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La Opinión

México llega de nuevo con su política de no intervención al Consejo de Seguridad de la ONU

Juan Ramón de la Fuente, embajador de México ante la ONU, tendrá que defender la política exterior de Andrés Manuel López Obrador, quien no le gusta viajar

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Desde 1945, México es la quinta vez que está en el Consejo de Seguridad de la ONU.

“La virtud del silencio no está en no hablar, sino en saber callar a su tiempo y en saber hablar a su tiempo”, escribió el jesuita Alonso Rodríguez en el siglo XVI. Esto es una regla de educación y de diplomacia y la política exterior.

El 16 de junio de 2020, México fue electo como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para el periodo 2021-2022, siendo la quinta ocasión que ocupa dicho cargo desde 1945. 

No es un nombramiento menor para el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. De acuerdo a la Carta de las Naciones Unidas, son funciones y poderes del Consejo de Seguridad mantener la paz y la seguridad internacionales de conformidad con los propósitos y principios de las Naciones Unidas.

El Consejo de Seguridad también tiene la facultad para investigar toda controversia o situación que cree fricción internacional, recomendar métodos de ajuste de tales controversias o condiciones de arreglo, así como elaborar planes para la reglamentación de los armamentos, así como determinar si existe una amenaza a la paz o un acto de agresión.

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 Otras acciones son recomendar qué medidas se deben adoptar, instar a los miembros del Consejo de la ONU a que apliquen sanciones económicas y otras medidas que no entrañan el uso de la fuerza, con el fin de impedir o detener la agresión y emprender acción militar contra un agresor.

También puede recomendar el ingreso de nuevos miembros, ejercer las funciones de administración fiduciaria de las Naciones Unidas en zonas estratégicas, recomendar a la Asamblea General la designación del Secretario General y, junto con la Asamblea, elegir a los magisterios de la Corte Internacional de Justicia.

Las decisiones del Consejo de Seguridad son obligatorias para todos los países Miembros de la ONU y estas pueden incluir la imposición de sanciones económicas, embargos o el uso de la fuerza.

Con esta gran responsabilidad, México vuelve a colocarse en la escena mundial desde una posición inmejorable para hacer valer de una manera sólida y congruente sus principios internacionales de respeto y no intervención.

México se ha ganado el reconocimiento y prestigio internacional desde 1930, cuando el entonces ministro de Relaciones Exteriores, Genaro Estrada Félix redactó su famosa Doctrina Mexicana (hoy conocida como Doctrina Estrada) de no intervencionismo y respeto a la soberanía nacional de los pueblos.

Ahora le toca a Juan Ramón de la Fuente, embajador de México ante la ONU, ocupar la curul ante el Consejo de Seguridad.

La nueva intervención de México en el Consejo de Seguridad de la ONU se presenta en un contexto social muy peculiar, del que quiero resaltar algunos aspectos.

Resulta difícil entender cómo va a compaginarse este nombramiento con la política exterior de Andrés Manuel López Obrador, cuya línea personal hasta el momento ha sido evasiva y con nula participación en los diversos Foros Internacionales.

Un claro ejemplo de la ausencia del fundador de Morena fue la reunión del G20 realizada en Japón durante junio de 2020, aduciendo no tener tiempo y denostando el evento mismo. Sin embargo,  Marcelo Ebrard, secretario de Relaciones Exteriores y Carlos Urzúa, secretario de Hacienda y Crédito Público, acudieron en representación de AMLO.

Tampoco han sido manejados con destreza diplomática los eventos de relevancia internacional en los que ha participado su gabinete como sucedió conla secretaria de Energía (Sener), Rocío Nahle ante la OPEP. 

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Nahle García abrió paso al “apoyo desinteresado” del presidente de Estados Unidos, Donald Trump a México en la reducción de producción petrolera, así como la actuación del canciller Marcelo Ebrard en dos sucesos con países latinoamericanos. 

