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El Extranjero

El suicidio, una opción que toman los opositores al gobierno de Nicaragua

Están por cumplirse dos años de protestas contra el gobierno de Daniel Ortega en Nicaragua, pero ahora se vive una crisis de suicidios entre los opositores

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Nicaragua, un país de Centroamérica sumido en un conflicto y enfrentamientos para derrocar del poder a Daniel Ortega, dejó ya más 562 muertos jóvenes y detonó una crisis de suicidios entre los opositores al régimen.

Los números no mienten, las últimas semanas Nicaragua ha registrado cinco suicidios de jóvenes, hay quienes lo ven como un efecto de la crisis sociopolítica, debido a que Ortega no está dispuesto de ceder el poder bajo ninguna circunstancia e inclusive lo ha defendido a costa de cientos de vidas.

La rebelión fue un fenómeno absolutamente impredecible. Antes del 18 de abril (de 2018) el régimen de Ortega no era sostenible, porque estaba fundado en una excesiva centralización del poder, en una excesiva corrupción y en una alianza con el gran capital y empresarial.

Hoy en día, Nicaragua ya no registra las grandes manifestaciones como hace 21 meses, los movimientos opositores de jóvenes siguen vivos, pero también perseguidos por una dictadura que los quiere eliminar, ahí hay un punto de quiebre donde entran los suicidios como una opción radical.

Hace dos semanas una joven universitaria, quien había sobrevivido a un ataque armado del gobierno, se quitó la vida. Otro estudiante opositor tomó la misma decisión en el norte del país. Un obrero nicaragüense se suicidó en PANAMÁ y una mujer fue rescatada justo antes de lanzarse de un puente en Managua.

La universitaria antes de quitarse la vida escribió en internet: “Yo no voy a participar de este circo ni me voy a quedar a aplaudir. Yo elijo preservar lo que queda de mi dignidad antes de que me siga siendo cercenada. Elijo la libertad”.

Otro caso se registró, el pasado 5 de enero de 2020, el líder indígena nicaragüense del movimiento Pri Lanka, Mark Rivas, fue encontrado muerto en una ciudad de la costa Caribe, víctima de un disparo, hay dos versiones sobre su muerte: la primera refiere a una discusión con una persona desconocida, y la segunda que se trató de un suicidio.

En 2018, año del estallido social contra el presidente Ortega, se registraron 355 casos, cerca de uno por día, más que los 318 de 2017, sin incluir un aparente subregistro, de acuerdo con el último reporte oficial sobre los suicidios en Nicaragua.

Según el Anuario de la Policía, las mujeres y hombres entre las edades de los 26 y 45 años son los que lideran la lista de suicidios, seguido por el segmento de 18 a 25 años.

En Nicaragua no solamente vive las consecuencias de la historia actual, también viene cargando una diversidad de traumas ocasionados por conflictos armados y no armados como miedos, divisiones, desde hace muchas décadas, y no es la primera dictadura que han vivido los nicaragüenses.

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El colectivo de psicólogas Sanar, creado por expertas anónimas para ayudar personas afectadas por la crisis, destaca en su sitio que las razones que han llevado al suicidio a tantas personas son diversas, desde personales, hasta familiares y la situación sociopolítica está entre ellas.

“En Nicaragua no solamente estamos viviendo las consecuencias de la historia actual, venimos cargando una diversidad de traumas ocasionados por conflictos armados y no armados, miedos, divisiones, desde hace muchas décadas, no es la primera dictadura que hemos vivido”, explica Sanar.

No hay que olvidar que el presidente Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, ordenaron ataques armados contra las protestas pacíficas y ejecuciones extrajudiciales contra opositores en 2018, que han dejado 562 muertos y cientos de desaparecidos, según organismos humanitarios locales e internacionales.

La dirigente opositora Ivania Álvarez cree que los suicidios en Nicaragua forman parte de lo que Estados Unidos ha identificado como la política de “exilio, cárcel o muerte”, contra opositores.

Álvarez dijo que “es un mensaje duro de parte de la dictadura, que está siendo brutal contra nosotros, no solo los suicidios, vemos los exiliados… cuando te dicen que te siguen, que te van a encarcelar, que te pueden asesinar, violar, el mensaje es: ándate”.

