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Melanio Zapata, el arte que emerge de la rabia y la invisibilidad

Melanio asegura que sus obras funcionan como un espejo de la institucionalidad.

Melanio asegura que sus obras funcionan como un espejo de la institucionalidad.
Foto: Nadya Murillo.

El arte alternativo, subliminal y disruptivo, puede ser para algunos, algo complicado de descifrar, pero para muchos, una forma de descubrir a creadores con un pensamiento que va más allá de la estética y lo recurrente de la técnica plástica.

Nuestra cita fue en el número 118 de la calle de Sinaloa, en la colonia Roma de la Ciudad de México. Al llegar, al fondo de un terreno lleno de pasto algo descuidado, se podía apreciar la puerta entreabierta de una pequeña casa. Finalmente, después de varios “buenas tardes” y “holas”, alguien respondió. Al entrar, apareció un hombre con máscara de luchador.

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Era Melanio Zapata, el personaje en cuestión. Comenzó la conversación sin preámbulos, como quien abre un portal a otro mundo. Su obra, exhibida en ese espacio, el cual, “no reconozco como galería”, dice, “es un espacio donde convergen diferentes tipos de sentimientos y formas de expresión”.

“¿Y cuántos años tienes?”, le preguntamos. “Tengo 29”, respondió sin titubeos. Pero su tono de voz, un tanto cansada y la textura de su cuello, ligeramente flácido, no resultaban coherentes con ese dato. 

“Ok —dijo—, básicamente, el tema es que mi trabajo artístico surgió a partir del trabajo que mi mamá tenía cuando yo era niño; ella se dedicaba a hacer limpieza de alfombras de hoteles en Nogales, Arizona, donde yo nací. Mi papá trabajaba en el campo, y mi mamá también hacía limpieza de casas”.

“¿Estás seguro que tienes 29 años?”, interrumpimos, casi en tono de broma. “Sí, estoy muy golpeado, la verdad, pero sí, tengo…”, “¿Seguro?”, insistimos. “¿Ves, Cynthia?”, dice, dirigiéndose a su publirrelacionista, “te dije que iba a decir que me veo muy…”

“¿No me crees nada? Bueno, ok. ¿Quieres una identificación o algo?”, responde mientras se despoja lentamente de la máscara de luchador. Lo que revela no es sólo un rostro, sino una historia: “Lo sustancial… efectivamente no tengo 29. Es más, te voy a contar la historia tal cual”. 

A partir de ahí, la charla se convierte en una confesión. Melanio explica que el personaje nació del hartazgo, del absurdo político y de una necesidad urgente por crear un alter ego capaz de gritar lo que él, como hombre común, no se atrevía.

“Lo que pasó fue que no pude controlar la rabia. Veía lo que decía Trump, la forma en que atacaba a los migrantes, a los mexicanos, a la gente que trabaja limpiando, cocinando, que hace lo que nadie quiere hacer. Y pensé en mi mamá, en todo lo que ella vivió para que yo estudiara arte.

“Es un poco complicado porque esto no es una cosa planeada, calculada ni nada por el estilo, es totalmente real. Me preocupa un poco mostrar el rostro, porque hay mucho trabajo alrededor de este personaje. Lo que pasa es que hace tiempo que no me había tocado una entrevista en vivo. Fue algo que surgió como un impulso casi incontrolable. Tuve una situación que me canalizó a este personaje y a crear algunas de las piezas que vemos aquí. Yo empecé a sentir un enorme odio hacia Donald Trump, que viene desde cuando él trató de lanzarse como candidato republicano”.

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La máscara no es un disfraz sino una piel simbólica. “Es mi manera de volverme invisible y al mismo tiempo ser visto”, explica. “Cuando me la pongo, ya no soy yo. Soy un puente entre todo ese enojo y la posibilidad de transformarlo en algo que la gente pueda mirar”.

El espacio donde trabaja —más refugio que galería— parece contener ese caos que Melanio traduce en imágenes, objetos y performances. Entre todos estos, destaca una pieza que lo expresa todo: una tarima con pedazos de alfombra que fueron extraídos de 14 hoteles de Estados Unidos, en los que día con día, migrantes de diferentes nacionalidades, sobre todo mexicanos, limpian las alfombras. Una de ellas era su mamá.

