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La Opinión

Mientras AMLO elogia al T-MEC, Carlos Salinas sonríe

El mensaje usado por Andrés Manuel López Obrador para darle la bienvenida al T-MEC es similar al dado por Carlos Salinas para celebrar el TLCAN

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Jacques Coste
El T-MEC, un acuerdo salinista será el salvador de la economía mexicana en tiempos de crisis.

“A dos años del triunfo histórico democrático, México llega a una nueva etapa de bienestar. Hoy entra en vigor el tratado comercial con Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Dejará beneficios a todos por el impulso en: salarios competitivos, derechos laborales, exportaciones e inversiones, pequeñas y medianas empresas, acciones anticorrupción y protección al medio ambiente. Los resultados serán: más empleo, más inversión y más bienestar. México mantiene su soberanía y reafirma su presencia internacional para el bien de su pueblo”. 

Ése fue el mensaje que el gobierno federal colgó en sus redes sociales para anunciar la entrada en vigor del T-MEC. Es un discurso casi idéntico al que Carlos Salinas de Gortari esgrimía en torno al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). 

Salinas argumentaba que el libre comercio y la inserción de México a los circuitos económicos internacionales resultarían no solamente en crecimiento económico, sino también en el desarrollo social.

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Con estos fines —argüía Salinas—, México debía aprovechar su posición geoestratégica y su vecindad con Estados Unidos para insertarse en el nuevo mundo globalizado, para convertirse en una potencia exportadora, para obtener réditos del gigantesco mercado estadounidense y para atraer los inmensos flujos de capital norteamericanos. 

Según Salinas, de esta manera, México utilizaría al comercio internacional, a la inversión extranjera directa y a la integración regional norteamericana como palancas de desarrollo en sus dos dimensiones: la económica y la social. 

Que, 26 años después de que entró en vigor el TLCAN, el presidente López Obrador retome el mismo discurso y sostenga los mismos argumentos sobre las ventajas de la integración norteamericana es un signo de que el proyecto económico salinista triunfó y llegó para quedarse. 

Quizá sólo por detrás de Felipe Calderón, Carlos Salinas de Gortari es el enemigo máximo del presidente López Obrador. AMLO habla de Salinas como el iniciador del régimen neoliberal, contra el que tanto despotrica, como un símbolo viviente de la corrupción, “el problema principal de México”, y como uno de los máximos exponentes de “la mafia del poder”. 

Eso hace aún más destacada la similitud entre los discursos de ambos mandatarios en torno a los respectivos acuerdos comerciales norteamericanos. 

De hecho, cualquier economista neoliberal estaría más que feliz y orgulloso con el desplegado que el gobierno federal exhibió en sus redes sociales. Precisamente uno de los argumentos principales de los defensores de la apertura de mercados y la expansión del comercio internacional es que estos factores acaban por elevar el nivel de vida de todas las personas. 

Eso mismo es básicamente lo que está diciendo el actual gobierno sobre el T-MEC, al asegurar que este acuerdo comercial redundará en “salarios competitivos”, en “más empleo” y en “más bienestar”. 

Por eso, insisto, el proyecto económico salinista triunfó y llegó para quedarse.

Pero, ¿por qué? Porque, cuando las transformaciones políticas, económicas y sociales echan raíces profundas y se arraigan fuertemente en los países donde ocurren, es muy difícil revertirlas. Pueden modificarse, matizarse u orientarse hacia fines diferentes, pero es muy complicado que se reviertan por completo. 

Esta tendencia es especialmente notable en los procesos regionales de integración. La integración regional no se borra de un plumazo. 

Por eso, aunque el brexit se votó en 2016, las negociaciones para concretar “el divorcio” entre el Reino Unido y la Unión Europea han sido tan largas, tediosas y costosas.

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Por lo mismo, Donald Trump no pudo desvincular a Estados Unidos de la integración norteamericana. Es cierto, consiguió que el TLCAN se renegociara y surgió un nuevo acuerdo nominal: el T-MEC. Pero, en realidad, el T-MEC es más una actualización del TLCAN, con algunas adhesiones novedosas (en materia de derechos laborales y de derechos de autor, entre otras cuestiones), que un nuevo tratado como tal. 

Salinas cometió muchos errores, muchos abusos y muchos excesos cuando fue presidente de México. De eso no cabe duda. 

Pero tampoco cabe duda que el TLCAN, ahora T-MEC, fungió como ancla de su proyecto económico basado en la integración económica con Estados Unidos y en el aprovechamiento del potencial exportador de México. 

Curiosamente, y por más que le duela al presidente López Obrador, ahora esa ancla salinista será lo único que mantenga a flote a la maltrecha economía mexicana, que, más allá de los daños imprimidos por la pandemia, ya aquejaba problemas estructurales causados por la errática política económica lopezobradorista. 

Mientras AMLO elogia al T-MEC, Carlos Salinas sonríe.

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