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La Opinión

Motivos de celebración y preocupación por los nuevos consejeros del INE

Los nuevos consejeros del INE son expertos en materia electoral, no tiene conflicto de interés, pero sus perfiles son del agrado de Morena

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Nadie debe echar las campanas al vuelo con los consejeros del INE

La Cámara de Diputados aprobó el nombramiento de los cuatro nuevos consejeros del Instituto Nacional Electoral (INE) con 399 votos a favor, cinco en contra y cinco abstenciones.

Los cuatro nuevos consejeros del INE son Norma Irene de la Cruz Magaña, Carla Astrid Humphrey Jordan, José Martín Fernando Faz Mora y Uuc-kib Espadas Ancona. Todos ellos cuentan con una trayectoria profesional destacada y con credenciales más que suficientes para ocupar los asientos vacantes en el Consejo del Instituto.

Debido al enorme consenso legislativo y la idoneidad de los perfiles de los nuevos consejeros, la opinión pública se desbordó en júbilo y celebró el proceso de designación.

Hay motivos para celebrar: el debate civilizado y respetuoso entre las diferentes bancadas legislativas no es muy común en estos tiempos de polarización; el consenso entre las distintas fuerzas políticas, menos.

También hay que aplaudir al Comité Técnico que previamente eligió a los aspirantes finalistas y los envió a la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados. Su labor fue notable y demostró que los organismos técnicos que cuentan con personal experto y capacitado funcionan.

Otro motivo de celebración fue que, hasta unas horas antes de la deliberación del Pleno, se dudaba de la viabilidad de la votación, ya que un grupo de diputados y simpatizantes radicales de Morena y el PT, comandados por John Ackerman, intentó desestabilizar el proceso.

La operación política de Mario Delgado, las declaraciones de Porfirio Muñoz Ledo y la labor de contención de Ricardo Monreal y del presidente López Obrador desactivaron la intentona desestabilizadora y llevaron a buen puerto al proceso.

Todos ésos son motivos de celebración y su importancia no debe menospreciarse. Pero aún no hay que echar las campanas al vuelo.

Seamos realistas: la facción radical de Morena y el PT no acató el resultado del proceso de selección ni aceptó la legitimidad de los consejeros seleccionados por apego a las normas democráticas. Más bien, respetaron la designación por dos motivos: porque no obtuvieron el respaldo del presidente López Obrador y, sobre todo, porque se eligió a los consejeros que ellos apoyaban.

Si López Obrador hubiera manifestado su respaldo a los reclamos de Ackerman y compañía, los radicales hubieran tumbado el proceso, lo cual hubiese tenido consecuencias desastrosas para la legitimidad del INE y la viabilidad de la democracia mexicana.

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Lo mismo hubiera ocurrido si el Pleno de la Cámara de Diputados hubiera elegido a algún consejero desfavorable para esa facción radical (Javier Aparicio, por ejemplo).

Con esto no quiero decir que los nuevos consejeros no merezcan su nuevo cargo. Desde luego que lo merecen, pues todos ellos son expertos en diferentes rubros de la materia electoral, y ninguno de ellos presenta conflicto de interés o una clara afiliación partidista. Pero sus perfiles eran del agrado de Morena. Si no hubiese sido así, los radicales no hubieran aceptado su designación.

Por un lado, los radicales aceptaron el resultado del proceso debido a que los candidatos que ellos apoyaron salieron victoriosos. Por el otro, esta facción reconoció la legitimidad y la validez del proceso gracias a que López Obrador así lo hizo.

Cuando un proceso democrático los favorece (incluidas las elecciones), aceptan el resultado y lo celebran como un triunfo histórico. Cuando un proceso democrático les es adverso, denuncian fraudes y trampas de todo tipo (muchas veces sin evidencia alguna).

El comportamiento de John Ackerman en todo este proceso es una muestra clarísima de esta característica de los morenistas radicales.

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Primero, participó en la etapa inicial del proceso, en el Comité Técnico de Evaluación, desde donde trató de impulsar la candidatura de su amiga Diana Talavera. Cuando ésta fue desechada, denunció vicios y sesgos en el proceso de selección, y movilizó a sus huestes en la Cámara de Diputados para que lo respaldaran.

Después, ya en la segunda fase del proceso, en el Pleno de la Cámara de Diputados, los aspirantes que él apoyaba fueron elegidos, por lo que festejó el resultado y lo presentó como un triunfo democrático.

Cual niño pequeño: si pierdo el partido, es porque me hiciste trampa; si gano el partido, es porque soy muy bueno.

En resumen, celebremos tanto el proceso como la designación de los consejeros, pero no bajemos la guardia. El talante democrático de la facción radical de Morena —y, en menor medida, de todo el lopezobradorismo— permanece entre signos de interrogación. Habrá que ver cómo se comportan si obtienen un resultado desfavorable en las elecciones de 2021.