En las calles del centro, aún parece flotar el aroma de vinagre, salsa secreta y recuerdos. El puesto de tostadas “3 Lagrimitas” no solo fue un referente del antojo callejero, sino una esquina entrañable de identidad salmantina. Y detrás de ese sabor, de ese legado, estuvo don J. Mercedes Rodríguez Prieto, conocido cariñosamente como “El Chapulín” o simplemente “3 Lagrimitas”. Un nombre que, para cientos de salmantinos, no sólo representa un apodo, sino una historia de trabajo, orgullo y corazón.
“Mi papá fue el primero que vendió tostadas de cueritos en Salamanca”, recuerda Yolanda Rodríguez Hernández, su hija, con la mezcla de admiración y nostalgia que acompaña a las grandes ausencias. Desde los 18 años, Don Mercedes recorrió los caminos del comercio ambulante, primero con jícamas, elotes y frutas de temporada, hasta crear una receta única que conquistó paladares por generaciones. Fue un pionero sin saberlo, un visionario con carrito y cuchillo en mano, un hombre de campo convertido en símbolo de sabor urbano.
Nacido de raíces humildes y campesinas en la comunidad de Los Prietos, creció entre tierras sembradas por su padre y los regateos del mercado. Aprendió pronto que la vida se gana a pulso y que una tostada puede ser mucho más que una botana. “Él vivía de las encueradas”, decía con humor, en referencia a las tostadas de cueritos, el platillo que le dio nombre y que, aún hoy, sigue dejando huella.
Su negocio nació de una necesidad muy clara: sacar adelante a sus cinco hijos. Sin estudios universitarios, pero con la sabiduría de la calle, un día propuso a su esposa iniciar la venta de tostadas. Ella lo apoyó y él creó su propia salsa, un secreto tan bien guardado como querido. La receta (que nunca patentó pese a los ofrecimientos) fue el alma de su éxito, el toque maestro que hizo de sus tostadas algo inigualable.
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Su rutina era la del compromiso total. A las siete de la mañana ya recorría el mercado, escogiendo personalmente los ingredientes con la exigencia del que sabe que el cariño también se cocina. Durante años, movió hasta cien kilos de cueritos por semana. La calidad era sagrada. “Mis clientes me siguen por algo”, solía decir con convicción.
Don Mercedes no solo fue un comerciante, fue un proveedor incansable y un padre presente desde la trinchera del trabajo. No fue el padre de los abrazos fáciles, sino el que se aseguraba de que nunca faltara comida en la mesa ni estudios en la mochila. “Nunca nos pegó, nunca nos regañó. Siempre fue el proveedor, el que se partía el alma por nosotros”, dice su hija. Gracias a su esfuerzo, todos sus hijos tuvieron una carrera, aunque ninguno siguió literalmente sus pasos, sí heredaron su ejemplo.
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El 2 de junio, “3 Lagrimitas” dejó la tierra para partir al plano celestial a los 80 años. Su legado de más de 45 años al frente del negocio, también estuvo marcado por retos que lo llevaron a retirarse del negocio físicamente (como fue haber perdido una pierna por complicaciones de salud) y aun así nunca dejo de luchar. Con la muerte de su esposa llegó la tristeza, pero también la resiliencia. Hasta el último día, su chispa y amabilidad fueron su marca.
Su legado no se detiene. Dos de sus hijos, los cuates, continúan el negocio: uno en Abasolo y otro en la calle Tomás Esteves. El sabor sigue, pero también la nostalgia. “No deja solo 3 lagrimitas, deja mil en nosotros como familia”, dice Yolanda con voz entrecortada. “Él ya era internacional. Su salsa llegó hasta Estados Unidos. Pero el secreto, el verdadero secreto, era él”.
Hoy, su legado prevalece y lo inmortaliza a través de los tiempos, como un genio culinario y se le extraña, pero también se le recuerda con el cariño que se reserva para los grandes: los que supieron ganarse a pulso el respeto y el afecto del pueblo. Aun así, sigue latiendo el corazón de “3 Lagrimitas”, entre vinagre y salsa.
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“El Chapulín” como también lo conocían, se convirtió en una de las personas más queridas de Salamanca, que la Casa de la Cultura, inmortalizó su imagen y aporte culinario en un cuadro que se exhibe en ese recinto.
Sanjuana Medrano | El Sol de Sinaloa
