Inteligencia Artificial

Tecnología del olvido, cuando borrar es un acto de libertad digital

La tecnología del olvido no llegará para borrar la historia, sino para permitir que cada quien tenga control sobre su narrativa personal.

La tecnología del olvido no llegará para borrar la historia, sino para permitir que cada quien tenga control sobre su narrativa personal.
Foto: Pexels.

En un mundo donde todo se guarda, olvidar se está volviendo un lujo, ya que desde los mensajes de hace años hasta fotografías no deseadas, publicaciones impulsivas o rastros invisibles en bases de datos, son todos recuerdos digitales que no nos pertenecen del todo. 

Actualmente varios equipos de científicos, filósofos tecnológicos y desarrolladores están trabajando en una idea que suena contraintuitiva: crear tecnologías diseñadas no para almacenar, sino para olvidar. Porque hasta ahora, la memoria digital era para siempre. Y para muchos ese es el problema.

Te puede interesar: La tecnología china amplía su presencia en mercado argentino a partir de la innovación

Desde el auge de las redes sociales, los servicios en la nube y los grandes modelos de inteligencia artificial, la tendencia ha sido clara: guardar todo para siempre. Pero eso ha comenzado a generar un agotamiento emocional, social y cognitivo.

¿Pero qué es la tecnología del olvido? Se trata de un conjunto emergente de herramientas, protocolos y sistemas algorítmicos diseñados para facilitar el “borrado” consciente y dirigido de elementos digitales.

Esto no se limita a eliminar archivos, pues también abarca la capacidad de impedir que los datos sean usados para entrenar algoritmos, que las fotos resurjan mediante IA, o que ciertos recuerdos dolorosos nos asalten en el futuro.

“No nacimos para ser archivistas de nuestras vidas”, dice el doctor Viktor Mayer-Schönberger, autor de Delete: The Virtue of Forgetting in the Digital Age. En su libro argumenta que la permanencia digital está dañando la espontaneidad humana.

Aplicaciones relacionadas

Sistemas de olvido algorítmicoIA entrenadas para “desaprender” ciertos datos personales sin afectar su rendimiento general. En lugar de entrenar para recordar, se entrenan para desentrenar.

Protocolos de expiración emocional: plataformas que permiten etiquetar recuerdos con una caducidad psicológica. Pasado ese tiempo, las memorias se autoeliminan o se vuelven inaccesibles.

Repositorios de recuerdos efímerosredes sociales experimentales que no permiten capturas de pantalla ni archivan publicaciones por más de 24 o 48 horas, sin posibilidad de recuperación.

Existen plataformas digitales diseñadas especialmente para que los contenidos publicados sean transitorios. En ellas se prioriza la no permanencia como principio estructural, por lo que no se permiten capturas de pantalla y no hay respaldos ni bases de datos persistentes de acceso público.

Te recomendamos: Tecnología predictiva en seguridad avanza con IA, al estilo de Minority Report

Snapchat fue pionero en ese enfoque, con mensajes que se eliminan automáticamente una vez vistos. Pero existen otras como BeReal, que promueve publicaciones espontáneas y de corta duración, aunque su sistema no impide capturas de pantalla ni elimina todo rastro del contenido.

Otras apps más experimentales enfocadas en la protección contra la permanencia digital son Confide y Wickr Me, que incluyen mecanismos anti-captura de pantalla y eliminación forzada de mensajes, aunque en sistemas operativos como Android esto aún puede ser evadido con root o emuladores.

Del experimento ético al software aplicado

En 2023, el Instituto de Neurotecnología de Kioto desarrolló un sistema experimental que borra imágenes específicas del entrenamiento de una IA sin afectar los datos colaterales. Es decir, una imagen puede “desaparecer” del entrenamiento de un modelo, lo cual era antes casi imposible sin rehacer el sistema desde cero.

En paralelo, grupos de activistas como The Human Obsolescence Project en Europa están creando interfaces que permiten a los usuarios pedir a empresas que no sólo borren datos, sino que prueben que su modelo de IA ha olvidado esa información.