Con su obra, Melanio retrata la constante humillación e invisibilización de quienes trabajan en la sombra. “La idea surgió al escuchar The Carpet Crawlers, de Génesis: “Habla de criaturas invisibles que viven en la alfombra, pero que nadie ve”, explica. De ahí nació la intención de transformar ese anonimato en un acto de redención.

“Viajé a la frontera, hicimos un plan, fui a los hoteles y arrancamos pedazos de alfombra de las habitaciones. Cada pedazo es un fragmento de un hotel, un lugar que mi madre limpiaba de manera humillante y mal pagada. Lo que hago es llenar un vacío interior a través de recuperar eso. 

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“Es una colección de actos que parecen pequeños, pero en realidad tienen un peso enorme”, relata Melanio mientras muestra un video del proceso. Cada alfombra, dice, representa un espacio de trabajo invisible, un símbolo de la fuerza y la dignidad que el sistema ignora.

Como parte de su filosofía de vida dice, “no quiero salir del closet”. En su obra, se aprecia un contenido dedicado a diferentes aspectos sociales, desde la diversidad hasta la crítica política. Dentro de este contexto aparecen, Los leones jotos, y explica, “los leones jotos se refiere a la idea de cómo los muy machos, los que dicen ser muy chingones y, claro, los muy hombres, tienen a la vez esa toxicidad de celos que se da entre los mismos hombres heterosexuales, ejemplo: ‘por qué te fuiste con Pablo, te invitó a su comida y a mí no’; o ‘carnal, por qué le dices hermano a ese güey si yo soy tu carnal’, o sea, esta cosa medio maricona de andar entre hombres ‘heteros’ que se quieren mucho, es un poco la idea de esta pieza”.

Y cuenta de dónde surgió este término despectivo, “el origen de la palabra Joto a mí sí me hace muy interesante, en los años 40 era ilegal ser gay. Entonces, a los miembros de la comunidad de aquella época, los encerraban en la cárcel de Lecumberri. Ahí, había una crujía que se llamaba La crujía J, que era donde estaban los presos que cometían faltas a la moral. Pero ese término actualmente ya no viene ni al caso, ¿cierto?”.

La fijación hacia personajes que marcaron una época, como Yves Saint Laurent y Luis Miguel, también está incluida en su exhibición. En el caso de “El Sol”, éste es recreado por él mismo en una figura de El David de Miguel Ángel, sólo que fabricado en resina que da la apariencia del mármol. Detrás de la escultura, se encuentra una fotografía del disco, Un hombre busca una mujer (1988).

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“Este es como si tuviéramos que construir o inventar en México un David de Miguel Ángel, pues no nos queda más que Luis Miguel. Cuando sacó este disco, cuando tenía 19 años, con ese corte de pelo, fue todo un éxito. La idea fue recrear un nuevo ídolo, pero un ídolo nacional, que es el ‘Rey David, El Rey Sol’”.

La Reforma Judicial, a color y sarcasmo

La exposición funciona como un espejo de las estructuras de poder y de las jerarquías que determinan quién es visible y quién no.

La Reforma Judicial es otro tema recurrente en su trabajo. Melanio asegura que sus obras funcionan como un espejo de la institucionalidad: la manera en que se construyen las leyes y se impone la justicia refleja estructuras que, al igual que las alfombras, invisibilizan a ciertos sectores de la población. “Esta pieza representa la Reforma Judicial y todos los artilugios que tuvieron que seguir, digamos, Morena y AMLO para poder lograrlo. Y entonces aquí están todas estas criaturas que son los colaboradores de un equipo que funcionó para poder lograr el objetivo”.

También aparece una réplica de la guayabera que usó Gary Cooper en 1953 durante un viaje a Acapulco. “Ese es un viaje que hizo a Acapulco junto con John Wayne. En esta foto, (sobre la prenda) están los dos, él está usando esta guayaba, es una guayaba muy rara porque es utilitaria, es una guayabera que usaban los trabajadores del campo para guardar las guayabas”. 

El artista también trabaja con objetos cotidianos transformados en símbolos de resistencia como las corcholatas de grandes dimensiones donde plasma su visión de la migración. Cada pedazo de alfombra, cada recorte de periódico o fotografía, se convierte en un acto de memoria y justicia. 

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Sus instalaciones son minuciosas, denuncian la desigualdad y la invisibilización de quienes sostienen la sociedad sin reconocimiento, un recordatorio tangible de que incluso los detalles más pequeños pueden contar historias enormes.

Gerardo León | El Sol de México

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