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La Opinión

Joe Biden pierde el rumbo y el apoyo

Joe Biden no ha podido frenar la ola de migrantes que tratan de ingresar a Estados Unidos ni ha logrado anular varias decisiones antiinmigrantes

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Ni un año le duró el gusto al presidente de Estados Unidos, Joe Biden, hace unos días recibió un revés brutal en las elecciones de Virginia para las aspiraciones del Partido Demócrata, en su intención de mantener el control de la Cámara baja y el Senado.

Falta un año para la elección de mitad de mandato (a celebrarse el 8 de noviembre de 2022), en la que se renovará un Congreso en el que los demócratas cuentan ahora con una exigua mayoría y los republicanos muestran síntomas de recuperación.

Solo el 43 por ciento de los estadounidenses respalda su gestión, frente al 51 por ciento que la desaprueba, según la media de las encuestas de Real Clear Politics. Esos porcentajes le convierten en el tercer Presidente más impopular de la historia moderna a estas alturas de mandato, sólo superado por Donald Trump.

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El mandatario no ha podido frenar la ola de migrantes que tratan de ingresar a Estados Unidos y mucho menos ha logrado anular varias decisiones antiinmigrantes que impuso su antecesor, quien entonces parece que tenía la razón respecto a su medidas extremas en contra de es ese fenómeno.

Por ganas no ha quedado, Biden ha buscado alianzas con el gobierno de México, por cierto, empeñado en su programa Sembrado Vida como la solución para frenar las hordas de inmigrantes que tratan de llegar a suelo estadounidense, más ahora, que la situación económica se tornó más precaria por las secuelas de la pandemia de Covid-19.

En los países del Triángulo Norte (Guatemala, El Salvador y Honduras) el apoyo tampoco ha sido el esperado, las caravanas migrantes siguen formándose sin ningún tipo de restricción al igual que su avance por toda esa zona, pese a las amenazas de restringir el presupuesto de Estados Unidos para esos países.

Ní el secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Alejandro Mayorkas, ni la vicepresidenta Kamala Harris, han podido hacer mucho por solucionar esa crisis, todo eso ha provocado que el gobierno de Biden comience a desinflarse antes de cumplir su primer año en la Casa Blanca.

No es el único problema que enfrena Biden, la salida de Afganistán pactada por su antecesor Donald Trump, resultó un dardo envenenado para su gestión, antes de que terminara de salir el último soldado estadounidense de Kabul, los talibanes ya estaban tomando el poder y con ello echaron por la borda 20 años de preparar a un nuevo gobierno.

La verdad es que lo de Afganistán es un fracaso no sólo de Trump y de Biden, todos los presidentes que gobernaron EU después de George W. Bush tienen un grado de culpabilidad en ese otro revés de Washington para democratizar a un país.

Cuando Biden llegó al poder, de inmediato enmendó la política ambiental de Estados Unidos con una precumbre que supuestamente planchaba los acuerdos para la COP26, que se celebra en Glasgow, pero la verdad es que los países más contaminantes (China, Rusia, Japón e India) no están dispuestos en el corto plazo a cambiar sus políticas en ese sentido.

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Más bien, decidieron no asistir a la cumbre y mandaron mensajes o en el mejor de los caso a sus emisarios, de manera indirecta esa acción se convirtió en otro fracaso para el liderazgo internacional que pretende asumir Biden, y que deja poco a poco la canciller alemana Angela Merkel.

La verdad, el futuro político del jefe de la Casa Blanca no es muy favorable y por consecuencia tampoco el de su partido, pero hay tiempo para enmendar la plana, el asunto es encontrar la clave para revertir posturas desafiantes como las que ha presentado México o los países del Triángulo Norte, habrá que esperar para saber si Biden ajusta su equipo o presiona más a sus vecinos.

También, hay que poner un ojo sobre cómo se comportará la economía con esta nueva reapertura de las fronteras a todos los vacunados en el mundo, una posible reactivación económica entre los países del T-MEC puede darle un nuevo impulso a la actual gestión, por su puesto, subsanando el problema del desabasto navideño.

Además, Biden está sufriendo también las consecuencias de esa división y paga el precio de la falta de acuerdo de los demócratas en el Congreso para aprobar sus propuestas estrellas: varios paquetes de gasto en servicios sociales, lucha contra el cambio climático e infraestructuras valorados en billones de dólares.

Con o sin el magnate, el Trumpismo está al asecho y el control de los demócratas pende de un hilo, Biden tiene un año para enderezar el barco y retomar el cause político que lo coloque en las preferencias de los estadounidense, de lo contrario tanto norteamericanos como el resto del mundo podríamos volver a padecer las incoherencias del líder republicano. ¿O usted qué cree?

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