A contracorriente de la tendencia nacional, la lobera de Los Islotes, en el archipiélago de Isla Espíritu Santo, a 200 kilómetros de La Paz por mar, se ha consolidado como la única colonia de lobo marino de California (Zalophus californianus) con crecimiento sostenido en México.
La colonia registra un crecimiento promedio del 3 por ciento anual, una tasa modesta pero constante que ha sido documentada año con año. En 2022, el conteo oficial arrojó una población total de 719 individuos, cifra que aumentó a 874 en 2023 y a 943 en 2024. Para la temporada 2025, se estima que la colonia supere los 970 ejemplares, de los cuales más de 270 serían crías nacidas en el año.
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Lo anterior es demostrado por el trabajo científico encabezado por Claudia Janetl Hernández Camacho, profesora titular del CICIMAR-IPN y responsable del Laboratorio de Ecología de Pinípedos, quien ha dedicado más de dos décadas a su estudio sistemático.
La investigadora explicó que desde 2017, cuando se decretó el cierre estacional a actividades de nado en en la zona, se ha registrado un aumento significativo de nacimientos, así como las primeras cópulas observadas en la historia de la colonia. “Después del cierre en 2017 empezamos a ver cópulas; nunca antes había sucedido”, comentó.
Ese año, tras una serie de ataques por parte de machos territoriales hacia turistas, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP) estableció el cierre al nado con lobos marinos del 1 de junio al 31 de agosto, coincidiendo con la temporada reproductiva. La medida ha permitido disminuir el estrés en los ejemplares y favorecer los procesos naturales de apareamiento y crianza.
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El incremento sostenido ha obligado a parte de la población a expandirse hacia otras zonas cercanas, como San Rafaelito, Las Ánimas y San Francisco, elevando el total regional a más de 1,000 lobos marinos en Los Islotes (Espíritu Santo), San Rafaelito, San Francisco y las Ánimas.
“El hecho de que los animales se estén desplazando a zonas menos accesibles al turismo indica un estrés acumulado”, señaló Hernández Camacho. Este patrón fue confirmado por estudios recientes de su equipo, incluyendo tesis de estudiantes de la UABCS, que documentan cambios espaciales en la colonia y la extensión del periodo de nacimientos, que ahora se registra desde abril hasta septiembre.
Un laboratorio natural frente a La Paz
Desde el Laboratorio de Ecología de Pinípedos del CICIMAR-IPN, la doctora Claudia Hernández Camacho y su equipo llevan más de tres décadas documentando la evolución demográfica, alimenticia y conductual de las poblaciones de lobos marinos en el Golfo de California.
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Cada verano, el grupo realiza conteos poblacionales diferenciados por edad, análisis de condición corporal de crías y monitoreos del comportamiento de los animales ante la presencia humana.
En colaboración con diversas instituciones educativas como la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS), el laboratorio ha impulsado proyectos de tesis de licenciatura, maestría y doctorado que han permitido revelar datos inéditos, como la extensión de la temporada de nacimientos o los desplazamientos espaciales de la colonia dentro de la isla. Asimismo, mantiene un intercambio permanente de información con investigadores de Estados Unidos y Canadá, como parte de redes científicas sobre pinnípedos del Pacífico.
Otro eje de trabajo fundamental es el estudio de la ecología trófica, que se realiza mediante el análisis de excretas recolectadas en las islas. A través de los restos de peces —especialmente otolitos, estructuras óseas del oído interno—, es posible reconstruir la dieta de los ejemplares y evaluar la calidad nutricional del entorno marino. Estas investigaciones permiten correlacionar las variaciones en la alimentación con cambios en la natalidad o en el estado físico de las crías.
Además de su labor investigativa, el laboratorio mantiene una estrecha colaboración con la CONANP en el diseño de políticas de manejo, como el cierre estacional al turismo y el monitoreo de riesgos por enmalle en redes de pesca. A lo largo de los años, el modelo de gestión basado en evidencia científica y participación comunitaria ha convertido a la lobera de Los Islotes en un caso de estudio reconocido a nivel internacional.
