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La Opinión

AMLO y su obsesión por los intelectuales

AMLO muestra resentimiento a los intelectuales que lo critican y la gratitud a los hombres y mujeres de letras que apoyan su gobierno

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En su libro El regreso a la Jaula: El fracaso de López Obrador, Roger Bartra describe su sorpresa al ser blanco de un ataque retórico del presidente, sin deberla ni temerla, en una conversación que AMLO sostuvo con Enrique Semo en 2019. En la charla difundida en redes sociales, el mandatario y el historiador acusan a Bartra de traicionar las causas de la izquierda y aliarse con la derecha. 

Ante esto, Bartra reflexiona en las primeras páginas de su texto: “No es muy común ni frecuente que un presidente se mofe de un intelectual que lo ha criticado y, puedo asegurarlo con certeza, nunca antes me había ocurrido ser el objeto de escarnio de un personaje tan poderoso”.

La anécdota es relevante, ya que la semana pasada el presidente se mostró triste y desconcertado porque, según él, sólo cuenta con el apoyo de “diez intelectuales”. Destacan Pedro Miguel, Enrique Galván Ochoa y El Fisgón, entre otros. Muchos de ellos han colaborado en distintas tareas con el gobierno federal durante esta administración y varios participaron en la Guía ética para la transformación de México. Es decir, más que intelectuales, se han convertido en propagandistas y aduladores.

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Es curioso el resentimiento que AMLO muestra con los intelectuales que lo critican y es aún más curiosa la gratitud con que se refiere a los hombres y mujeres de letras que lo apoyan. No expresa su disgusto ni su agradecimiento en términos ideológicos o argumentativos, sino en clave moral.

Los intelectuales que lo respaldan son buenos y honestos. Quienes lo critican o cuestionan son malos y corruptos. Los primeros están del lado del pueblo y de la transformación. Los segundos son parte de la mafia del poder.

Por eso, utilicé el término “curioso”, porque realmente llama la atención que alguien categorice a los intelectuales en código moral y no en términos de pensamiento e ideas. No es común que alguien descalifique al intelectual por analizar la realidad y por ejercer el pensamiento crítico, pese a que ésa es precisamente su función esencial.

Lo que ocurre es que AMLO no quiere convencer a los intelectuales de que apoyen su proyecto mediante argumentos. Tampoco desea debatir con ellos en el terreno de las propuestas y las ideas. Más bien, ansía convertirlos al obradorismo.

Y aquí uso el verbo convertirlos en un sentido parecido al religioso: convertirlos a la fe del proyecto regeneracionista; convertirlos a la ética de la transformación.

El que no se convierta es impuro. Aquél que antes lo apoyaba y ahora lo critica es un traidor. El que lo respalda selectivamente —en ciertos aspectos sí, en otros no— es tibio y debe definirse. No hay que olvidarlo: “O se está por la transformación o se está en contra de la transformación”. No hay más.

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Regreso a la anécdota de Roger Bartra, a quien por cierto López Obrador ha criticado con renovados bríos en semanas recientes, luego de la publicación de su libro. Según AMLO, el pecado de Bartra fue “pasarse a la derecha” y “dejarse cooptar por Enrique Krauze”.

La crítica de Bartra le duele al presidente porque viene desde la izquierda y porque el autor acusa a AMLO de no ser realmente izquierdista. Para López Obrador, es inconcebible que alguien se niegue a apoyarlo porque su proyecto no lo convence o porque observa tendencias autoritarias en su forma de gobernar.

Para el presidente, hay un interés oscuro detrás de cada crítica, hay un intento de defender los privilegios perdidos detrás de cada cuestionamiento y hay un desprecio por el pueblo detrás de cada duda.

En ese sentido, lo que realmente le interesa a AMLO no es tener a los intelectuales de su lado, sino contar con evangelistas que difundan la buena nueva, que propaguen la fe en su proyecto y en su persona.

En la renovación moral de la vida pública nacional, no hay lugar para los matices y los cuestionamientos. En la transformación, no caben el debate y el pensamiento crítico. Sólo caben el dogma y la fe. 

Twitter: @peloncoste