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La Opinión

El regreso triunfal de Evo Morales a Bolivia

Evo Morales necesitó de 11 meses para tomar las riendas de Bolivia y le inyectó una buena dosis de impulso a los gobiernos de izquierda en América Latina

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Evo Morales trabajó para hacer presidente de Bolivia a Luis Alberto Arce.

Hace una semana Evo Morales dio una muestra de que tiene poder en Bolivia y América Latina, ya que dirigió desde Argentina la campaña electoral de su partido el Movimiento Al Socialismo (MAS) para llevar a la presidencia a Luis Alberto Arce, quien representa la llave de regreso a sus terruños.

Sólo necesitó de 11 meses para tomar las riendas de Bolivia y de paso le inyectó una buena dosis de impulso a los gobiernos de izquierda en América Latina que no las han tenido todas consigo, especialmente su compadre venezolano,  Nicolás Maduro y el nicaragüense Daniel Ortega. Ambos presidentes son dos pájaros de cuenta en el abuso de los derechos humanos.

El ex mandatario de Bolivia hizo lo posible y hasta lo imposible por mantenerse en el poder: Reformó la Constitución para contender, luego llamó a un referendo en 2016 que perdió, y por último el 28 de noviembre de 2017, el Tribunal Constitucional Plurinacional por decisión unánime habilitó la repostulación del presidente indígena.

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En 2019 después de la elección y de varios días de choques violentos por los resultados, Evo Morales con toda la experiencia acumulada de 14 años en una silla presidencial salió de Bolivia para “evitar un baño de sangre”.

Los resultados que lo daban como ganador parecía un fraude electoral, según la oposición, quien dio posteriormente un golpe de Estado bajo el auspicio de la organización de los Estados Americanos (AEO).

Evo Morales viajó a México en calidad de amigo y asilado el 13 de noviembre de 2019. En cuanto bajó del avión dijo: “Mientras tenga vida sigue la lucha” y no mentía en absoluto. 

Aunque hay que acotar que nunca se sintió cómodo en suelo mexicano y el 12 de diciembre de 2019 apareció en Argentina.

Evo Morales fue invitado el 10 de noviembre de 2019 por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador no sólo como un asilado, sino como un amigo del gobierno mexicano, de similar tendencia política. 

El canciller, Marcelo Ebrard lo recibió tan pronto se bajó del avión con trasmisiones en vivo de la prensa y la presencia de algunos simpatizantes.

El gobierno mexicano acogió sin reparos la teoría del golpe de Estado en Bolivia, en un giro inesperado de su política exterior y en contradicción de gobiernos como Estados Unidos y Brasil.

Tras llegar en diciembre de 2019 a Argentina, el gobierno de Alberto Fernández le puso como condición para ser asilado que no hiciera declaraciones políticas, nada más falso que eso, pues de inmediato se puso a reorganizar a su partido MAS y, sin más ni más le volvió arrebatar el poder a la derecha boliviana.

El contundente triunfo de Arce no le permitió reaccionar a la presidenta de derecha Jeanine Áñez, quien destapó su aspiración de contender por la presidencia. Pero desistió y los grupos de derecha en Bolivia prefirieron esconderse, pues el futuro próximo no les pinta nada bien.

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Uno que seguro está en la lista negra de Evo Morales se llama Luis Fernando Camacho, era un nombre desconocido antes de las elecciones en Bolivia del 20 de octubre de 2019 y se volvió en el gran protagonista del movimiento en el golpe de Estado.

Este empresario ultraconservador de 40 años encabezó las protestas y exigió la dimisión del líder indígena, Evo Morales, a pesar de que no se presentó para competir por ningún cargo político en Bolivia. 

Luis Fernando Camacho dice que no hace política, pero entró a la sede del Ejecutivo en La Paz antes de la dimisión de Evo Morales y dijo que “la Biblia volverá al Palacio de Gobierno”, mientras dejaba ahí una copia del libro sagrado.

Evo Morales, que se mantuvo 14 años en el poder, es uno de los líderes más reconocidos de la izquierda latinoamericana, motivo por el cual en 2008 la revista Time lo nombró una de las 100 personas más poderosas del mundo.

Durante su gestión, Bolivia fue uno de los países con mayor crecimiento económico en Sudamérica, pues tuvo un PIB del 5 por ciento anual. Tal tasa de crecimiento le valió el mote de “el milagro económico boliviano”, que en buena medida tiene que ver con el trabajo del hoy presidente electo Luis Arce.

La pobreza extrema en Bolivia disminuyó de 36.7 por ciento a 16.8 por ciento entre 2005 y 2015. En buena medida esos números son la semilla del poder político que tiene Evo Morales, un político que cuando ganó su primer mandato se convirtió en todo un ícono mundial y luego ganó más relevancia al darle mucho impulso a la industria del litio, el gas y defender el uso de la hoja de coca.

También, se convirtió en un personaje de altos vuelos al plantarle cara a Estados Unidos, en 2008, expulsó al embajador estadounidense de Bolivia, Philip Goldberg, por supuestamente instigar protestas en contra de su gobierno.

Para poner un colofón a su retorno triunfal, el año pasado Evo Morales se sumó al Grupo Puebla, que festejó con bombo y platillo el triunfo de Arce e inevitablemente le da más fuerza a esta unión de políticos que se hacen llamar progresistas. 

Ahora hay que ver cómo recibe el nuevo presidente a su mentor político cuando regrese de Buenos Aires, no se vaya a llevar una sorpresa el poderoso Evo. ¡No lo creo!

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