Este 26 de julio se conmemora el Día Internacional para la Conservación del Ecosistema de Manglares. Con motivo de esta fecha, expertos y organizaciones ambientales resaltaron la importancia ecológica, climática y económica de estos ecosistemas costeros, así como los principales desafíos que enfrentan en Baja California Sur y otras regiones del país.
Esta fecha fue establecida por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) en 2015, con el objetivo de visibilizar la relevancia de estos ecosistemas costeros como barreras naturales frente a fenómenos climáticos extremos, sumideros de carbono y refugios vitales para especies marinas.
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México se encuentra entre los cinco países con mayor superficie de manglares en el mundo, con cerca de 900 mil hectáreas distribuidas en 17 estados costeros, entre ellos Baja California Sur, donde estos humedales presentan características particulares y cumplen funciones ambientales esenciales.
De acuerdo con Alejandro Olivera, representante en México del Centro para la Diversidad Biológica, los manglares actúan como una transición natural entre el mar y la tierra. “La capacidad de fijar CO₂ en los manglares es superior a la de muchos otros tipos de bosques, lo que los convierte en aliados importantes en la lucha contra el cambio climático”, explicó.
Además, destacó que son zonas de reproducción para diversas especies, algunas de valor comercial, y que ayudan a proteger las costas contra oleajes e impactos de huracanes.
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Un estudio citado por el especialista, realizado en el golfo de California, estima que cada hectárea de manglar puede generar hasta 37 mil dólares anuales en beneficios para la pesca, al proporcionar zonas de resguardo para especies marinas. Esta cifra fue calculada con base en la productividad y el valor económico que aportan estos entornos a las pesquerías regionales.
En Baja California Sur, los manglares enfrentan diversas presiones derivadas del crecimiento urbano, el turismo y el desarrollo inmobiliario. De acuerdo con Alejandro Olivera, en zonas como la entrada a la ciudad de La Paz y los alrededores del fraccionamiento Marina Azul, existían anteriormente extensiones de manglar que han sido reemplazadas por infraestructura.
En otras entidades del país, como Sonora y Sinaloa, señaló que las granjas camaroneras representan una amenaza considerable, mientras que en la península de Yucatán, los proyectos turísticos han generado afectaciones importantes en las zonas de manglar.
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Andrea Méndez, coordinadora del programa de restauración de manglares de la organización Costa Salvaje, detalló algunas de las acciones de conservación que realizan en la bahía de La Paz, particularmente en El Conchalito, El Mogote y el arroyo El Cajoncito.
En estas zonas, llevan a cabo trabajos de restauración hidrológica, limpieza de microplásticos, canalización de agua marina y colaboración con colectivos ciudadanos para proteger los manglares.
“En El Mogote estamos trabajando en canales para permitir que el agua salada vuelva a llegar a los manglares afectados por construcciones que alteraron la dinámica costera. En esa zona, actualmente hay una hectárea con mortandad visible de manglar”, señaló.
También explicó que el manglar actúa como filtro natural: retiene metales pesados y residuos sólidos cuando hay escurrimientos o lluvias, impidiendo que lleguen directamente al mar.
Uno de los grupos comunitarios que participan en estas labores es Guardianas del Conchalito. Daniela Bareño, integrante de esta organización y coordinadora de educación ambiental y turismo, indicó que sus actividades se han enfocado en el monitoreo del ecosistema, la recolección de semillas y el mantenimiento de canales naturales para restablecer el flujo hídrico necesario para la supervivencia del manglar.
“Nuestro trabajo comenzó con vigilancia comunitaria en la zona pesquera del Manglito. Desde entonces, hemos obtenido permisos de CONANP para colectar semillas, mantener canales y restaurar el ecosistema. El mangle ha mostrado señales de recuperación donde se ha logrado limitar el ingreso de vehículos”, explicó.
Añadió que también enfrentan problemas derivados del uso recreativo del área, como la acumulación de residuos y desechos de mascotas. Se estima que recogen alrededor de 80 kilos de heces animales al mes en esta zona.
En México, la conservación de los manglares está regulada por leyes federales, como la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente y la Ley General de Vida Silvestre.
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Además, el manglar es un ecosistema protegido por normas oficiales mexicanas como la NOM-022-SEMARNAT-2003, que establece criterios para su preservación, aprovechamiento sustentable y restauración.
Estas disposiciones prohíben expresamente actividades que alteren la estructura o dinámica natural del ecosistema, como rellenos, modificaciones del flujo hídrico o extracción de vegetación.
Los manglares en el país incluyen cuatro especies principales: el mangle rojo (Rhizophora mangle), el blanco (Laguncularia racemosa), el negro o prieto (Avicennia germinans) y el botoncillo (Conocarpus erectus). En Baja California Sur, los ejemplares suelen ser más pequeños en comparación con los de otras entidades como Chiapas, donde alcanzan alturas de hasta 30 metros.
En el marco de esta conmemoración internacional, diversas organizaciones subrayan la urgencia de continuar con programas de restauración y vigilancia comunitaria, especialmente en zonas urbanas costeras donde los ecosistemas de manglar enfrentan presiones constantes.
Asimismo, hacen un llamado a la ciudadanía a participar activamente en su conservación, respetar las regulaciones ambientales y fomentar prácticas que contribuyan a su recuperación.
Carolina Vizcarra | El Sudcaliforniano
