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La Opinión

Brasil entra al precipicio sanitario por la incredulidad al Covid-19 de Jair Bolsonaro

Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, prefirió mantener la actividad economía, a pesar de las advertencias de sus ministros de Salud sobre el Covid-19

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Brasil entra al precipicio sanitario por la incredulidad al Covid-19 de Jair Bolsonaro
Brasil ha tenido dos ministros de Salud en plena crisis de Covid-19.

La estrategia del presidente de Brasil, Jair Bolsonaro está llevando a su país a un precipicio sanitario sin precedentes en su historia, en sólo unos cuantos días se convirtió en la segunda nación del mundo más contagiada de coronavirus (Covid-19) y, por si fuera poco, ha corrido a dos ministros de Salud, contrarios a su forma de enfrentar esta contingencia.

La prioridad de Jair Bolsonaro –quien por cierto carece partido político– fue para frenar la economía e ignorar mediáticamente las recomendaciones de confinamiento de su exministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta.

Mandetta, destituido del ministerio de Salud en abril de 2020, dijo en una entrevista con la Folha de Sao Paulo que el mandatario estaba advertido de la “gravedad de la pandemia” de Covid-19.

El ministro de Salud le hizo saber a Jair Bolsonaro que “le sorprendería el número de muertos” que podría dejar el paso del Covid-19 por Brasil, pero el mandatario hizo oídos sordos, mejor los gobiernos locales decidieron tomar sus propias medidas, 26 de los 27 gobernadores dijeron que seguirán fieles a las recomendaciones de la Organización Mundial de Salud (OMS).

Jair Bolsonaro fue más allá, durante varios fines de semana se le ha visto participar en manifestaciones a su favor, que buscan presionar al Congreso para que aprueba algunas reformas para darle un nuevo impulso a la economía de Brasil.

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También, el presidente de Brasil se ha mostrado en la calle si ningún protocolo de prevención ignorando totalmente la pandemia. Más del 80 por ciento de los brasileños apoyan el aislamiento.

El mandatario de la economía más importante de América Latina ha intentado minimizar la pandemia, la cual la considera como una “gripita”. Aunque si presiona para que el poder legislativo apruebe el uso de la hidroxicloroquina para enfrentar el nuevo coronavirus. Ese medicamento se utiliza para atender a los enfermos de lupus y que combinado con algunos otras sustancias puede causar muerte súbita.

Luego de correr a Mandetta, llegó el turno del doctor Nelson Teich, un reconocido oncólogo en Brasil, tomó el timón de lucha contra el Covid-19, bajo la advertencia de que no se podía paralizar la economía brasileña, pero antes de un mes se dio cuenta que dicha condición era prácticamente imposible y decidió bajarse del barco.

El asunto es que a medida que Brasil emerge como el nuevo epicentro mundial del coronavirus, con más de 360 mil contagios y más de 22 mil muertos, Jair Bolsonaro refuerza el rumbo de colisión y enfrentamiento con la ciencia y prefiere seguir adelante con su postura, incluso ha dicho que es inevitable que la gente muera por Covid-19.

Una de sus decisiones más cuestionadas fue eximir de la cuarentena a los cultos religiosos y casas de venta de lotería. El vicepresidente, el general Hamilton Mourão, gobernadores, alcaldes, instituciones médicas y hasta una parte de la cúpula militar de Brasil marcan cada vez más distancia con la conducta de Jair Bolsonaro ante la crisis.

Incluso entre los propios conservadores que lo llevaron al poder, ya se baraja la posibilidad de llevarlo a un juicio político o impeachment, como sucedió con su antecesora Dilma Rousseff, quien en buena medida perdió el cargo por el fuerte cabildeo de Jair Bolsonaro, pero no hay que olvidar que el que a “hierro mata a hierro muere”.

Al menos siete peticiones de juicio político han sido registradas en la Cámara de Diputados, con todo, aún no hay un una base sólida política capaz de impulsar esto, al menos por el momento.

“No hay motivo de impeachment”, sentenció el presidente de la Cámara, Rodrigo Maia, que es quien tiene el poder legal de hacer un pedido de destitución en el Parlamento.

Ha perdido apoyos significativos, como el de Ronaldo Caiado, gobernador del Estado de Goiás, fue uno de los principales resplados que tuvo Bolsonaro durante la campaña electoral, sin embargo, lo atacó con dureza: “No puedo admitir que un Presidente se lave las manos y responsabilice a otras personas por la quiebra de la economía y de los empleos.

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Hay otro sector de la sociedad sólo busca que renuncie al cargo, por su ineficacia en varios rubros, por ejemplo, en su reacción a los incendios de la Amazonia o de los altos niveles de corrupción que prometió combatir, pero que ahí siguen haciéndose más fuertes en el país sudamericano.

Por si los reclamos y cuestionamientos de la clase política no fueran suficientes, Bolsonaro también tuvo que escuchar las quejas del poder económico.

El presidente de Itaú, el mayor banco brasileño, Candido Bracher, dijo que echaba de menos a un administrador de crisis en el Ejecutivo, “a alguien que coordine todos los esfuerzos del Gobierno y pueda administrar el variado arsenal de medidas para combatir la crisis”, una señalamiento lapidario.

Hay otro problema que tiene arrinconado al Presidente brasileño, y es bastante gordo, el conflicto con su exministro de Justicia, el exjuez Sergio Moro (famoso por el caso Lava Jato), después de que Bolsonaro corriera a Maurício Valeixo, jefe de la Policía Federal, él también renunció.

Cabe hacer hincapié en que Moro fue el juez que mandó a prisión a Luiz Inácio Lula da Silva y que como premio a su logro, Jair Bolsonaro le dio el Ministerio de Justicia, pero ya se lo regresó.

Valeixo era uno de los comisarios de la causa Lava Jato y hombre de confianza de Moro, el asunto está en que la Policía de Río de Janeiro abrió hace meses una investigación para averiguar si uno de los hijos del presidente, el senador Flávio Bolsonaro, incurrió en un delito de blanqueo de dinero cuando ocupó el cargo de diputado en la Asamblea Legislativa de ese estado entre 2003 y 2019.

La moneda ya está echada, ahora sólo falta ver quién es más resistente si la pandemia del coronavirus o Bolsonaro, todo dependerá como se enfrente a ambos, pero la verdad es que mientras el Covid-19 se ve más fuerte cada día, el mandatario se comienza a desinflar políticamente. Creo que no habrá que esperar mucho.

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