Ese fue el caso de un joven opositor que huyó al exilio para evitar la cárcel o la muerte, volvió con depresión y terminó quitándose la vida, según el Movimiento 19 de Abril, al que pertenecía.

Otros jóvenes han tenido que sobreponerse a vivir escondidas bajo el asedio de policía y militares, como el líder estudiantil Byron Estrada. “Sentirse que en todo momento te siguen, que te hablan, escuchar los portones cuando vienen (los custodios) en caso de haber estado en la cárcel, no poder dormir, muchísimas cosas que van más allá de solo agarrar una bandera y poder gritar”, agregó.

Ante el asedio Byron dijo en Facebook Live que “fue tanta mi desesperación ese día que estaban afuera (de casa), que yo me dije: yo prefiero ahorcarme aquí que salir a que me maten, porque va a ser súper más doloroso ver cómo hacen pedazos con uno”.

Según Sanar, que atiende situaciones de emergencias sufridas por víctimas directas de la crisis, estas suelen experimentar “mucha ansiedad, estrés, pérdida de apetito, insomnio o hipersomnio, pérdida de interés en ciertas cosas que antes les emocionaban o les causaban placer”, y recomiendan estar atentos a dichos síntomas.

Las especialistas también recomiendan “sentir la diversidad de emociones que nos genera vivir en esta sociedad, acoger esos sentimientos, hablar de ellos, y transformarlos cuando sintamos que es necesario”, mientras que a los menos afectados les sugieren ser empáticos, amigables y respetuosos con las víctimas.

Y algo más: “la esperanza”, según Estrada. “El proceso de la esperanza en tener unidad, que se ha perdido, ha sido uno de los motivos que también nos ha causado tristeza”, afirmó el universitario, quien ya no quiere ver al director  Ortega en el poder.

Sanar sostiene que “es necesario, como sociedad, trabajar todos los traumas y duelos que venimos cargando históricamente, y que hoy se hacen más evidentes y más vivos”.

“No es insólito que el índice de suicido tenga mucho que ver con el estado de situación. Yo podría decir cómo es la característica de la situación de Nicaragua, hay desempleo alto, hay precios de los bienes y servicios para la familia altos, y hay una situación de de persecución de parte de personas armadas y uniformadas, eso causa estrés y estados de animo graves”, dijo, por su parte, en una entrevista con el sitio la Voz de América, el sociólogo Cirilo Otero.

Para la opositora Álvarez, este es un asunto de salud pública que el gobierno se niega a atender, y una de las razones por las que Nicaragua necesita un cambio. No es sencillo establecer el impacto real de la crisis en una decisión suicida, especialmente en jóvenes que nunca han conocido otro gobierno que el sandinista y otra Nicaragua que no sea el segundo país más pobre de América.

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Ortega ejerció su primer mandato presidencial entre 1985 y 1990 para luego retomar la Presidencia, el 10 de enero de 2007. Es el mandatario latinoamericano que, actualmente,  más tiempo ha permanecido en el cargo, ya que en la actualidad transcurre su tercer periodo el cual debería de culminar en 2022.

En cualquier caso, los datos oficiales indican que cuando Ortega inició su segundo periodo seguido de gobierno, en 2012, Nicaragua registró 148 suicidios, y desde entonces la cantidad no dejó de crecer, hasta redondear casi uno por día.

El asunto es que la guerra de baja intensidad contra la oposición sigue tan fuerte como en las primeras semanas de las protestas, es por eso que el Senado de Florida, en Estados Unidos, aprobó una resolución en la que condena al gobierno de Ortega por la brutal represión contra los opositores, por alinearse con los regímenes de Cuba y Venezuela y atacar a periodistas y medios de comunicación de Nicaragua.

Decenas de jóvenes en Nicaragua no están encontrando otra salida a sus problemas y reclamos más que en el suicido, una medida radical que en algún momento de su vida también intento el poeta, periodista y diplomático nicaragüense Rubén Dario, al intentarse lanzar desde un balcón en La Habana, Cuba, de acuerdo con el historiador Constantino Popo.

Por: Alfonso López Orrante

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