El mundo de los grandes negocios se interna ya a profundidades inéditas en el océano en busca de los tesoros mejor guardados de la naturaleza: los metales raros, hoy más preciados que el oro y la minería submarina.
Los nódulos, con forma de pequeñas rocas del tamaño de una papa, ricos en metales como cobalto, níquel, cobre y manganeso, se encuentran dispersos sobre el fondo marino a grandes profundidades y están en la mira y representan una de las mayores reservas minerales no explotadas del planeta.
Su interés radica en que concentran elementos críticos para la fabricación de baterías, tecnología renovable y dispositivos electrónicos. Hay un rasgo oculto: aunque las convenciones internacionales lo prohíben, se pueden utilizar para desarrollar tecnología bélica.
Pero la ruta de la industria minera ha sido detenida por la Autoridad de los Fondos Marinos (ISA, por sus siglas en inglés), que declaró en 2019 una moratoria advirtiendo que no se debe sobrepasar este límite, pues el océano como lo conocemos no volvería a ser igual. El documento, firmado de inicio por tres países, en 2025 ya tiene el respaldo de 38 naciones.
¿Cuál es la postura en México?
Aunque México no ha entrado al debate dentro de la ISA, se ha adoptado una postura cautelosa y preventiva, siguiendo recomendaciones de organismos internacionales para priorizar la protección de la biodiversidad marina y los intereses nacionales. A la fecha no se han otorgado concesiones para la explotación comercial de minería submarina en aguas territoriales.
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La legislación vigente prohíbe la minería submarina comercial desde la reforma de la Ley Minera en 2022; sin embargo, México no se cuenta entre los países que han firmado la prohibición.
De comenzar, la primera parcela a explotar sería la zona Clarión-Clipperton, de alto valor económico para la industria pesquera nacional, donde se captura 30 por ciento del atún mexicano y otras especies. Además, se pretende utilizar a los puertos mexicanos como base logística para la operación de esta industria, vetada por muchas instituciones financieras internacionales como el Banco Mundial.
La industria bélica y su relación con el fondo del mar
Activistas creen que el único camino que en realidad importa es la producción de armas de destrucción masiva u otros elementos de la industria bélica.
Pese al consenso de los países preocupados por la conservación ambiental, la minera canadiense The Metals Company (TMC) ha declarado que iniciará operaciones a más tardar el año entrante.
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Para sortear a la Autoridad de los Fondos Marinos, radicó su empresa en Estados Unidos, y aprovechando que este país no ha ratificado la Convención sobre el Derecho del Mar (Convemar) y la política negacionista de Donald Trump, ha solicitado permiso para explotar la primera zona en aguas internacionales. Esa jurisdicción es exclusiva de la Organización de las Naciones Unidas.
¿Cómo se desarrolla la minería submarina?
La minería submarina en aguas profundas se basa en métodos altamente mecanizados y destructivos a gran escala, diseñados para operar en condiciones extremas del fondo marino, a profundidades que pueden superar los cuatro metros.
El método principal consiste en el uso de enormes máquinas similares a tanques de guerra, equipadas con sistemas de succión y herramientas cortadoras. Descienden desde barcos nodriza y, una vez en el lecho marino, se desplazan sobre los depósitos de nódulos polimetálicos para recolectarlos.
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El proceso implica aspirar el sustrato marino: los mecanismos de succión arrastran los nódulos, pero también absorben sedimentos, organismos y hábitats que se encuentran en el fondo, alterando ecosistemas que han tardado millones de años en formarse.
La operación no solo afecta la superficie del sustrato, sino que también genera una estela de sedimento en suspensión que puede desplazarse a grandes distancias, impactando la vida marina circundante. Los restos y desechos generados suelen ser devueltos al agua, lo que altera cadenas tróficas enteras.
El control y monitoreo de estas actividades representa uno de los mayores desafíos: debido a la profundidad y a las condiciones extremas —presión intensa, oscuridad absoluta, temperaturas bajas—, resulta casi imposible vigilar de manera efectiva los impactos, la legalidad de las operaciones o el alcance de los daños ecológicos.
Según estudios especializados, peligran el tiburón y el pez espada, depredadores tope que acumulan contaminantes a lo largo de la cadena alimenticia; el atún rojo y otros grandes pelágicos, con alto valor comercial y muy consumidos en mercados internacionales; así como peces de fondo como la merluza y el bacalao, que se verían directamente afectados por la destrucción física del sustrato.
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Moluscos bivalvos, por su capacidad de filtrar agua y acumular metales pesados, y otras especies como el camarón, la langosta, el jurel y la sardina también entran en el espectro de riesgo dentro de la cadena alimenticia humana.
La postura de las organizaciones no gubernamentales
El principal opositor a estas actividades es Deep Sea Conservation Coalition (DSCC), que demandan de 10 a 15 años más de investigación antes de cualquier incursión en la minería submarina mediante un Código Minero.
Han pedido a la secretaria general de la ISA, Leticia Reis de Carvalho, que envíe una advertencia a las mineras de que cualquier intento unilateral estaría violando el derecho internacional.
Valérie de Baecque, consultora de prensa de DSCC, me puso en contacto con los expertos de este organismo para una entrevista en exclusiva.
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“Muchos países apenas están comenzando a comprender la minería de aguas profundas, sus implicaciones ambientales y las ramificaciones legales. Si se permite que la industria continúe, a medida que más países conozcan lo destructiva que es esta industria y lo que significa para nuestro océano, esperamos que muchos más se unan a la diversa coalición de países, empresas, bancos, aseguradoras, pescadores, líderes de derechos humanos y ciudadanos de todo el mundo que se oponen a la industria”.
La postura de la Unión Europea sobre el Código de Minería de Aguas Profundas varía entre sus 27 estados miembros. Algunos consideran la adopción de uno como el inicio de la minería, mientras que otros creen que es necesario para detener la minería unilateral.
El DSCC se mantiene firme en que, si se adopta un Código de Minería en la ISA, la explotación comercial de las profundidades marinas puede comenzar, con pocos recursos legales para detenerla.
Muchos de los intentos de regulación e investigación han sido bloqueados por 15 países poderosos, entre los que se cuentan China, Japón, Rusia, Francia, Reino Unido, Corea del Sur y otros que quieren mantener su competitividad tecnológica, así como intereses económicos que van desde la pesca hasta otras prácticas depredadoras del mar.
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Entre el 21 y el 25 de julio de este 2025, en su sede de Jamaica, la Autoridad de los Fondos Marinos siguió debatiendo sobre el Código de Minería Submarina y terminó con una conclusión contundente:
“Los fondos marinos profundos necesitan normas y regulaciones, pero también liderazgo, solidaridad y ciencia”, declaró Carvalho.
México debería tener una posición más crítica y activa, ya que peligra la industria pesquera del Océano Pacífico. Pero dadas sus circunstancias y que el principal promotor es Estados Unidos, en estos momentos un pronunciamiento en contra sería contrariar a Trump.
Con información de Hugo Sergio López.
Antonio Sosa | El Sol de Tampico
