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Con whisky o tequila, José Alfredo Jiménez escribía sobre una barra la letra de sus canciones

Paloma Jiménez, hija del cantautor, recuerda cómo escribía sus canciones su padre

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Foto: Cuartoscuro

José Alfredo Jiménez tenía en su casa una pequeña barra diseñada por Antonio Romero. Sobre ella ponía un cuadernillo, tomaba su pluma y comenzaba a escribir algunas canciones mientras se tomaba un trago de whisky o tequila.

“No tan seguido como piensa la gente”, recuerda Paloma Jiménez, su hija. “Le gustaba beber más whisky y lo diluía con agua, tampoco es que se lo bebiera completo”.

El 23 de noviembre se cumplirán 48 años desde que José Alfredo Jiménez murió a causa de una cirrosis hepática; un año más de lo que él vivió.

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Como es usual, se celebrará en Dolores Hidalgo, Guanajuato, el Festival Internacional José Alfredo Jiménez, que este año tendrá como acto estelar a Shaila Dúrcal, además de una serie de actividades como un videomapping con imágenes y música del compositor.

Algunas de esas canciones que lo convirtieron en leyenda nacieron en ese particular mueble que se encuentra en una habitación repleta de reconocimientos, trofeos y placas conmemorativas que reconocen el trabajo de José Alfredo como compositor. Son tantos que cubren las cuatro paredes, los libreros y los muebles adaptados para ponerlos.

A mi padre le gustaba mucho sentarse a escribir sus canciones o los proyectos que quería hacer. Y aquí era donde se hacían todas las reuniones, porque no se sentaban en la sala; muchas veces se juntaban alrededor de la barra. Tengo la memoria de que en una esquina se paraba Lola Beltrán, mi papá en la otra y se ponían a cantar”, cuenta Paloma.

Fue en esa pequeña cantinita donde el compositor creó canciones como Arrullo de Dios. “Nos la escribió a mi hermano y a mí. Tengo muy claro eso porque arriba había un tragaluz por donde decía que pasaban el Sol y la Luna y escribió Esta casa la compro sin fortuna / Esta casa la compro con amor / Pa’ que jueguen mis hijos con la luna / Pa’ que jueguen mis hijos con el sol”, rememora.

Compañera fue otro de los muchos temas que José Alfredo compuso en ese pequeño espacio donde “se pasaba las noches sentado. Y al día siguiente nos decía ‘tengo esta canción, esta otra canción’. Se pasaba mucho tiempo de pie, a veces jalaba un banquito y se sentaba, se tomaba un café o fumaba un cigarro Raleigh, que eran los que se usaban”.

Desde unas escaleras al exterior que daban hacia la habitación donde se encontraba esta cantina, Paloma, su hermano José Alfredo Jr. y los amiguitos que se juntaban cuando eran niños, escuchaban las composiciones y las discusiones de su padre con sus invitados.

“Los niños nos tirábamos de panza para escuchar lo que estaban cantando. Porque entonces uno le decía al otro: ‘A ver, escribí esta canción, ¿qué opinas?’ Entre ellos mismos se daban opiniones y críticas para enriquecerlas y estimularse. A veces venía el maestro José Ángel Ferrusquilla o Cuco Sánchez”.

Si un recuerdo tiene Paloma Jiménez de su padre es la estrecha relación que el músico tenía con su esposa, Paloma Gálvez, y su hermano, en particular los domingos que se hacía la tradicional visita a la Basílica de Guadalupe.

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“A él le gustaba irle a agradecer a la Virgen los domingos que estaba en la Ciudad de México. Nos llevaba a observar la danza de los matachines, nos compraba las gorditas de La Villa. Y eso se volvía en un paseo dominical”.

En épocas como las del Día de Muertos compraba muchos dulces para dárselo a los niños que encontraba en la calle. “Cuando ellos le pedían calaverita mi papá les agarraba la cabeza y les decía ‘aquí la traes, aquí la traes’, en tono burlón”, recuerda Paloma.

Eso sí, afirma, “mi papá nunca nos llevaba a la escuela, eso lo hacía mi mamá. Sólo una pequeña temporada donde ella se enfermó sí nos llevaba él”.

