prácticamente la mitad del mercado editorial”, lamenta.

“La piratería es un negocio del crimen organizado y la gente busca ahorrar al comprar libros. No les importa su procedencia. Es fácil ir a comprar un libro en la calle (que original) cuesta 300 pesos, pero lo compra en 200. Lo que no saben es que sin querer están cometiendo un delito por ignorancia”, subraya Juan Luis Arzoz.

Lee: Diseñadores contemporáneos dan nuevo brillo a la joyería mexicana

Una muestra del potencial de este mercado negro son los operativos antes del arribo del gobierno morenista. La entonces Procuraduría General de la República (PGR) llegó a decomisar tirajes de hasta 20 mil ejemplares, cuando en la industria editorial legal en ocasiones son de tres mil o cinco mil.

“Hay mucha venta de piratería en el mercado informal en zonas como Balderas, el Centro Histórico, el Eje Central. En los tianguis en general. Pero eso es lo que vemos en la Ciudad de México. Hemos encontrado que actualmente en provincia hay una gran distribución importante de mercancía pirata, donde el editor no ha podido hacer distribución, y resulta que el pirata ya lo está vendiendo. También nos hemos encontrado con una venta importante en Centroamérica”, destaca la especialista en derechos de autor y también abogada de Penguin Random House Grupo Editorial México.

Los títulos pirata adquiridos en Digital Ebooks son El traidor, México en llamas, Los cómplices del Presidente, Los intocables, El último narco: Chapo, Negocios de familia, Los malditos, y la lista sigue. La transacción es simple. Elegir el catálogo; una transferencia; luego mandar por inbox la captura de pantalla junto con el nombre de perfil de Facebook y un correo electrónico. Listo. La bandeja muestra cinco emails con los 32 archivos.

Luego que el administrador ofrece conseguir otros títulos se le pregunta por dos ejemplares de reciente publicación: Los narcopolíticos y Un sicario en cada hijo te dio. El primero no lo tiene, a cambio ofrece otras obras de Ricardo Ravelo, y el segundo sí lo tiene, en 20 pesos.

También está EbookStore, con obras de medicina, literatura para todos, novelas, superación personal y muchos temas más. La operación es la misma: envío previo depósito o una suscripción, que en su mayoría no sobrepasan los 100 pesos. Son archivos robados, por eso los comparten en PDF.

Por supuesto que están haciendo un fraude, porque en realidad están vendiendo archivos que no les pertenecen; libros de los que no son titulares y además nos están poniendo en riesgo como consumidores. Una cosa es la cuota que pagamos, pero la mayoría también te pide dejar tu nombre, correo electrónico y esos alimentan bases de datos que ellos venden en el mercado negro en internet.

Entre 2016 y 2021, el porcentaje de población lectora de libros en formato digital pasó de 6.8 a 21.5 por ciento, de acuerdo con el Inegi.

El problema es que en México, 48 por ciento de los libros que se leen en digital son ilegítimos, según una encuesta del Cempro. La lectura en formato digital subió casi 40 por ciento; sin embargo, la venta de libros en digital no aumentó más de cinco por ciento. Entonces, hay una desproporción, dice De la Concha.

En esta forma de piratería, el organismo también se ha topado con obstáculos por parte de la Fiscalía General de la República al realizar las denuncias, ya que determinan que no ven claramente si se está o no se está vendiendo o es una tarifa genérica. Entonces no se puede vincular ese beneficio económico a un sólo o a ciertos títulos que se ofertan.

Andrés Estrada| El Sol de México