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Guanajuato

Nadie quiere que llegue la maldición del agave azul a Guanajuato

Hay zonas donde el agave es el único cultivo que permanece

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Fotos: Marco Bedolla

IRAPUATO, Guanajuato. El boom de la siembra de agave alcanzó a Guanajuato. Para muchos se ha convertido en la “gallina de los huevos de oro”, pero hay un riesgo latente en ello: si no se da una producción controlada del agave, el estado podría vivir lo que en otras entidades se le ha conocido como “la maldición del oro azul”, es decir, el cúmulo de afectaciones provocadas por el monocultivo de esta planta con la que se produce el tequila.

En el Congreso “Del agave a tu mesa”, celebrado en diciembre de 2020 en Romita, fue presentado el proyecto de la creación del clúster del vino y del tequila, como una forma de conectar el corredor Querétaro-Guanajuato-Jalisco.

En ese congreso se señaló la importancia que tiene Guanajuato en la producción de agave azul, pero se advirtieron los riesgos porque hay muchas regiones que no están dentro de la zona de denominación de origen están sembrando agave.

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Quienes ingresaron a la producción del agave en Guanajuato lo hicieron por dos motivos: porque ante el encarecimiento de insumos para producir granos tradicionales de Guanajuato, como el maíz, trigo sorgo, cebada y frijol, que va desde las semillas, los fertilizantes, el diésel, herbicidas y pesticidas, sus cosechas se volvieron poco rentables.

Ello, aunado a que los apoyos gubernamentales para el campo cada año van a la baja y una sequía se ha ido prolongando ha hecho que los cultivos de temporal, ya sean una especie en vías de extinción en el país.

La segunda, porque les dijeron que lo más conveniente era rentar sus tierra, pues les darían entre 20 mil y 30 mil pesos anuales por hectárea durante ocho años de contrato, dinero libre de todo impuesto y gravamen y que es casi el doble de lo obtenían si continuaban sembrando granos.

Todo parecería un ganar-ganar, pero la realidad es otra. Hermes Santana Arroyo, investigador de suelos agrícolas de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México y autor del estudio “Riesgos del monocultivo de agave en la región de Jalisco”, señaló que Guanajuato está a tiempo de revertir los problemas que tienen varios municipios jaliscienses que apostaron por el monocultivo de agave y hoy son tierras en recuperación, pues estuvieron al borde de la erosión.

“Hay muchas personas a las que les rentaron sus tierras y les dijeron que una vez que terminara el contrato, podrían volver a sembrar, cosa que no es cierta; si un terreno se vuelve de monocultivo, automáticamente inhibe que otras plantas puedan producirse”, expuso.

Indicó que eso les pasó a los dueños de terrenos de Jalisco que rentaron sus tierras y cuando se las dejaron, ya no pudieron sembrar maíz. La tierra quedó adaptada para únicamente producir agave, pues hubo el ‘monopolio’ de la planta en ello.

Guanajuato tiene que aprender a no tener monocultivo o su calidad del granero del Bajío está en riesgo, todavía más en riesgo que lo que le ha generado la industria y las sequías prolongadas”, explicó el investigador.

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El caso de Jalisco, explicó Hermes Santana, obligó a que cuando se cumplieron los ochos años de contrato, tiempo en que tarda en madurar la planta del “agave tequilana weber”, nombre científico del agave azul, los productores quisieron sembrar nuevamente maíz, pero se toparon con que no pudieron hacerlo.

“Dos años y no podían sembrar, entonces optaron por vender sus tierras; los compradores fueron las tequileras que antes les rentaban sus parcelas”, apuntó.

La industria del tequila vive momentos con viento en popa en Guanajuato. Actualmente hay 37 mil hectáreas sembradas con agave azul en siete municipios que consiguieron el distintivo “denominación de origen”.

Esos municipios son Abasolo, Cuerámaro, Huanímaro, Manuel Doblado, Pénjamo, Romita y San Francisco del Rincón. Tequileras como José Cuervo o Corralejo, entre otras, han visto en los campos de Guanajuato una veta de producción de agave de calidad e incluso, en menor tiempo de lo que se produce en Jalisco.

El monocultivo consiste en dedicar toda una superficie de tierras para la producción de sólo una especie vegetal. Este fenómeno genera que la especie vegetal plantada haga la tierra suya, le haga que genere los nutrientes que necesita y a la larga es difícil que otras especies puedan sobrevivir por la monopolización que hizo la planta dominante.

Por ello, los nuevos contratos que hacen las tequileras con propietarios de tierras es de sólo seis años y ya no de ocho años, porque las “piñas”, como se le conoce a la base del agave usada para la producción de mezcal, tequila y destilado de agave, maduren más pronto, aunque eso signifique que las personas tengan dos años menos de ganancia que tenían de sus tierras.

“Hasta ahora Guanajuato el monocultivo aún no es un problema, pero no tiene que esperar ni la industria tequilera ni las autoridades estatales a que lo sea; si evitan que el monocultivo afecte, Guanajuato será la región agavera y de alimentos más importante del país, pero es momento de saber cómo alimentar a la gallina de los huevos de oro que ahora está beneficiando a miles de guanajuatenses”, dijo el investigador.

Para producir agaves es necesario utilizar una gran variedad de insecticidas que afectan a las tierras; “hasta las gallinas son peligrosas para el agave y hay que ponerles químicos para que no se acerquen”, agregó Hermes Santana.

Óscar Reyes | El Sol de Irapuato