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Mario Iván Martínez, el marchante regañón, publica libro sobre Van Gogh

Desde muy pequeño, Mario Iván Martínez se enamoró de los cuadros del artista holandés. Había réplicas de ellos en la casa de sus padres

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A ningún cliente le gusta que lo regañen. Pero al parecer esa era la regla si alguien decidía comprarle a Vincent van Gogh una obra de arte en la Casa Goupil de Bruselas. En 1847, el pintor holandés era un marchante de arte bastante intolerante. Cuando una persona elegía un cuadro, él inmediatamente los increpaba: “¿Por qué se quiere llevar algo así? ¡No tiene usted sentido de la estética!”.

La anécdota retrata el contorno de quién era el padre del postimpresionismo. Pero el fondo es mucho más complejo. Y mucho menos gracioso. Van Gogh, el hombre que departía en prostíbulos y bebía cantidades industriales de alcohol, escondía una personalidad iracunda que lo condujo a laberintos emocionales sin salida.

Todas estas estampas del artista incomprendido y maldito son, sin embargo, estereotipos alrededor de uno de los creadores más grandes en la historia de la humanidad. Fue por eso que el actor y dramaturgo mexicano Mario Iván Martínez se dio a la tarea de escribir Vincent. Girasoles contra el mundo (Reservoir Books), un libro que propone una mezcla atípica: una biografía y una obra de teatro.

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En entrevista con El Sol de México, el autor asegura que, para entender la vida de Vincent van Gogh, es necesario hurgar en el punto dramático de su vida. Y para ello no hay mejor camino que el teatro.

“Hay que verlo en toda su dimensión, con sus virtudes y sus flaquezas”, dice. “Hemos caído en el error de idealizarlo, cuando nuestra labor como narradores es reflejarlo en su aspecto más tridimensional. Porque podía ser un hombre difícil, belicoso, adicto al alcohol, prostibulario, contradictorio, pero también era un hombre profundamente sensible, reflexivo, trabajador incansable, culto y filósofo”.

No es la primera vez que Mario Iván Martínez interpreta a Vincent van Gogh arriba de un escenario. Pero la pandemia detuvo su temporada. Se le nota emocionado cuando se le pregunta sobre su regreso (aunque sea virtual) al teatro. El próximo19 de junio presentará su obra Van Gogh. Un girasol contra el mundo, que se transmitirá vía streaming a las 19:00 horas. Las entradas pueden conseguirse en boletia.com.

“Los actores estamos en la búsqueda constante de personajes como Van Gogh, sumamente ricos, tridimensionales, complejos, contradictorios. En una breve analogía, podría decir que soy un sastre. Todos los sastres sueñan con tener el casimir más fino para confeccionar el traje perfecto. Con Van Gogh me llegó un casimir finísimo. La pregunta es: ¿cómo y dónde debo cortar para llegar al mejor traje?”, dice el autor.

Desde muy pequeño, Mario Iván se enamoró de los cuadros del artista holandés. Había réplicas de ellos en la casa de sus padres. Se encandiló, sobre todo, con la pintura de el doctor Paul Gachet, que se dice que es un autorretrato. Sí, el personaje de ese cuadro es un hombre mayor, aunque hay que recordar que Van Gogh se veía mucho más grande debido a la agitada vida que llevaba.

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Pero fue hasta que tomó clases de pintura que se metió de lleno a la vida y la obra del holandés. Primero no le tomó mucha importancia: Mario Iván estaba más interesado en las técnicas de los renacentistas. Pero con el tiempo descubrió que Van Gogh era igual de grande que todos ellos. “Un adelantado a su tiempo”, asegura el actor, quien también se declara un pintor aficionado.

“Me enganché con su vida novelesca, sus adicciones, su locura, sus desencuentros amorosos y obviamente el evento de haberse cercenado la oreja tras su encontronazo con Gauguin. A los 20 años ya se sabía todo Shakespeare e incluso muere recitando parlamentos de Ricardo III. Era un hombre que desde muy joven ya se sabía de memoria la Biblia, todo Buda, Dickens, Daudet y Mallarmé”, observa.

Eduardo Bautista | El Sol de México

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