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El Extranjero

El Museo León Trosky en México guarda la memoria del exilio del revolucionario ruso

Este inmueble aloja fotografías, recortes de periódicos y algunos objetos personales de Trotsky y su esposa Natalia Sedova

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Foto: Museo Casa León Trotsky

El Museo León Trotsky, ubicado en la colonia Del Carmen, en el centro de la alcaldía Coyoacán de la Ciudad de México, recibe a diario al menos un centenar de visitantes, sobre todo extranjeros, quienes busca conocer los detalles del exilio de Lev Davidovich Bronstein desde su llegada a México en 1937 y hasta su muerte en 1940.

El líder revolucionario ruso llegó al país durante el gobierno de Lázaro Cárdenas, tras ser perseguido por José Stalin, luego de la revolución Bolchevique, y aquí encontró asilo político.

El Museo está justo en la casa donde pasó sus últimos días, en el número 410 de la avenida Río Churubusco, en el centro de Coyoacán; no obstante, el líder revolucionario habitó por algún tiempo en la Casa Azul, propiedad de los pintores Diego Rivera y Frida Kahlo, a pocas cuadras del sitio.

Este inmueble, declarado como monumento histórico el 24 de septiembre de 1982, posee fotografías, recortes de periódicos y algunos objetos personales de Trotsky y su esposa Natalia Sedova, además de exposiciones de artistas plásticos.

Fotografías con diversos personajes, artistas y revolucionarios de izquierda de la época, muestran a los visitantes el contexto histórico y su estrecha relación con el presidente de México, Lázaro Cárdenas, con quien intercambiaba correspondencia.

En medio de la sala principal del museo, se puede encontrar una línea del tiempo que detalla los momentos históricos, desde 1917 hasta la muerte de Trotsky, tanto de México como de su vida, junto a imágenes históricas y periódicos que informaban de su muerte.

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Los visitantes pueden ver las habitaciones donde León Trotsky habitó sus últimos días, hasta el atentado donde perdería la vida el 20 de agosto de 1940, en la misma posición donde los dejaría su dueño.

Una cocina sencilla, que pareciera una postal de los años 30 es el inicio del recorrido por las habitaciones del líder revolucionario ruso, con algunos trastes, estantes, alacena y la estufa, que transportan al visitante a las costumbres de la época.

En la habitación contigua, un largo comedor de color amarillo, hace juego con algunos muebles donde guardaban los objetos propios del lugar, ocho sillas perfectamente acomodadas guardan la historia de las visitas que recibían Trotsky y su esposa en aquellos años.

Más adelante, un enorme estante lleno de libros marca el inicio del estudio donde detalló los proyectos en los que trabajó durante su estadía en el país; una gran mesa, mapas del territorio nacional y una pequeña cama, conservan a detalle la organización que lo caracterizaba.

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A un lado, otra sencilla habitación de paredes amarillas con rojo, un pequeño sillón, algunos muebles y la cama donde el revolucionario pasaba las noches, detallan la tranquila vida que llevaba en este lugar.

El baño y vestidor, contiguo a las últimas dos habitaciones, conserva la tina y algunas prendas de vestir intactas, como si apenas hubieran pasado algunos días de que las dejaran de usar; zapatillas, abrigos y sombreros de la década de los 30 dan muestra de la forma de vestir de entonces.

Al final del estrecho corredor, limitado por un barandal de vidrio para evitar que los visitantes accedan hasta las pertenencias del líder revolucionario ruso, se encuentra lo que fuera la oficina de Lev Davidovich, una habitación bastante amplia, con varios escritorios y centenares de libros.

Una máquina de escribir, junto a una ventana amplia, algunas sillas y mesas completan la escena engalanada por una gran pintura; al final, una estrecha puerta lleva al jardín exterior, un lugar fresco y tranquilo donde los visitantes pueden tomar un descanso durante el recorrido.

En medio de este lugar, cuidado a detalle por el personal que trabaja en este museo, se encuentra la Estela Funeraria, diseñada por el arquitecto Juan O´gorman en honor al dueño de este inmueble, donde descansan las cenizas del líder revolucionario y su esposa, Natalia Sedova.

En los alrededores de los jardines, se encuentran las conejeras y gallineros donde León Trotsky cuidaba de varios de estos animalitos, a quienes consideraba muy importantes y a quienes les dedicaba al menos tres horas de su vida cada mañana.

En ese mismo jardín, se encuentra la casa de guardias, donde una exposición fotográfica detalla las vivencias de la familia Trotsky, su participación en la revolución bolchevique e incluso, el árbol genealógico.

Este museo, inaugurado el 21 de agosto de 1990, a 50 años del atentado que acabaría con la vida del líder revolucionario ruso, alberga también una sala de exposiciones temporales, un auditorio para 80 personas y una biblioteca que posee un acervo de más de seis mil libros sobre ciencias sociales, economía y política.

José Melton | La Prensa

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