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Del muro al cielo, el graffiti evoluciona con drones y tecnología

Este modelo artístico nos muestra que los drones también pueden ser verdaderos pinceles digitales del siglo XXI.

Este modelo artístico nos muestra que los drones también pueden ser verdaderos pinceles digitales del siglo XXI.
Foto: Pexels.

Desde hace décadas, el graffiti es parte inseparable de la estética de todas las grandes urbes, en donde esta expresión convive con anuncios, autos y miles de personas que transitan de un lado a otro con velocidad.

Pero con la masificación de tecnologías como la de los vehículos aéreos no tripulados, más conocidos como drones, sólo era cuestión de tiempo para que los artistas urbanos tomaran en sus manos esta herramienta y la incorporaran a su quehacer.

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Fue así como nació el arte con drones, una actividad que se desarrolla con sistemas para aplicar spray, con pulverizadores de pintura, LED e incluso con aplicaciones de luz.

Es así como en los últimos años hemos visto la creación de graffitis aéreos con pintura en los que se logran intervenciones en espacios que antes eran inaccesibles, así como murales urbanos con enjambres, es decir múltiples drones coordinados que ejecutan patrones prediseñados para pintar grandes superficies en proyectos públicos colaborativos.

Otra vertiente de esta expresión son las light painting en el cielo nocturno, gracias a los drones equipados con luces LED que pueden crear figuras luminosas en exposiciones nocturnas o fotografía de larga exposición.

Los inicios

El concepto de pintura con drones data de 2007, cuando la hacktivista Addie Wagenknecht utilizó un dron Parrot modificado como “fumigador de pigmento” sobre lienzos, marcando el inicio de esta disciplina.

Ese año, la artista fundó un movimiento pionero llamado Black Hawk Paint, centrado en el uso innovador de drones en la pintura de acción. Empleando comandos de vuelo sencillos como “barril rodante”, “despegar” y “aterrizar”, sus creaciones en vitela y lienzo incorporaron pigmentos sensibles al calor y a los rayos UV que mejoraron la experiencia interactiva en formato analógico.

“Trabajo con pigmento en superficie horizontal… uso drones pequeños para detalles, turbulencias y flips…”, detalla Wagenknecht sobre su técnica.

Para 2014-2015, el artista callejero KATSU desarrolló su “Graffiti Drone” semiautónomo (Icarus One) que integraba spray y guías remotas para pintar muros y carteles.

Ese mismo año, el neoyorquino vandalizó un gigantesco anuncio de Calvin Klein en la intersección de Houston St y Lafayette St, en el barrio de SoHoManhattan.

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Arte con enjambres

También, aunque de un modo mucho más organizado e institucional, el italiano Carlo Ratti Associati (CRA) desplegó una serie de drones para crear murales colectivos de 14×12 metros en Turín, en colaboración con Tsuru Robotics, con su proyecto UFO (Urban Flying Opera) en 2017.

“La ciudad es un lienzo abierto donde las personas pueden plasmar sus historias de diversas maneras. Con UFO utilizamos tecnología de drones para posibilitar un nuevo uso de la pintura como medio de expresión”, aseguró.
Posteriormente, el MIT Media Lab experimentó con drones que replican trazos humanos mediante pantógrafos voladores, agregando una capa de colaboración humano–máquina, según reportó la revista Wired.

En el ámbito comercial, empresas como Intel y Umiles también han impulsado espectáculos de drones LED para replicar obras famosas, como La Noche Estrellada de Van Gogh, para generar lienzos en el aire.

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El estadounidense Reuben Wu también usa drones iluminados para arquitecturas lumínicas paisajísticas, alejándose de la fotografía aérea tradicional.

También en el área del light painting aéreoFrodo Álvarez dibujó una célebre serie de figuras, entre ellas la de un futbolista, a base de drones LED y fotografía de larga exposición.

“Sólo tuvimos cuatro intentos de programar bien los drones… Necesitábamos jugar con profundidad y perspectiva”, diría el español.

Una tendencia en desarrollo

Aunque existen varios ejemplos y técnicas que los artistas desarrollan para crear imágenes en las alturas con la ayuda de drones, esta rama del arte aún tiene mucho que ofrecer.

Por ahora, estas expresiones convergen principalmente en festivales de arquitectura, tecnología, arte público y galerías experimentales de Europa y Estados Unidos, aunque ya comienzan a registrarse ciertas actividades amateur incluso en algunas ciudades de Latinoamérica.

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Sin duda hay futuro para esta expresión artística, ya que como menciona Carlo Ratti, pronto podríamos comenzar a ver ciudades reconfigurando sus fachadas diariamente, como parte de un “archivo vivo” del pulso ciudadano.

Por su parte, KATSU imagina drones autónomos que a su regreso cuelguen nuevas obras, mientras que otros expertos esperan más obras de arte público participativo, con diseños colectivos y murales dinámicos.

Otros desafíos más bien técnicos, a los que se enfrentarían los artistas son la estabilidad con carga de pintura, la autonomía limitada por baterías, la sincronización y las interferencias reales.

El arte de pintar en las alturas con drones tampoco ha estado exento de críticas, las cuales van desde los debates sobre la “autenticidad” del gesto creativo hasta los cuestionamientos por la automatización de las obras.

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La creación con drones representa una ruptura conceptual, ya que el artista ya no toca la pintura, sino que la co-crea con tecnología. Y en ese ejercicio se gestan nuevas estéticas, se cuestiona la autoría y se abre el “canvas” al cielo, las fachadas y las grandes superficies.

Por ahora, este modelo artístico nos muestra que los drones también pueden ser verdaderos pinceles digitales del siglo XXI, respondiendo con dinamismo a una creatividad que ya no está al nivel del piso, sino en las alturas.

Alejandro Castro | El Sol de México

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