La forma en que las juventudes se reúnen y socializan ha evolucionado con el uso de la tecnología. Los adolescentes que antes se desenvolvían en espacios físicos y formaban tribus urbanas, ahora también se encuentran en comunidades digitales donde encuentran sentido de pertenencia.
Ante la falta de alfabetización digital, comunidades jóvenes aprenden de manera intuitiva y autodidacta, sobre cómo acceder a grupos privados en redes sociales que se convierten en un nicho de convivencia virtual que puede ser nocivo, mientras que los padres desconocen los entornos donde sus hijos se comunican.
Silvia Soler, directora del Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir; Alfredo Nateras Domínguez, doctor en Ciencias Antropológicas por la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa (UAM); además de Ricardo Olayo y Araceli Ramírez, fundadores de la plataforma Ola Yo Conecto, se refirieron a las diferencias y similitudes que hay entre las tribus urbanas y las digitales.
En entrevista con El Sol de México, Silvia Soler dijo que hay dos factores que han acelerado esta nueva forma de socialización entre los adolescentes: la generación de nativos digitales y el confinamiento derivado de la pandemia.
“Una diferencia para mí sustancial entre las tribus urbanas o las mal llamadas tribus digitales, es una generación de jóvenes que han nacido o son nativos digitales. Hay un gran componente de la socialización de las juventudes, que ahora tiene que ver con esta socialización a través de las redes”, explicó.
La interacción que anteriormente se daba en espacios físicos, hoy se vuelve global con discusiones, pensamientos e ideas que se trasladan de manera global con personas de otros países.
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“Ya no hablamos de grupos de jóvenes ubicados en un territorio, sino de comunidades globales con circulación de ideas que traspasan países. El fenómeno de los incels muestra como una abreviación inglesa se vuelve parte del lenguaje en México gracias a estas redes que no tienen límites territoriales”, agregó.
Alfredo Nateras Domínguez, doctor en Ciencias Antropológicas por la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa (UAM) comentó en entrevista con El Sol de México que, aunque persisten las identidades y culturas juveniles que existen desde hace décadas como los skaters, punks, anarquistas o reggeatoneros, actualmente tienen mayor visibilidad las nuevas configuraciones que se expresan a través del ciberespacio y encuentran puntos comunes basados ya sea en consumo comercial (como pasa con los otakus y el anime) o en discursos que toman del exterior.
“Hacen uso de la tecnología, para juntarse con similares a ellos, hay grupos identitarios conectados con los europeos, sudamericanos, centroamericanos, las comunidades digitales los acerca, los aproxima y marcan otro tipo de relación social y afectiva mediada por la tecnología”, dijo.
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Explicó que lo delicado de la cantidad de información disponible en redes es que los jóvenes y niños tienen a su alcance el contacto con agrupamientos oscuros, sectarios o misóginos, como son los jóvenes incel.
Las redes sociales son un espacio de configuración identitaria donde hay cierta flexibilidad para expresarse de cualquier manera y dar opiniones respecto a lo que sea, y al mismo tiempo, hay extralimitaciones que no se pueden regular ni prohibir, salvo aquellas en que las redes bajan el contenido por infringir sus políticas.
Al no haber límites ni reglas en las redes o en el ciberespacio todo fluye, “fluye el odio, fluye la misoginia, fluye la descalificación, fluye la violencia y demás”.
Ricardo Olayo y Araceli Ramírez, fundadores de la plataforma Ola Yo Conecto, explicaron a El Sol de México que las redes sociales reemplazan los espacios físicos, porque los jóvenes las encuentran más versátiles y atractivas, además de que recurren a ellas porque los padres están ocupados y no les dedican tiempo, prefiriendo que las tecnologías resuelvan las dudas de sus hijos.
Una de las razones principales por las que los jóvenes y adolescentes recurren más al ciberespacio, con herramientas como Chat GPT que a sus círculos físicos, es porque en el primero encuentran una relación más íntima y discreta, donde no se sienten juzgados o criticados y que están a disposición las 24 horas, sin importar el lugar, detalló.
Olayo añadió que tanto hijos como padres no han recibido algún tipo de alfabetización digital, lo que genera desconocimiento sobre los alcances de las redes y las tecnologías.
Para los padres, la brecha digital genera un problema en cómo enseñan a los chicos a relacionarse presencialmente y luego en lo virtual y eso se debe a la analfabetización digital.
“Todos los riesgos que hay en presencial se han duplicado a lo digital, entonces los papás tienen una doble jornada ahora para educar y eso nos está pasando: desconocen, están lejanos, están aislados, hay una brecha, nadie les dice cómo hacerlo y sí se requiere cierta profundidad en cuanto a los códigos que usan en las redes”, detalló.
Consideró que la solución es multifactorial. En el caso de los padres, deben tener un apoyo en cuanto al conocimiento sobre el uso de la tecnología; las empresas deben advertir sobre los riesgos del uso excesivo de las tecnologías y la Inteligencia Artificial, como ocurre con los productos que tienen exceso de azúcar; y los gobiernos deben generar políticas públicas y estrategias para abordar los temas y convertirlos en capacitación dirigida a las familias.
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¿Qué une a los incel?
Silvia Soler, la directora del Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir, comentó que los incel son comunidades principalmente de hombres jóvenes heterosexuales que comparten frustraciones por su vida sexual y afectiva. Surgieron en foros digitales y redes sociales, sus discusiones son globales. Algunos grupos promueven discursos de misoginia, resentimiento hacia las mujeres y, en casos extremos, violencia.
El 22 de septiembre de este año, Lex Ashton, un estudiante del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Sur de la UNAM atacó a otro alumno dentro del plantel con un arma blanca y perdió la vida.
Este caso evidenció cómo un joven, influenciado por mensajes violentos en redes y aislamiento social, pasó de la frustración a un acto extremo de violencia. Antes de cometer el ataque Ashton publicó imágenes y mensajes que reflejaban su afiliación a la cultura incel, señaló la especialista.
El auge de los discursos antimujeres y antifeministas no surge en grupos de jóvenes, sino de una reacción global conservadora que viene desde los gobiernos y otros espacios que ven como una amenaza a las mujeres.
Alertó sobre el riesgo de reducir los problemas de las juventudes masculinas a un tema de salud mental, “me da miedo hablarlo desde ese enfoque porque corremos el riesgo de patologizar y medicalizar a los jóvenes. No se trata de empastillarlos, sino de escuchar su malestar”.
La especialista propone mirar el fenómeno desde una perspectiva social y cultural, donde se debe cuestionar los fallos qué hay en las instituciones educativas, en las familias y en los medios para que estos jóvenes encuentren refugio en discursos de frustración.
Nateras Domínguez dijo que aunque estos jóvenes se expresen en el ciberespacio, debe entenderse que no están aislados, pertenecen a una sociedad, a una cultura, a una familia, fueron socializados con determinado tipo de normas y valores, no se hacen por generación espontánea. En ese sentido, el hecho de que encuentren identidad en grupos violentos es un reflejo de la violencia que viven en el exterior, como en la escuela o en la familia.
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“Imagínense que estos son los jóvenes de ultraderecha que son alimentados por modelos con los que, por alguna razón, se identifican y ahí está el resultado de que los modelos son intolerantes, son violentos, discriminan, son excluyentes y se identifican con ellos. Lo que está sucediendo es que fallamos en los modelos identificatorios con otro tipo de valores, de normas, respeto a los derechos”, opinó.
Gloria López y Karla Mora | El Sol de México
