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Los policultivos son amigables con el medio ambiente y el bolsillo de la gente

Este tipo de agricultura prioriza la utilización de un mismo suelo para producir distintos alimentos, lo cual repercute de manera positiva en la salud

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Foto: Reuters

La tarea de los agricultores al sembrar y cosechar alimentos para todas las comunidades requiere de prácticas sustentables que beneficien tanto a las familias productoras como a las comunidades lejanas a ellas.

Actualmente existen varias opciones para los productores a la hora de sembrar sus alimentos, entre ellas los policultivos y los monocultivos.

Aunque parezca algo lejano a muchos de nosotros, lo que pasa en los sembradíos de aguacate y de limón, por poner dos ejemplos, repercute en nuestra vida cotidiana.

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Pero, ¿cuáles son sus diferencias y de qué manera nos afecta lo que pase en ellos?

Hoy en día los policultivos están mayormente relacionados con la seguridad agroalimentaria desde el nivel familiar hasta el nivel regional. Mientras que los monocultivos se asocian con prácticas agroindustriales y masivas en donde se usan en mayor medida agroquímicos tóxicos.

El principal diferenciador entre un monocultivo y un policultivo, es como su nombre indica, el número de especies que se siembran en una superficie.

En los monocultivos sólo se siembra una especie, mientras que los policultivos permiten la interacción entre diferentes grupos en un espacio determinado.

Pero su diferencia va más allá, ya que también tienen diferentes repercusiones ambientales y sociales.

Los monocultivos son una de las principales causantes del cambio climático, ya que al sembrar de manera masiva una sola especie, la demanda de ciertos nutrientes que provee la tierra es mayor a la de los cultivos con varias especies.

De acuerdo con la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, estos también propician la degradación del suelo, particularmente en áreas costeras bajas, deltas de los ríos y tierras secas.

Dicha degradación se le atribuye en mayor parte al uso excesivo de agroquímicos, que contaminan los alimentos, las plantas y el suelo. También pueden llegar a extinguir los insectos y hongos que habitan en el cultivo, lo que reduce la biodiversidad que hay en dicha superficie.

“Los restos de los agroquímicos empleados en los monocultivos pueden permanecer en el ecosistema durante mucho tiempo, como en el aparato digestivo de los animales, aves o insectos”, dijo Lumara González, bióloga dedicada a la comunicación de la ciencia.

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Un ejemplo de ellos son los insecticidas organoclorados, que aunque hoy en día ya están prohibidos, los especialistas siguen encontrando restos de él en los organismos de las aves.

 “Una de las grandes críticas a los monocultivos, aparte de que sólo plantan una especie, es que por lo general, esta viene de semillas transgénicas y por lo consiguiente, necesita herbicidas que están ligados a las mismas empresas que venden este tipo de semillas”, asegura Erika Luna, especialista en ciencias ambientales y analista de políticas públicas del Instituto Internacional de Desarrollo Sustentable.

Todo esto ha puesto en duda la eficacia de los monocultivos, llevando a los productores a optar por otras estrategias.

En contraparte, los policultivos proveen mejores servicios sociales y naturales, presentando mayor sostenibilidad. En ellos conviven diferentes especies de plantas, insectos y alimentos, generando microambientes y comunidades que permiten una fluctuación de recursos, es decir, propiciando el flujo de materia y energía en el mismo sitio.

También, gracias a la diversidad de sus especies, atraen diferentes polinizadores como las abejas, mejorando de igual manera la calidad del suelo y del agua. Estas comunidades permiten que el ecosistema se ayude a sí mismo, es decir, que cada uno de sus componentes contribuya a que los otros funcionen de manera óptima.

Por ejemplo, todas las plantas requieren de hongos para sobrevivir, estos se asocian a sus raíces para obtener más nutrientes de la tierra. También, dichos hongos le dan fijación al suelo, lo que evita la erosión.

Y por otra parte contribuyen a conservar la humedad en el suelo, evitando las sequías.

“Con la humedad se genera mayor diversidad de bacterias que airean el suelo, como las lombrices de tierra, que generan canales por los que fluyen los gases como el oxígeno y el dióxido de carbono”, agregó Lumara González, también conocida como “Lumara La Bióloga”, un personaje que mediante el stand up encontró la manera de conectar temas de ciencia con la cotidianidad y las emociones de las personas.

Este flujo de energía también está presente cuando los microorganismos descomponen la materia orgánica y la convierten en nutrientes para las plantas del cultivo.

Una de las mayores preocupaciones de los agricultores son las plagas, las cuales arrasan con sus cultivos de alimentos o plantas. Pero también existen factores que diferencian a los cultivos al recibir y combatir las plagas.

Y es que como añade Erika Luna, los monocultivos son más vulnerables a las plagas, porque no hay diversidad de organismos que las puedan mantener alejadas.

