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La Opinión

La pandemia de Covid-19 es el gran reto de Joe Biden

La pandemia de Covid-19 es un tema de seguridad nacional para el gobierno de Joe Biden, porque de eso depende la reactivación económica de Estados Unidos

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Cada 3 minutos muere un estadounidense contagiado de Covid-19.

En plena pandemia de Covid-19 vamos a presenciar un cambio de poder histórico en Estados Unidos, porque el presidente Donald Trump no se presentará a la ceremonia de investidura de su sucesor Joe Biden, evitando hasta el último segundo reconocer su derrota y mandando un mensaje de resistencia a sus seguidores.

La ceremonia de cambio de poder del 20 de enero de 2021 estará vigilada por un amplio dispositivo de seguridad encabezado por la Guardia Nacional, que considera 25 mil elementos, algo nunca antes visto en Estados Unidos y con un mínimo de invitados por las medidas sanitarias por la pandemia de Covid-19.

La pandemia de Covid-19 será el primer gran reto del nuevo gobierno de Biden, quien tratará de bajar el nivel de contagios y de muertos (tres por minuto) en Estados Unidos, de hecho es el país más afectado con casi 23.5 millones de positivos y casi 390 mil fallecidos.

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Lo que para Donald Trump hace un año: Era una“gripita”. Hoy es el tema prioritario del nuevo gobierno, inclusive de seguridad nacional, de que se controle o no el Covid-19 dependerá la reactivación económica y productiva de la principal potencia del mundo.

El reto es titánico, porque la administración de Biden debe agilizar la entrega y aplicación de vacunas, tratar de borrar de tajo la mala herencia de Trump al no uso de la mascarilla y de respeto a la sana distancia, por lo que deberá de implementar una agresiva campaña de concientización.

El gobierno de Biden también debe de presentar modelos y planes económicos que ayuden a reactivar la recuperación de la principal economía en occidente. Sin duda, el reto para los primeros 100 días en el poder son grandes y hay muchas expectativas de que las cosas cambien, para bien.

En este sentido, México puede jugar un papel muy importante en esas propuestas económicas, debido a la alta relevancia que tiene la maquila y las fábricas de autopartes que las firmas estadounidenses han instalado en territorio nacional, claro todo esto en el marco del nuevo tratado trilateral con Estados Unidos y Canadá, que dicho sea de paso es otra de las herencias de Trump.

Aunque habrá que estar muy pendientes de la manera en que el nuevo gobierno estadounidense asume la aplicación del llamado T-MEC, hay que recordar que los demócratas exigían mejores condiciones en materia laboral y en política ambientales.

Aunque también es verdad que las condiciones en este momento son otras, están bajo la sombra de una emergencia sanitaria que afecta a Estados Unidos y a todo el mundo.

Hay otro asunto que tomará dimensiones importantes con los efectos de la pandemia y es la migración ilegal, porque muchos migrantes pueden pensar que “muerto el perro se acabó la rabia”, pero no es así. 

Hay que recordar que la gestión del demócrata Barack Obama (vicepresidente Pence) deportó a más inmigrantes durante sus ocho años de gestión –dos millones 858 mil 980– que la del saliente Trump, que sólo registró oficialmente 735 mil 541, en cuatro años.

Además, bajo la presión de Trump, México y los países del Triángulo Norte (Guatemala, El Salvador y Honduras) se convirtieron en terceros países seguros y eso nos obliga a mantener en nuestro territorio a los solicitantes de asilo.

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Todo esto, sin olvidar que México es la puerta principal de los inmigrantes latinos que quieran ingresar a la Unión Americana y eso se puede convertir en un cóctel de problemas generado por una sobrepoblación fronteriza aunada, sin duda alguna, a una crisis sanitaria por los altos contagios que puede ocasionar.

Para no ir tan lejos, cientos de migrantes formaron el pasado jueves en Honduras una caravana que pretende llegar a EU, atravesando Guatemala y México, en busca de mejores condiciones de vida, con la esperanza de que el próximo presidente, Joe Biden, les abra las puertas. La verdad lo veo difícil.

Por su puesto, todo lo anterior teniendo en consideración que la administración saliente gobernó bajo la bandera del divisionismo social, que no es que sea nuevo en ese país sino tan viejo como él mismo, pero que fue bastante utilizado con la finalidad de sumar apoyos al Partido Republicano y al siente presidente.

Grupos de derecha y ultraderecha que se movían por las mazmorras de Internet y de círculos sociales vivieron durante estos cuatro años un renacer que les permitió posicionarse y hacer de todo: matar a negros, reprimir protestas por los abusos policiacos e incluso intentar desconocer la elección presidencial del pasado 3 de noviembre.

Y cómo no desconocerla sino no le  favoreció a su gran líder Donald Trump, quien hoy deberá de enfrentar un segundo juicio político, ya no para quitarlo del poder sino para evitar que regrese al mismo.

Ahora los ultraderechistas volverán a sus mazmorras, pero sólo para lamerse las heridas de su primer intento de romper la democracia; también puede ser un buen momento para que reflexionen y entiendan que Estados Unidos es una nación multirracial, de ahí proviene su fuerza como potencia, y que no son sólo ellos. O usted ¿qué cree?

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