Eso ocurría porque José Alfredo terminaba sus jornadas diarias de trabajo a muy altas horas de la noche. “Lo veíamos en las mañanas cuando se levantaba a desayunar con nosotros porque a veces se desvelaba mucho por los shows que terminaban muy tarde. A veces hacían hasta dos o tres funciones en un mismo día”.

A José Alfredo le preocupaba el futuro de sus hijos y por eso los encaminó a seguir un rumbo distinto al de la música. “Yo no sabía qué quería estudiar, estaba cansada de las matemáticas y la química, pero en la adolescencia recuerdo que quise estudiar pintura porque además él decía que no hiciéramos nada de lo que hacía él ni sus colegas: ‘Es una carrera muy difícil y nunca van a ser tan buenos como yo’, decía, porque sabía lo que escribía”.

José Alfredo Jiménez era eso, un hombre de familia. “Una de las cosas que más le interesaba era hablar con nosotros. Nunca nos regañaba, siempre nos hacía entender por qué las cosas tenían que ser de cierta manera y eso nos levantó un sentimiento de responsabilidad”.

Desde hace más de una década, Paloma Jiménez ha aprovechado sus estudios en Letras Modernas para analizar las canciones de su padre. Su objetivo fue crear el libro Cuando te hablen de amor y de ilusiones, en el que explora las diversas temáticas en los temas de José Alfredo.

“Llevo prácticamente desde que decidí estudiar la carrera de Ciencias Humanas, mi objetivo era desde la literatura hacer un análisis de sus letras. Ahí hago un análisis lírico y sobre la cosmovisión de sus letras, porque creo que siempre hay un sujeto lírico dentro de estos poemas cantados”.

Paloma, doctora en Letras, explica que el compositor tenía diversas constantes implícitas en sus canciones. “Una cosmovisión que se presenta de distintas maneras, rostros marcados en toda la etapa de su desarrollo”.

Hay uno que es muy evidente, que es el del sufrimiento y que marca en distintas canciones como Caminos de Guanajuato donde dice: “La vida no vale nada…”. Hay otra que es Sota de copas: “El mundo es una cantina / Tan grande como el dolor”.

En ese estudio, Paloma Jiménez encontró otras constantes sobre cómo refleja la imagen de la mujer. “La mujer divina. La mujer pandora que saca esa caja donde salen cosas malas. Y así se analizan distintos temas”.

Toda esta forma de interpretar el mundo sintetiza las vivencias del pueblo mexicano que escuchaba sus canciones, todas relacionadas con el amor: “Un mundo raro o Si nos dejan, porque cuando te enamoras te identificas y encuentras en estas canciones la forma de decir lo que sientes”.

“Para mí, mi padre representa un símbolo de la cultura nacional. Y que no por ser mexicano no se refleja en el extranjero, pues el que sea tan identitario de nuestro lugar hace que se proyecte más al extranjero”.

Desde hace un par de años, la familia de José Alfredo habló sobre la posibilidad de crear una serie de televisión que contara la vida del compositor. Y aunque en principio Disney estaba detrás del proyecto, será ahora HBO MAX quien esté a cargo de esta producción.

“La intención es que la haga HBO, aunque hay aún algunos ajustes. Es algo que se tiene que cocinar poco a poco, porque el propósito de la serie es que la imagen de José Alfredo Jiménez se refleje como un símbolo de la cultura nacional”.

La plataforma de streaming ya había anunciado previamente el proyecto Un mundo raro, cuya historia girará en torno a una joven de la época actual que por medio de un hechizo gitano cambia de cuerpo con José Alfredo. Cuando ambos se encuentran en una época distinta a la suya, tendrán que adaptarse y tomar decisiones con mucho cuidado para no afectar la realidad del otro.

El guion está en manos de Carlos Algara, quien ha desarrollado series biográficas como las de Blue Demon y José José, además de escribir otras historias como el misterio de Dani who? y el drama El Dragón: El regreso de un guerrero.

Hasta el momento no se contempla a algún actor para interpretar al compositor guanajuatense, pero los planes ya están en desarrollo, adelantó Paloma Jiménez.

Adolfo López | El Sol de México