Cuando hay plagas en los monocultivos, se aplican sustancias sintéticas producidas en laboratorios, que por lo general están diseñadas para matar insectos y hongos.

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Sin embargo, estas sustancias no discriminan entre las plagas, los insectos y los hongos del hábitat. Como consecuencia, también aniquilan otros polinizadores, tales como arácnidos y abejas, disminuyendo la biodiversidad del microambiente.

Existe un tipo de agroquímicos denominados fungicidas, los cuales tiene como propósito eliminar los hongos que sean plagas. Sin embargo, estos también eliminan a los hongos que las plantas necesitan para asociar sus raíces con la tierra, generando pérdida de humedad y de la fijación del suelo.

“El uso de agroquímicos hace que al final el suelo se degrade, orillándolo a regenerarse de manera natural, sin embargo, ese proceso puede tomar en un periodo muy prolongado” agregó González.

Pero también el ser humano puede contribuir a la recuperación del suelo, buscando recolonizar los espacios dañados, cuidando la humedad e introduciendo de manera paulatina materia orgánica para que esta se reintegre a la tierra.

Cabe destacar que el suelo de los monocultivos se erosiona con mayor facilidad que el de otros cultivos, lo que se traduce en pérdida de nutrientes y de biodiversidad.

Contrario a ello, los policultivos están más preparados para enfrentar adversidades porque una especie puede estar proveyendo de nutrientes a otra mientras está siendo atacada por una plaga.

Esto quiere decir que hay una menor repercusión de las plagas en ellos, pero, si alguna llega a afectar la siembra, los métodos para mitigarlas son más ecológicos.

“Es más fácil y más rápido que un policultivo se recupere después de una plaga, contrario a los otros, que requieren mucho tiempo y recursos”, añadió Luna.

Existe un método de control de plagas llamado control biológico en el que se introduce una especie para regular la población de otra.

Un ejemplo de esto son las catarinas o mariquitas. Dichos insectos suelen ser considerados plagas; sin embargo, controlan la sobrepoblación de otros insectos que pueden ser potenciales plagas en las plantas.

También algunas arañas se alimentan de larvas de insectos que se pueden convertir en un riesgo para el sembradío.

Además, hay hongos que se alimentan de nematodos; gusanos microscópicos que afectan a los cultivos. Dichos hongos forman una trampa en forma de collar que se activa bioquímicamente cuando el nematodo pasa por ahí, inflamando sus células y ahorcando al gusano.

“También el género de hongos cordyceps, es conocido por tener hongos que producen insectos zombies. Lo que hacen es generar esporas que entran al sistema de las hormigas, avispas y arácnidos, creciendo dentro de ellos y matándolos”, afirmó González.

Hoy en día, las esporas de estos hongos son comercializadas para atacar problemas de la mosquita blanca.

Sin embargo, el control biológico en cultivos y plantas debe ser muy minucioso porque de lo contrario, la especie introducida puede convertirse en la plaga.

Tal y como pasó con el sapo Rhinella marina en Australia, donde fue introducido para controlar una plaga de escarabajos, pero hoy en día el sapo se convirtió en una plaga debido a su falta de depredadores, amenazando la biodiversidad nativa.

Los habitantes de las grandes ciudades, inmersos en su propia dinámica, suelen creer que lo que pasa en el campo es algo ajeno y que no les afecta de alguna manera, pero no es así.

“La pérdida de un monocultivo, por ejemplo, de limón, es como tener todos los huevos en una canasta, y si el cultivo no produce una cantidad que genere alguna ganancia, ahí inicia el problema”, afirma Luna.

Las pérdidas de grandes cantidades de un sólo alimento o planta traen problemas económicos desde el inicio de su cadena de producción. Es decir, si un agricultor pierde toda la producción de un sólo alimento, tendrá que aumentar su precio considerablemente para que no se quede sin recursos.

En los casos más extremos, si hay una pérdida masiva de alimentos, el cultivo incluso se puede dejar de producir por algunas familias agricultoras, haciendo que su precio se eleve aún más.

Sin embargo, con los policultivos, las pérdidas no son tan grandes ya que los productores tienen otras especies de alimentos a las que pueden recurrir si alguna llega a perderse.

Por otro lado, permiten que la población se pueda alimentar de diferentes especies, proveyendo de diferentes nutrientes que contribuyen a la salud de las personas.

Además, este tipo de cultivos brindan alimentos que están tratados con menos sustancias sintéticas, incrementando la ingesta de productos más variados y más naturales.

“Social y ecológicamente hablando, los policultivos son una mejor opción, ya que son menos agresivos con el medio ambiente y menos exigentes económicamente”, puntualizó Lumara González.

José Carlos Román | El Sol de México

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