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Cuando quise parar, me dio el blues de la tercera edad: Miguel Ríos

El pionero del rock en español celebra 77 vueltas al sol con un nuevo disco

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Foto: Javier Salas

Su voz no desmerece, aunque tampoco es la misma de los 80, esa voz potente que cantaba “Bienvenidos” en todos sus conciertos y en la que según él mismo, fue su cúspide cuando visitó México el 29 de abril de 1988, uno de los primeros conciertos masivos de un artista extranjero en el país. Es Miguel Ríos, el de antes pero el de hoy.

El escenario fue la Plaza de Toros, una noche en la que el Rock and Ríos sonó en voz de los 40 mil asistentes que aguantaron un aguacero, y que Miguel dice que recordará hasta el día que muera.

“Muy insensible tendría que ser si no me acordara de la gente bajo la lluvia, sus ganas de recuperar algo que jamás debería de haberle sido arrebatado, su rocanrol y el miedo a que se jodiera todo otra vez”, expresó.

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“Un largo tiempo”, el más reciente álbum de Miguel Ríos con The Black Betty Trío, suena a las memorias del artista español. La presentación fue el 7 de junio, día del cumpleaños 77 de Miguel.

“No sé si (la fecha) llega a la cábala, pero es un lindo capicúa. Y cumplirlos en buena salud, es algo que quiero celebrar. Por eso lo presenté en un showcase solidario por streaming, donde las cámaras entraron en mi fiesta y le presenté mis nuevas canciones más alguna no tan nueva, y a los Black Betty… Ah, y estrené mi nuevo single, “Hola Ríos Hello!”, relató.

El evento comenzó con esta nueva canción en la que a ritmo de rock justifica su regreso a los escenarios, casi disculpándose por haberse ido 10 años y por haber hecho una gira del adiós del que se arrepintió para volver a tocar.

“Tenía anotado en un antiguo diario no envejecer nunca en el escenario… y cuando quise parar me dio el blues de la tercera edad… al dejar de saltar noté que me empezaba a oxidar…” Y remata como quien acepta la culpa: “aquella gira de despedida me convirtió en embustero por vida”.

Comentó que con The Black Betty Trío se logró un disco honesto y contemporáneo “…este es un sonido más rugoso y menos edulcorado. Más acorde con mi actual edad. Lo que espero es que me sirva para seguir comunicándome con la gente a la que le gusto. Y que sirva para conmover y emocionar a quien lo oiga. Como siempre”.

Miguel tiene razón. Se nota su madurez, no sólo en lo físico, que es evidente cuando da un show cantando en una silla, a comparación de la energía que proyectaba en los años del Rock and Ríos (1982), Rocanrol bumerang (1980), El rock de una noche de Verano (1983), El año del cometa (1986) y Miguel Ríos (1988), todos álbumes de la década de los 80 que cerró con el Directo al corazón en 1990, y en cuyas presentaciones saltaba y derrochaba energía.

Tampoco parece un anciano, pero sí, como él mismo lo define, “soy un artista senior”. Esa madurez se nota en el sonido, en el dominio de la voz, las entradas perfectas, en sus acordes, y en ya no pensar tanto en las apariencias sino en su arte.

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Miguel canta como quien le canta a sus amigos, en un disco más íntimo, contando aventuras a sus fieles admiradores, dejando que le vean un bigote que nunca se le había visto, vestido para una fiesta entre cuates más que para una transmisión en vivo.

Recordó que las dos giras que hizo mientras estaba jubilado fueron “El gusto es nuestro 20 años después” y “Symphonic Ríos”, una gira con orquesta de 50 músicos.

Esta producción podría parecer más para un público asiduo, para clientes frecuentes, porque en muchas canciones es autoreferente, en Memphis-Granada cuenta cómo se volvió al rock y no a otro ritmo, “España era un país donde la tradición aplastó a la joven tú por orden del dictador… Final de los 50, Elvis era dios, y yo un chaval de Cartuja que se espabiló oyendo al Rey del Rock… y remata “una ola planetaria, salvó a mi generación”.

