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La Opinión

La herencia maldita de Donald Trump

Donald Trump convirtió a la Corte Suprema en conservadora, que decidió anular el derecho al aborto en Texas

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Si Estados Unidos pensaba que al salir Donald Trump de la Presidencia se terminaba la era del trumpismo y sus decisiones extremas, pues no es así, en el plano doméstico él fue quien convirtió a la Corte Suprema en conservadora, que decidió anular el derecho al aborto en Texas.

El principal afectado de esa herencia maldita ha sido el actual presidente de Estados Unidos, Joe Biden, quien hoy mismo padece uno tras otros de las decisiones que cimentó su antecesor y que haciendo honor a la verdad tienen en la lona a los demócratas y a su gente en el plano político. 

El daño a ese tipo de derechos ganados a través de muchos años de lucha en Estados Unidos, puede ser sólo el principio de una grave ola de retrocesos en esa materia y que puede afectar a una buena parte de la sociedad estadounidense. Por ejemplo, los derechos que han ganado los homosexuales, incluyen su aceptación en las fuerzas militares.

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O no se diga de los latinos, asiático o personas negras que son carne de cañón para muchos oficiales con tendencias racistas, en fin hay que ver que tan dañino resultan las decisiones tomadas por Trump.  

La Corte Suprema estadounidense, de mayoría conservadora, bajo el impulso de Donald Trump, propinó el mayor revés al derecho al aborto en 50 años, al negarse a bloquear una ley de Texas que prohíbe la interrupción del embarazo después de seis semanas.

Los opositores al aborto (conservadores) celebraron con bombo y platillo, en tanto el presidente demócrata Joe Biden arremetió contra la Corte y los grupos en favor del aborto prometían seguir luchando contra la llamada “Ley de Texas de los latidos del corazón”.

La normativa, en vigor desde el 1 de septiembre, prohíbe el aborto desde el momento en que se pueden detectar latidos del embrión, lo cual generalmente ocurre a las seis semanas, antes de que muchas mujeres sepan que están embarazadas. Y no hace excepciones por violación o incesto. 

“¡Es “una victoria rotunda para los pro-vida!”, tuiteó Dan Patrick, el vicegobernador republicano de Texas, el segundo estado más poblado de Estados Unidos.

El grupo antiaborto “Texas Right to Life” festejó el golpe al “fallo injusto de Roe v. Wade”, el histórico caso de la Corte Suprema de 1973 que consagró legalmente el derecho al aborto en Estados Unidos.

Joe Biden denunció el fallo 5-4 del máximo tribunal como “un asalto sin precedentes a los derechos constitucionales de la mujer” que “insulta el Estado de derecho”, pero también parece una nueva derrota par el mandatario propiciada pro la maldita herencia de su antecesor.

La vicepresidenta Kamala Harris anunció que el gobierno hará todo para impedir el regreso a los “abortos clandestinos”. “Usaremos todas las palancas de nuestra administración para defender el derecho al aborto seguro y legal, y para fortalecer ese derecho”.

La combativa Nancy Pelosi, presidenta demócrata de la Cámara de Representantes, fustigó una “decisión cobarde” de una Corte Suprema “radicalmente partidista”, y dijo que el Congreso podría abordar el tema. 

Cuando la Cámara baja retome las sesiones el 20 de septiembre, Pelosi advirtió que pondrá a consideración una iniciativa que “consagrará como ley la atención médica reproductiva para todas las mujeres en todo Estados Unidos”. 

En estos momentos el Presidente parece el político más débil de Estados Unidos, pues pese a que el clamor general de la sociedad estadounidense era sacar a las tropas de Afganistán y que Donald Trump acordó ese retiro, pues lo que parece una gran derrota militar de 20 años fue atribuida a Biden. 

Los medios de comunicación de derecha, como la muy popular cadena Fox News, impulsan desde ya una imagen de Biden, de 78 años, como incapaz de hacer frente a una crisis. Incluso medios generalmente más amigables como CNN se pusieron duros con el desempeño del presidente en Afganistán.

Hay más losa sobre Biden, el polémico programa conocido como “Quédate en México” puede volver a ver la luz. Un juez del Estado de Texas emitió hace tres semanas una orden para que la Casa Blanca restaure el Protocolo de Protección de Migrantes (MPP), una iniciativa lanzada durante el gobierno de Trump que obligaba a los solicitantes de asilo a esperar al sur de la frontera hasta que se resuelvan sus casos en las cortes estadounidenses.

La administración de Biden, que comenzó a desmantelar a principios de año, puede verse obligada a recular y volver a reinstalar esos procesos, desde que Donald Trump anunció la puesta en marcha de ese plan, se calcula que unas 60 mil personas han tramitado sus solicitudes fuera de territorio estadounidense.

A estas herencia maldita hay que sumarle la postura del expresidente a desdeñar la pandemia de Covid-19 y por consecuencia el rechazo al uso del cubrebocas a la vacunación, en resumen Estados Unidos es el país con más número de contagios y de muertos.

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Tampoco se puede dejar de señalar la postura del magnate republicano, para sacar a Estados Unidos del Acuerdo de París y dar manga ancha a la explotación de los combustibles fósiles, una serie de decisiones que hoy se manifiestan a través de fuertes lluvias e inundaciones por un lado y sequías extremas por el otro, ambas provocadas por los efectos del cambio climático.

El trabajo para revertir todos estos problemas no es poco para Biden y si no quiere que su partido en las elecciones de mediano término pierdan el control de la Cámara baja y la paridad en el Senado, entonces debe de redoblar esfuerzos extremos, lo contrario avizora un retorno casi inevitable del trumpismo. O ¿usted qué cree?