Uno de ellos cuando ordenó o consintió enviar una aeronave de la Fuerza Aérea Mexicana a Bolivia para “rescatar” a su entonces presidente Evo Morales y traerlo a nuestro país para darle asilo político. Poco duró el asilo político para el líder de la izquierda en México por las diversas presiones del gobierno Boliviano y de Donald Trump, poniendo en una situación de apremio la política exterior mexicana, ya que claramente fue una acción alejada del principio de no intervencionismo. 

El otro evento fue ante la elección de Juan Guaidó en Venezuela, cuando bajo el argumento del no intervencionismo y la soberanía de los pueblos no se pronunció en su favor, traduciéndose en un claro apoyo al régimen de Nicolás Maduro.

Es decir, se blandea la espada de la no intervención a conveniencia, lo que no puede permitirse en el Consejo de Seguridad de la ONU.

México está inmerso en una especie de ostracismo al considerar que sus problemas se deben y pueden resolver internamente, sin la colaboración y cooperación internacional, como si no estuvieran conectados con lo que sucede en el mundo. 

La lucha contra la delincuencia organizada, el narcotráfico, el problema climático, el combate a la corrupción o los problemas migratorios no son privativos de México. Por el contrario, deben abordarse con una óptica colaboracionista entre los países.

Se necesita de una visión más amplia si se quiere hacer un buen desempeño en la ONU.

También se abre una gran oportunidad para que México recupere su voz y voto en la escena internacional, siempre y cuando lo haga de una manera responsable, congruente con su política interna y totalmente independiente de presiones económicas de otros países. 

Aunque la participación de México ante el Consejo de Seguridad de la ONU puede ponernos en difíciles encrucijadas, como sucedió en la administración del ex presidente Vicente Fox.

En aquella época México siendo miembro no permanente del Consejo de Seguridad votó en contra de la invasión a Irak y Estados Unidos endureció su política contra nosotros. Debemos ser firmes si queremos defender una rosa, porque tendrá que ser con todo y sus espinas.

Es muy interesante la agenda propuesta por México ante la ONU para el siguiente ciclo del Consejo de Seguridad basada en siete ejes: defender el Estado de Derecho, privilegiar la mediación, preservar la dignidad de las personas, promover los derechos humanos y el derecho internacional humanitario, proteger a civiles en conflictos armados, mejorar los métodos de trabajo del Consejo de Seguridad e incorporar la perspectiva de género en las acciones de la ONU.

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¿Por qué no se sigue dicha agenda en México pero sí queremos aplicarla en el extranjero?

En México no hay un estado de derecho cuando se destruyen Instituciones que hacen contrapeso político o cuando se incumplen contratos internacionales o se ejecutan obras públicas sin los permisos y autorizaciones debidos o se libera a delincuentes sin seguir los procesos legales.

Tampoco se ha privilegiado ni difundido la mediación como mecanismo alterno de solución de controversias ni el gobierno de Andrés Manuel López Obrador ejerce comunicación asertiva para lograr acuerdos.

En cuanto a la dignidad de las personas es ofensivo dividir a la población con discursos maniqueístas, calificando a la gente de buenos y malos dependiendo de su nivel económico. Saludar a la mamá de un narcotraficante, pero no atender a las mamás que tienen a sus hijos desaparecidos es más que ofensivo e indignante.

No se pueden promover los derechos humanos a nivel internacional cuando México fue incluido en una lista de 38 países con más violaciones en ese rubro, según el informe anual presentado en marzo de 2015 por el Alto Comisionado de la ONU para la Defensa de los Derechos Humanos, Zeid Raad Al Hussein. México es un cruel ejemplo de cómo la violencia criminal tiene vínculos con las autoridades que amenazan las ganancias democráticas logradas con esfuerzo. Los últimos cinco años la situación ha empeorado.

En el tema de proteger civiles en conflictos armados, todos los días en México mueren inocentes a manos del crimen organizado, pese a la militarización de la Seguridad Pública.

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Si se trata de simular y mejorar la opinión pública internacional con este nombramiento en el Consejo de Seguridad, sería una decepción y gran desperdicio para México. Pero más preocupante es no atender los problemas en casa y querer arreglar los del mundo, siendo incongruentes con nosotros mismos.

Las apariencias no engañan cuando los problemas internos nos hayan rebasado, si es que aún no ha sucedido.