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La Opinión

Colombia está a punto de virar hacia la izquierda

En el siglo XX cinco candidatos a la Presidencia de Colombia fueron asesinados por opositores, narcotraficantes o paramilitares de ultraderecha

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A unas horas de las elecciones presidenciales en Colombia, 29 de mayo, la campaña se tensó en la recta final a la caza de los indecisos y en un ambiente cada minuto más polarizado, incluso con amenazas de muerte que reviven el fantasma del magnicidio.

Mire si no es para preocuparse, en el siglo XX cinco candidatos a la Presidencia de Colombia fueron asesinados por opositores, narcotraficantes o paramilitares de ultraderecha con la ayuda de agentes estatales: tres izquierdistas, uno de ellos exguerrillero como el hoy favorito Gustavo Petro, y dos liberales.

Además, hay desconfianza entre los colombianos con el sistema electoral y el repunte de la violencia en zonas apartadas caldean los ánimos en las vísperas de los comicios que relevarán al presidente Iván Duque, quien padeció una ola de protestas en contra de su mandato y que sólo el confinamiento por el Covid-19 pudo detener.

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El senador de oposición Petro, exguerrillero y exalcalde de Bogotá de 62 años, sigue liderando las encuestas (41%) aunque no con los suficientes apoyos para evitar una segunda vuelta el 19 de junio. De ganar, sería la primera vez que la izquierda conquista el poder en un país históricamente gobernado por élites conservadoras y liberales. Además, se sumaría al retorno de los mandatario de izquierda en la región.

En una eventual segunda vuelta las encuestas prevén un duelo entre Petro y el derechista Federico Gutiérrez, exalcalde de Medellín de 47 años, con cerca de 27% de la intención de voto, aunque seguido de cerca por un outsider: el empresario independiente Rodolfo Hernández, de 77 años e imposible de ubicar en el espectro político.

La aspirante franco-colombiana Ingrid Betancourt, exrehén de las antiguas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), se unió a su campaña de Hernández.

Petro cerró el domingo su campaña en el centro de Bogotá junto a la sede de la alcaldía que ocupó entre 2012 y 2015. Su candidata a la vicepresidencia, la ambientalista afro Francia Márquez, lo acompañó. Su discurso número 100 desde agosto se centró en reafirmar una promesa de “cambio” sin revanchas, “para todos los colombianos” que frene “el odio político en la sociedad”.

“Fico” Gutiérrez celebró un mitin el mismo día en Medellín, su cuna y la segunda ciudad del país. Después de haber llamado contra “los comunistas” que quieren “expropiar” y “acabar con las instituciones”, el líder de la coalición derechista “Equipo por Colombia” invitó a la unión en medio de la polarización y a luchar contra la “inseguridad”.

Pero la campaña estuvo marcada por amenazas contra los principales candidatos. Petro debió robustecer su esquema de seguridad y ahora habla en público con chaleco antibalas y protegido por un cerco de escudos blindados. El sábado en la noche, un láser verde apuntó a Francia Márquez mientras daba un discurso en Bogotá que activó a sus guardaespaldas y obligó a cancelar el mitin. La fiscalía investiga el incidente.

Gutiérrez también denunció intimidaciones que, sumadas a un clima enrarecido por la violencia, despierta el miedo al magnicidio en un país donde cinco candidatos presidenciales fueron asesinados en el siglo XX.

Otra controversia toma fuerza en el último tramo de la campaña, alimentada por la desconfianza en el proceso electoral que tuvo un atropellado desempeño en las legislativas del 13 de marzo. Entonces, el conteo final dio casi 400 mil votos para la izquierda que no habían sido incluidos en el preconteo divulgado el día de las votaciones.

La coalición liderada por Petro obtuvo tres asientos adicionales en el Parlamento para llegar a 45 y convertirse en la principal fuerza junto a los liberales, algo que no agradó nada a la derecha ni a su líder moral Álvaro Uribe.

Después de varias declaraciones sobre el programa informático que se utilizará esta vez para el recuento de las papeletas, corren rumores sobre una posible suspensión o dimisión del jefe de la Registraduría Nacional del Estado Civil –encargada de la organización de las elecciones– o incluso un aplazamiento in extremis del escrutinio.

El sábado en la noche, Petro lanzó una “alerta” y afirmó durante un discurso en Barranquilla que “están intentando un golpe al voto popular”. “Tienen pensado suspender las elecciones, tienen pensado suspender los órganos que rigen el proceso electoral en Colombia”, aseguró vehemente. El izquierdista convocó a una reunión de “urgencia” el lunes con otros candidatos para discutir el tema.

De consumarse los pronósticos, Petro se subirá a un barco con olas muy peligrosas y con retos muy importantes para tratar de cambiar el rumbo de Colombia, sobre todo, con la enquistada derecha que se resiste a ceder el poder que ha mantenido durante muchos años.

Al menos el Ejército de Liberación Nacional (ELN) anunció una tregua electoral, lo que puede significar un gesto de diálogo futuro con ese grupo guerrillero para posiblemente tener un acercamiento de paz, aunque sin dejar de considerar que la disidencia de las FARC, instalada en la frontera con Venezuela, será un dolor de cabeza serio.

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Será muy interesante ver cuál será la política de Petro respecto a su par de Venezuela, Nicolás Maduro, esa relación marcará el futuro de ambos países que actualmente están en constante roce, sobre todo, por el trasiego de droga y el control de las zonas clave para esa práctica y el creciente problema de la migración venezolana a suelo colombiano. O usted ¿qué cree?