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Sonora

Sinaloa registra resultados positivos en producción de maíz con prácticas agroecológicas

Se logró la producción de maíz libre de agroquímicos y glifosato, con altos rendimientos y bajos costos en comparación con la agricultura dependiente de insumos comerciales

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CULIACÁN, Sinaloa.  Gracias a que la agricultura de Sinaloa está en una transición agroecológica,  se tienen resultados positivos en producción comercial de maíz, sin dejar de lado la importancia de reducir el uso de agroquímicos, encarecidos debido a la crisis entre Rusia y Ucrania.

Al visitar predios de producción de semillas, lixiviados y maíz en el ejido Canán, el subsecretario de Autosuficiencia Alimentaria de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader), Víctor Suárez Carrera, destacó la importancia de reducir la dependencia de agroquímicos, pues la crisis Rusia-Ucrania encarece los fertilizantes, lo que ha movido a empresas a explorar la agroecología.

En esa visita a los predios del productor Claudio Beltrán, se constataron las prácticas de producción de semillas para autoconsumo y el uso de microorganismos y lixiviados para la producción comercial de maíz en 600 hectáreas con propósitos comerciales.

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Claudio Beltrán explicó que el ciclo otoño/invierno 2021-22 es el tercero en el que desarrolla prácticas agroecológicas y ha logrado rentabilidad.

Precisó que realiza la producción de su semilla para el consumo en sus 600 hectáreas de riego, lo que le representa un costo de mil 500 pesos por hectárea (con uso de 1.8 bolsas de 23 o 25 kilos de semilla seleccionada y tratada) y contrasta con los nueve mil pesos o más que invertiría si empleara semillas híbridas procedentes de empresas trasnacionales.

Mencionó que tiene costos por realización de rastreos para incorporar soca de maíz y los que se deben hacer después de lluvias; también aplicación de amoniaco como base de sus fertilizantes orgánicos, que son 22 litros de microbiología y 300 kilos de silicio por hectárea, y tres riegos que involucran lixiviado de estiércol de vaca.

Con estas prácticas agroecológicas, el productor tiene costos de 33 mil 109 pesos por hectárea, esto es 15 mil 471 pesos menos respecto del costo de producir maíz en la zona con uso de semillas híbridas de marca, fertilizantes y herbicidas químicos, como el glifosato, aunque las cifras no incluyen renta de la tierra.

Según datos de la cosecha de otoño/invierno 2020-21, el rendimiento de maíz por hectárea es de 14.8 toneladas, cifra superior a las 11 toneladas que se registran en la zona con agricultura dependiente de agroquímicos.

Claudio Beltrán destacó que cuenta con una biofábrica para producir los 18 microorganismos que utiliza para nutrir sus suelos y también tiene su propio módulo de producción de lixiviados, los cuales se elaboran con estiércol de vaca, agua, soca de maíz y un bioactivador (BioGeo, su marca comercial) que libera los minerales presentes y permite la oxigenación.

Indicó que su módulo de lixiviados, que da cabida a 125 toneladas de estiércol, representa un costo de 250 mil pesos, incluida la hechura de fosas, mangueras, el bioactivador, el acarreo del estiércol y la mano de obra, y sirve para las 600 hectáreas de maíz. El lixiviado entra a la tierra incorporado en los tres riegos que ha recibido el actual cultivo.

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Suárez Carrera consideró que “si más agricultores se deciden a producir sus semillas para autoconsumo y lixiviados y microorganismos, reducirán significativamente sus costos de producción. El problema del modelo predominante de agricultura (dependiente de agroquímicos y demás insumos como la semilla) es que las ganancias se quedan en los proveedores de los insumos”.

Cada año, apuntó, la semilla y los agroquímicos suben de precio y cada vez más agricultores tienen que rentar sus tierras y se reduce el número con mucha superficie. “No queremos eso, queremos un campo sinaloense próspero, con muchos productores de pequeña y mediana escala que se beneficien, al igual que sus familias y comunidades”.

Advirtió que la producción agroecológica “es más exigente en trabajo, conocimientos científicos y dedicación. Es más complicado que sólo ir a la tienda y comprar, ordenar y luego contratar a quien siembre, fumigue y coseche”.

Pero, “la agroecología retribuye en el bolsillo y, sobre todo, en la salud de los consumidores y en la de los suelos para que puedan estar produciendo hoy y los próximos 20, 50 o 100 años, porque si estamos heredando unas tierras de cultivo de las cuales hemos vivido, ni modo que dejemos a las generaciones futuras tierras envenenadas y muertas”, indicó.

El funcionario federal destacó la importancia de que tanto los agricultores como el país cuenten con productos que ayuden a reducir la dependencia de los agroquímicos.

Dado el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania, los fertilizantes se han encarecido y aunque termine la guerra los precios no van a bajar. Por ello, hay empresas extranjeras líderes de formulación de agroquímicos o de producción agropecuaria están dedicando inversiones en la elaboración de abonos orgánicos, para contrarrestar esta situación, agregó.

A su vez, el secretario de Agricultura de Sinaloa, Jaime Montes, resaltó la colaboración que existe entre las autoridades federales y estatales para impulsar la agricultura de Sinaloa.

Se busca apoyar a los productores de manera diferenciada, pues hay quienes tienen alto grado de desarrollo tecnológico y otros que son dependientes de temporal y a la vez resguardan los maíces nativos. Pero en todos los casos hablamos de agricultura de precisión; la agroecología se basa en ciencia, afirmó.

Una de las técnicas agroecológicas de la Estrategia de Acompañamiento Técnico de Producción para el Bienestar, basada en Sinaloa, Valeria Gómez Pérez, indicó que además de apoyar procesos como los de Claudio Beltrán, la EAT trabaja con productores de temporal y de autoconsumo, quienes antes eran ignorados por las políticas públicas.

La EAT, dijo, realizó una colecta de 300 poblaciones de maíces nativos, de las que eligió los 32 más sobresalientes en rendimiento.

Actualmente, agregó, se les somete a dos ambientes (en Angostura y en un campo experimental en Culiacán de la Facultad de Agronomía de la Universidad Autónoma de Sinaloa (FA-UAS) para ver las potencialidades para someterlos a mejoramiento y que los productores puedan aprovecharlos.

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