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Guanajuato

El Charco del Ingenio es un paraíso de cactáceas en San Miguel de Allende

El jardín botánico ha logrado recuperar plantas que se creían oficialmente extintas como el maguey gigante

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Charco del Ingenio

A cinco minutos del centro de San Miguel de Allende se localiza el Charco del Ingenio, un jardín botánico con 29 años de existencia dedicado a la conservación y preservación de la naturaleza.

Esta área natural protegida de 67 hectáreas surgió a finales de los años ochenta gracias al trabajo y visión de un médico, un abogado, un profesor de primaria y otras personas del Valle del Maíz, quienes unieron fuerzas para crear un ecosistema natural que resistiera la dinámica turística extranjera que desde entonces se vislumbraba para el municipio.

Cobertura 360 platicó con Mario Arturo Hernández Peña, director general del Charco del Ingenio desde hace 11 años, quien señaló que el predio donde se localiza el jardín botánico se adquirió porque era la última cañada sin urbanizar.

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Todas las demás cañadas que en algún momento eran significativas o emblemáticas por los escurrimientos de agua, motivo por el cual San Miguel florece en el semidesierto, se habían cubierto de asfalto.

Esta cañada cuenta con un manantial que los 365 días del año tiene agua brotando. Los sanmiguelenses se bañaban en ella o pasaban un rato tranquilo entre familia o amigos.

Por su valor natural y sentimental, la asociación civil encargada del Charco del Ingenio se dio a la tarea de proteger y conservar este espacio que a lo largo de 500 años se utilizó también para el pastoreo y la extracción de madera.

Un santuario para flora y fauna mexicana

El Charco del Ingenio contiene plantas de todo México. Actualmente cuenta con más de 500 especies de plantas mexicanas, principalmente suculentas (un tipo de cactácea), y 10 mil ejemplares. “Hoy en día somos la colección de suculentas más grande e importante del país“, dice Mario Arturo Hernández.

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El jardín botánico además sirve para la conservación de fauna. Durante las noches, las cámaras especiales del equipo de investigación han observado coyotes, mapaches, liebres, zorros grises, gatos monteses y una gran cantidad de aves y reptiles. “Esto es satisfactorio porque hay condiciones para que estas especies se reproduzcan en su hábitat natural sin que sean depredados por el ser humano”, destaca el director del Charco del Ingenio.

Y agrega: “Si queremos que nuestras futuras generaciones tengan aire puro que respirar, requerimos atender los recursos naturales que nos generan una gran cantidad de servicios ambientales y que no valoramos porque el modelo económico con el que hemos crecido estos últimos 30 años nos ha enseñado a transformar este tipo de lugares para generar dinero”.

La organización ha obtenido diversos premios y reconocimientos.  Es miembro de la Asociación Mexicana de Jardines Botánicos y de la organización Botanic Garden Conservation International.  Participa además en la Estrategia Global de los Jardines Botánicos para la Conservación, auspiciada por la ONU y está registrado ante la SEMARNAT como Unidad de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre (UMA).

Zona de paz y de vida

En 2004, el Charco del Ingenio fue consagrado como Zona de Paz por el Dalai Lama, líder del pueblo tibetano y Premio Nobel de la Paz, durante su visita a México. Fueron cinco las zonas de paz declaradas en distintos puntos del país. Se trata de espacios libres de violencia y de armas, dedicados a la conservación de la naturaleza y al desarrollo comunitario.

Además, el jardín botánico tiene convenios con universidades para que sus estudiantes realicen investigación y vean lo que se ha logrado durante estos 29 años.

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La presencia del Charco del Ingenio se torna más importante ahora que en México hay un mercado negro de extracción de suculentas de varios tipos, lo que ha puesto a varias especies al borde de la extinción, dice Mario Arturo.

Un ejemplo es el maguey gigante que crece a manera de árbol, llamado falso maguey. De acuerdo con la norma 059 de Semarnat, esta planta originaria de Oaxaca está extinta en su hábitat. Sin embargo, el Charco logró hacer germinar la semilla y obtener alrededor de 700 plantas en condiciones de ser trasplantadas.

Las plantas se entregaron al jardín neobotánico de Santo Domingo, en Oaxaca, para introducirlas en su hábitat y protegerlas hasta que se reproduzcan en unos cuantos años.

Por Andrés Téllez Ramírez