Los productores de jícama en la zona norte de Veracruz enfrentan un panorama incierto ante el inicio del próximo ciclo agrícola de julio, debido a la falta de lluvias que impide las condiciones necesarias de humedad en la tierra para iniciar la siembra.
La sequía que afecta a la región no solo amenaza con retrasar el cultivo, sino que ha reducido drásticamente la superficie sembrada en los últimos años.
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La sequía: enemigo constante de los campos de Veracruz
Alfredo Gallardo, agente municipal de la comunidad La Brecha Huasteca, señaló que los agricultores están a la espera de que lleguen las lluvias para poder comenzar a trabajar la tierra.
“Necesitamos que el suelo tenga la humedad suficiente para que la semilla de jícama germine adecuadamente y se logre una plantación con buen rendimiento”, explicó.
La sequía ha tenido efectos devastadores en el cultivo de este tradicional producto, el cual ha disminuido ciclo tras ciclo. “Cada año sembramos menos, porque la falta de agua provoca pérdidas parciales o totales. Eso afecta nuestras ganancias y nos impide reinvertir”, expresó Gallardo.
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Según datos proporcionados por los propios agricultores, hace 17 años la superficie destinada al cultivo de jícama era significativamente mayor. Hoy, esa extensión ha disminuido en más del 90 por ciento, principalmente por la descapitalización de los productores a causa de las pérdidas recurrentes.
Incrementa el costo de la producción agrícola
Además de la sequía, los agricultores enfrentan otro gran obstáculo: el alto costo de producción. Actualmente, el kilo de semilla de jícama cuesta 250 pesos, y se requieren al menos 25 kilos por hectárea, lo que representa una inversión de seis mil 250 pesos por hectárea solo en semilla.
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“Un pequeño productor que quiera sembrar cinco hectáreas necesita al menos 30 mil pesos únicamente para semillas, sin contar herbicidas, fertilizantes, mano de obra ni riego”, detalló Gallardo. El costo total por hectárea, desde la siembra hasta la cosecha, puede alcanzar los 40 mil pesos, una cantidad que muchos agricultores no tienen disponible.
Esta combinación de factores ha provocado una disminución alarmante en la producción agrícola, lo que impacta directamente en el abasto local y los ingresos de las familias campesinas. La jícama, un producto típico de la región, ha dejado de ser rentable y su cultivo ahora se considera de alto riesgo.
Los agricultores del norte de Veracruz hacen un llamado urgente a las autoridades estatales y federales para que se implementen programas de financiamiento, apoyo técnico y obras de infraestructura hídrica que ayuden a enfrentar los efectos de la sequía y garanticen la continuidad de la siembra.
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Mientras tanto, los productores observan el cielo con esperanza, esperando que la lluvia llegue a tiempo para salvar una temporada que, de no mejorar, podría representar un nuevo golpe para los campos agrícolas de Veracruz.
Alfredo Márquez | El Sol de Tampico