Miguel Ríos fue un pionero del rock en España, pero él tiene otra visión: “Yo no me considero un abanderado. Nunca he tenido pretensiones tan picudas”.

Sin embargo, Miguel fue, junto con otros de su generación, parte de un movimiento que le dio nuevos brios a la juventud que vivió bajo el régimen franquista.

Comenzó ganando un concurso de radio junto a sus amigos con la canción “You are my destiny”, de Paul Anka; a los 16 años se fue a vivir a Madrid y se dio a conocer como Mike Ríos, el Rey del Twist.

Ya como Miguel Ríos, tuvo éxito moderado en la segunda mitad de los 60 y fue en 1970 cuando creció en popularidad al grabar “La canción de la alegría”, extracto de la novena sinfonía de Beethoven, con la cual alcanzó el número uno en listas de popularidad en Australia, Canadá, Alemania, Suiza, Estados Unidos, y estuvo en los primeros 20 de Irlanda, Reino Unido, Sudáfrica, y claro, España.

Estuvo un mes en la cárcel por fumar mariguana después de un concierto, una experiencia que en una entrevista a Europa Press señaló como el momento más duro de su vida pues “un día te encuentras metido en el sitio al que el franquismo llevaba a la gente que cometía delitos, una especie de mazmorra medieval para la que no estaba preparado ni psíquica ni intelectualmente”.

Después de su época más prolífica en los 80, grabó El gusto es nuestro, en 1996, junto a Joan Manuel Serrat, Ana Belén, y Victor Manuel, con quienes hizo una gira mundial de gran éxito.

En 1998 presentó el espectáculo Big Band Ríos, en la que adaptó a Big Band muchos de sus éxitos y Mike Navajas, de la ópera de los tres centavos, de Kurt Weil y Bertold Brecht.

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Para el artista español su longevidad artística se debe a su versatilidad, y a que, “haga lo que haga, siempre será una nueva visión del rocanrol… he seguido manteniendo una dignidad creativa suficiente para que mis mecenas no me abandonaran”.

Ahora lo demuestra con el “Blues de la tercera edad”, que, aunque habla de una mujer, también parece tener un poco de él. Y se da tiempo de grabar lo que le gusta, como “Viene y luego va”, adaptación al español de la canción “Comes then goes”, de Pearl Jam.

Así, el disco transcurre entre recuerdos, temas nuevos y homenajes con un sonido sólido, consistente y muy pegajoso.

Al hablar del regueton, consideró que si tanta gente “perrea”, será porque les gusta. “Pero, sinceramente, yo no sé si es música generacional u otra forma de business musical. Nosotros con el rocanrol también perreamos lo nuestro”.

De lo que no me cabe la menor duda, es que ahora se está haciendo mucha y muy buena música en todo el planeta. Se nota que, como en otros estilos musicales, la música popular tiene historia y relato para enganchar nuevas generaciones de músicos. Y, claro, tocan muy bien.

En cuanto a la pandemia, Ríos dijo que es la evidencia de que estamos en el camino equivocado, y sólo deja dolor y desigualdad.

En España, mi país, ha dejado una situación política muy enrevesada, en la que el neoliberalismo ha querido pescar en río revuelto. Pero la gente, en general, ha dado muestras de un gran civismo. Personalmente, no me puedo quejar porque, hasta ahora, he salido indemne. Pero en mi profesión ha dejado muchas averías.

Miguel no se ve averiado, sino fuerte, maduro, como esos sabios que ya no esperan la crítica, que ya no buscan respuestas sino que disfrutan de su arte, que cantan para ellos mismos y para quienes se han identificado con su música, con sus formas, ya sean viejos conocidos o nuevos en el grupo.

Hugo Maguey / El Sol de México