En contraste, el resto del Golfo de California y la costa del Pacífico mexicano muestran tendencias decrecientes desde hace 40 años, asociadas al cambio climático, alteraciones en la calidad de las presas y menor vigilancia por parte de las autoridades debido a su localización geográfica de difícil acceso.
Depredadores, enmalle y cambio climático
Los riesgos naturales incluyen la presencia de tiburones blancos y orcas, aunque estas últimas, en la región de Espíritu Santo, no se alimentan de lobos marinos. Sin embargo, el enmalle en artes de pesca continúa siendo una amenaza. En los años 90, el 10 por ciento de los ejemplares presentaban restos de redes, mientras que hoy, tras la declaratoria del Parque Nacional en 2007, esa cifra se ha reducido a menos del 1por ciento.
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El aumento de la temperatura superficial del mar es otra amenaza latente. “Está cambiando la composición y calidad de las presas, lo cual afecta directamente la fecundidad y salud de la población”, advirtió Hernández Camacho.
Depredadores, enmalle y cambio climático
A pesar del crecimiento del turismo, la colaboración entre científicos, autoridades ambientales y prestadores de servicios turísticos ha sido ejemplar. Cada año, CICIMAR imparte talleres gratuitos a guías turísticos para capacitarlos sobre el comportamiento de la especie y la importancia de seguir las regulaciones.
“Llegué a contar 500 personas nadando al mismo tiempo; parece un balneario”, relató la investigadora, que además menciona que la sinergia entre academía y prestadores de servicios turísticos es muy positiva y contribuye en gran medida al éxito de esta lobera.
Conductas extraordinarias y vínculo madre-cría
El lobo marino de California (Zalophus californianus) es un mamífero marino que lleva una vida anfibia: se reproduce y descansa en tierra, y se alimenta en el mar. Su dieta está compuesta mayormente por peces, aunque también consume una proporción menor de calamares. La especie presenta un sistema reproductivo poligínico, donde un solo macho domina un territorio y se aparea con múltiples hembras. El ciclo vital inicia con una fecundación seguida de diapausa embrionaria de tres meses, tras la cual se activa una gestación de nueve meses, dando un total de doce meses de intervalo entre nacimientos.
Las crías nacen en tierra firme con un peso que aumenta en promedio 140 gramos por día, alimentadas por una lactancia que se extiende durante aproximadamente un año. Las hembras inician su capacidad reproductiva desde los tres o cuatro años de edad y, a diferencia de los machos, permanecen fieles a su colonia natal durante toda su vida reproductiva. En contraste, los machos realizan migraciones de hasta 900 kilómetros y enfrentan un alto desgaste físico y energético que limita su esperanza de vida a unos 17 a 19 años, mientras que las hembras pueden alcanzar hasta 26 años.
El monitoreo conductual ha permitido documentar momentos únicos de la biología del lobo marino. Entre ellos, la enseñanza del nado, donde las madres arrojan repetidamente a sus crías al mar hasta que aprenden a flotar, y las vocalizaciones únicas con las que cada cría reconoce la llamada de su madre.
“Una comunidad con identidad es una comunidad con esperanza de permanecer”, expresó Hernández Camacho, al señalar que este esfuerzo de conservación también tiene un valor simbólico para la sociedad sudcaliforniana.
Una esmeralda en el Golfo
Gracias a su labor, Los Islotes ha sido reconocida con el Listón Verde de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) en dos ocasiones por sus prácticas exitosas de manejo. En palabras de la propia Claudia Hernández: “Los Islotes es la única colonia de todo México que está creciendo; es nuestra esmeralda”.
Actualmente, se preparan los datos del censo 2023-2024, que serán publicados tras el conteo integral de julio. Con estos nuevos resultados se confirmará si la tendencia positiva se mantiene y cómo evoluciona esta colonia clave para el futuro de la especie en México.
Emilio Avendaño | El Sudcaliforniano
