A un año del inicio de la narcoguerra en Culiacán, un grupo de ciudadanos decidió responder con arte y memoria. En el Centro de Literatura (CELIT) se presentó “Culichis que lloran”, un zine independiente y autoeditado que reúne poemas, relatos, ilustraciones y canciones creadas por 15 participantes, de los cuales 13 compartieron su trabajo en la exposición.
Más que una publicación, “Culichis que lloran” es un espacio de encuentro. En el, personas con y sin experiencia previa en la escritura se reunieron para hablar, llorar y crear frente a la violencia que atraviesa la ciudad. Entre las páginas del zine se registran no solo palabras, sino también la necesidad de comunidad y resistencia.
Ahí se escribieron versos, se trazaron pinturas, se tejieron canciones. Quienes nunca habían escrito un poema, descubrieron que la palabra se vuelve urgente cuando la ciudad sangra. Descubrieron también que, en el acto de narrar y de escuchar, se forman lazos invisibles: la empatía, la memoria compartida, la certeza de no estar solos.
Heidy Mares, una de las organizadoras, asegura que los participantes han vivido una evolución que va más allá de la escritura: “han crecido como personas, se han conectado de manera natural, casi inevitable”. Mientras que Mariel recuerda que en las primeras sesiones todos lloraron, porque llorar era también reconocerse en las historias de los demás.
Entre los textos, una participante recitó un poema que llamó a la reflexión:
“Como si fuera la primera vez que matan a alguien, como si no hubieran cerrado negocios antes, como si no estuviera en peligro la población… Las madres buscadoras, ¿cuánto tiempo tienen buscando a sus hijos? Los plebes que dejaron la escuela, las muchachas embolsadas… no es nada nuevo”.
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El zine incluye también un “Glosario del fuego”, un rescate colectivo de palabras que la guerra nos enseñó a la fuerza:
• Picadero: espacio dedicado al consumo de drogas.
• Jueves: día de mal augurio en Culiacán, marcado por los culiacanazos.
• Emplayado: cuerpo envuelto en plástico.
Son palabras nacidas del dolor, grabadas en la memoria para poder nombrar lo innombrable.
El encuentro culminó con música. La cantautora sinaloense Pau Matine ofreció un mini concierto como adelanto de su álbum “Memoria y desaparición”. Canciones como “¿Me vas a ir a buscar?”, “¿Quiénes son?” y “¿Dónde estás?” se volvieron grito y plegaria, homenaje a las víctimas de la violencia en Sinaloa, canto que transforma el dolor en memoria colectiva.
Dheyna y Heidy, organizadoras del zine, lanzan ahora la invitación a que esta publicación viaje, que atraviese otras fronteras: “el siguiente paso es llegar a otras partes”.
“Culichis que lloran” se presenta así como una publicación que no solo documenta, sino que también acompaña: un testimonio cultural que refleja la necesidad de nombrar lo que duele y de resistir a través de la creatividad
Mariam Bon | El Sol de Sinaloa