Lee: Videojuegos controlados por el cerebro llegan al hogar con tecnología no invasiva

¿Pero puede una IA aprender a olvidar como lo hacemos los humanos? Cuando esto ya sea posible y esté al alcance de todos, cabrá preguntarse qué implicaciones tiene construir algoritmos para borrar activamente experiencias, datos o patrones emocionales del pasado.

Otros sistemas relacionados son: Machine Unlearning (Bourtoule et al., 2021), que propone métodos para eliminar datos de entrenamiento de redes neuronales sin tener que volver a entrenar todo el modelo desde cero, y Certifiable Data Removal from Machine Learning Models (Ginart et al., 2019), que introduce enfoques prácticos y teóricamente fundados para garantizar que los datos eliminados realmente no influyen más en la salida del modelo.

Aunque aún en etapa experimental, este tipo de sistemas se exploran para aplicaciones como asistentes personalesbases de datos de salud y motores de recomendación.

Borrar es más difícil que guardar

En informática, eliminar algo no significa que desaparezca. Muchas veces queda replicado en respaldos, almacenado en capas de caché, o usado indirectamente por modelos de predicción. Y de ahí nace el reto, porque no se trata sólo de borrar un archivo, sino de eliminar su huella, su eco y su influencia.

De hecho, el término técnico más preciso que se está utilizando es “data unlearning”, o “desaprendizaje de datos”. Grandes empresas como OpenAIGoogle y Meta ya están investigando formas de implementar esta función a pedido, pero es un campo que apenas está en desarrollo.

Te puede interesar: Del muro al cielo, el graffiti evoluciona con drones y tecnología

Otra de las tendencias que vienen en camino es la del olvido programado como servicio. Startups como Oblivion CloudForgetAI y DisMemoria están desarrollando sistemas comerciales que permitirán a los usuarios pagar por el borrado consciente y verificable de fragmentos digitales específicos. Algunos trabajan bajo suscripción y otros como servicio único.

Además, diseñadores de experiencia están desarrollando interfaces donde el “acto de olvidar” se vuelve simbólico, casi ritual, como quemar una foto digital, enterrar un audio o disolver una imagen hasta hacerla irreconocible.

¿Un nuevo derecho?

En la era de la saturación digital, surge el dilema ético de si olvidar se convertirá en un derecho o en un privilegio. En Europa, el “derecho al olvido” ya existe desde el punto de vista legal (según el RGPD), pero su implementación tecnológica real sigue siendo limitada. Sin embargo, en otras regiones del mundo, incluida América Latina, aún no hay mecanismos claros para solicitar la eliminación de nuestra huella digital de forma profunda.

Otra área destacable es la de los llamados Protocolos de expiración emocional, que son mecanismos digitales que permiten asignar una caducidad emocional o simbólica a memorias digitales (como mensajes, imágenes o notas), de modo que, tras cierto tiempo o evento, se eliminen automáticamente o se bloqueen, respetando una intención psicológica del usuario, esto como respuesta a aplicaciones como Timehop y funciones como On This Day de Facebook.

Por ahora, algunas de las dudas que surgen sobre este tema son: ¿Quién decide qué debe ser olvidado y cuál es el procedimiento más apropiado? ¿Podría usarse este tipo de tecnología para reescribir la historia, borrar crímenes o evitar responsabilidades? ¿O más bien es una herramienta de salud mental y libertad emocional?

Te recomendamos: China lidera el camino hacia el futuro con las tecnologías ferroviarias de alta velocidad de última generación

En resumen, en una era de vigilancia masiva, archivos perpetuos y algoritmos que nos recuerdan lo que no queremos recordar, la posibilidad de olvidar se vuelve revolucionaria. No por ignorancia, sino por salud mental, privacidad y libertad interior.

La tecnología del olvido no llegará para borrar la historia, sino para permitir que cada quien tenga control sobre su narrativa personal. En el futuro, quizás lo más valioso no será lo que recordamos, sino lo que tenemos el poder de dejar atrás.

Alejandro Castro | El Sol de México

También te puede interesar

Trends