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La Opinión

A Jair Bolsonaro lo traiciona su gestión

Se reconoció a Jair Bolsonaro como el Trump brasileño, por su forma de hacer gobierno y por su propuestas políticas

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Estamos a menos de un mes de las elecciones presidenciales en Brasil, 2 de octubre, los contendientes tienen propuestas completamente opuestas, pero si hoy fuera el día de la votación el izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva se llevaría el triunfo sobre el actual presidente de ultraderecha Jair Bolsonaro, quien busca su reelección a toda costa, pero se le olvidan unos cuantos detallitos de su gestión.

En su momento, se reconoció a Jair Bolsonaro como el Trump brasileño, por su forma de hacer gobierno y por su propuestas políticas, cuando estalló la pandemia el actual mandatario se negaba rotundamente a los confinamientos, porque argumentaba que eso reventaría la economía brasileña.

Eso le costó la remoción de varios ministros de Salud, a lo que corrió por no coincidir con su plan antipandemia, que por cierto no había tal, el resultado de esta postura fue que Brasil se convirtió en uno de los países con mayor número de contagios, no sólo en el continente americano, sino en todo en todo el mundo y obligó a que los gobernadores de los principales estados brasileños tomaron sus propias medidas.

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Hace exactamente un año, una comisión del Senado brasileño publicó un extenso documento con las conclusiones de su investigación sobre los posibles delitos cometidos por el gobierno de Bolsonaro en la gestión de la pandemia de Covid-19 en Brasil, nación que tiene la segunda cifra más alta de muertes por coronavirus después de Estados Unidos.

El informe acusa al gobierno de exponer deliberadamente a los brasileños a la infección al actuar con lentitud. También lo señala de haber minimizado el beneficio de las vacunas, prefiriendo en cambio una estrategia de alto riesgo destinada a crear inmunidad colectiva para mantener la economía en marcha.
Entre las personas nombradas se encuentran ministros, exministros, y políticos, entre ellos tres hijos de Bolsonaro.

Se le acusa a la gestión de Bolsonarode prevaricación, malversación, falsificación de documentos públicos, uso irregular de dinero público y atentados contra la dignidad del cargo. El documento es el resultado de más de seis meses de trabajo, cientos de horas de testimonios y miles de documentos que intentan esclarecer la respuesta del gobierno brasileño a la epidemia de Covid-19. Hoy ese informe y acusación lo tienen en la lona electoral.

El actual mandatario también tiene sobre sus hombros una política poco favorable a la protección de la Amazonía, por el contrario ha autorizado la tala y deforestación de manera alarmante al grado de que entre agosto de 2020 y julio de 2021, esa zona perdió perdió 13 mil 235 kilómetros cuadrados de cobertura vegetal, la mayor área degradada para un período de 12 meses en los últimos 15 años y un 21.97% superior a la de 2020.

La Amazonía contiene grandes cantidades de carbono que se liberan a medida que se destruye la vegetación, calentando la atmósfera e impulsando el cambio climático. Esta enorme parcela de tierra, ahora en riesgo, supone el 59% del suelo brasileño.

El asunto es que Bolsonaro es el blanco de muchas críticas internacionales por sus políticas medioambientales, socavando las protecciones ambientales que, según él, son un obstáculo para el desarrollo económico. Desde que asumió el cargo presidencial en enero de 2019, las cifras de deforestación de la Amazonía no han hecho sino aumentar.

Desde que asumió la Presidencia brasileña en el primer día de 2019, el ultraderechista firmó más de 40 decretos –al puro estilo de Trump–, autorizando a la población civil a adquirir armas, incluso las que antes estaban restringidas a la Policía Militar y a las fuerzas armadas. Con eso, el mercado de armas y municiones del país experimentó un auge jamás alcanzado.

Acorde con estudios de instituciones de investigación y de universidades, hasta junio pasado Brasil registró una compra promedio diaria de mil 300 armas. Con ello, los llamados CAC (clubes de tiradores, cazadores y coleccionistas) superan holgadamente el número de armas de la Policía Militar en toda la nación.

A todo lo anterior hay que sumar su postura electoral, una vez más parecida a la estrategia del expresidente republicano estadounidense, en más de una ocasión ha arremetido contra la justicia electoral, acusada de no querer transparencia en la elección presidencial, y cuestionó sin pruebas la supuesta vulnerabilidad de las urnas electrónicas en una reunión con embajadores en Brasilia.

Bolsonaro no entregó pruebas de que se podría producir un fraude, pero aludió al ingreso de un hacker al sistema de votación electrónica durante las elecciones que ganó en 2018, un hecho que según la Policía no comprometió de manera alguna el resultado en las urnas.

El Presidente propone que se debería llamar al Ejército brasileño para ayudar a garantizar la transparencia en las elecciones del 2 de octubre. El líder de extrema derecha ha presionado a las autoridades electorales para que acepten un conteo de votos paralelo a cargo de las fuerzas armadas, que se han mostrado reticentes y descartan cualquier intervención. ¿Será que ya siente que por el voto popular no va a ganar?

Hace unos días durante el funeral de la reina Isabel II, el mandatario dijo en Londres que si alcanzaba menos del 60% de los votos es porque algo anormal ocurrirá en el Tribunal Superior Electoral teniendo en cuenta la cantidad de gente va a mis eventos y cómo soy recibido a todos los lugares as lo que voy.

Bolsonaro se enfrenta hoy a él mismo y sus errores, eso le puede cobrar la factura electoral. No es que de Lula no tenga nada que decirse, pero ya platicaremos del favorito en las encuestas, es un político que regresa al poder, pero que ya estuvo en prisión. O usted ¿qué cree?

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