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Erosión costera amenaza el futuro turístico de Mazatlán

Las actividades que en ella se desarrollan ejercen una presión que genera riesgos como la erosión costera.

Las actividades que en ella se desarrollan ejercen una presión que genera riesgos como la erosión costera.
Foto: Gobierno.

El crecimiento urbano y turístico de Mazatlán, con la construcción de hoteles, muros y palapas sobre la duna costera, está acelerando la pérdida de playa y poniendo en riesgo infraestructura y negocios. Lo que antes era un fenómeno natural y cíclico hoy se ha convertido en un problema ambiental, económico y de seguridad estructural.

Las marejadas provocadas por el huracán Priscilla hace dos semanas aceleraron el deterioro de la franja costera, dejando al descubierto formaciones rocosas en tramos de Playa Norte y evidenciando el desgaste progresivo del litoral.

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La erosión se ha convertido en una emergencia ambiental silenciosa que Mazatlán aún no enfrenta con la urgencia necesaria. El puerto corre el riesgo de perder no solo su arena, sino la base misma de su atractivo turístico y su desarrollo costero.

En el Programa de Desarrollo Urbano del Centro de Población 2023-2050 se reconoce que la erosión costera ha sido un proceso continuo y acelerado durante las últimas décadas. Playas como La Escopama y Olas Altas, entre los años 2000 y 2024, revelan un retroceso significativo de la línea de costa.

De acuerdo con el documento, un análisis realizado por el doctor Pedro Alfonso Aguilar Calderón en el 2021, revela que la línea de costa en Mazatlán ha retrocedido en promedio 23.52 metros entre 2004 y 2019, proceso relacionado principalmente con la interferencia en el transporte de sedimentos, debido a la construcción de infraestructura que obstaculizan el movimiento natural de la arena.

La erosión costera se ha visto exacerbada por el aumento del nivel del mar, la acción constante del oleaje, la urbanización sin regulación adecuada, la deforestación de manglares y la eliminación de zonas de amortiguamiento, incrementando la vulnerabilidad de la costa.

Este fenómeno no solo ha tenido un impacto ambiental, sino también legal y territorial, afectando la Zona Federal Marítimo Terrestre. Con el retroceso acelerado de la línea de costa, esta franja se ha desplazado, generando una sobreposición entre terrenos construidos y la nueva ubicación de la Zofemat. Tal es el caso de Playa La Escopama, donde la playa ha desaparecido por completo en ciertos tramos.

En el litoral mazatleco existen 24 palapas y 44 hoteles dentro de la Zona Federal Marítimo Terrestre, según señaló la Operadora y Administradora de Playas, los cuales cada año quedan más expuestos al embate del mar.

Retroceso acelerado de la línea de costa

Durante el Simposio Internacional de Gestión Costera, celebrado la semana pasada en Mazatlán, el doctor Pedro Alfonso Aguilar Calderón, de la Facultad de Ingeniería y Tecnología de Mazatlán de la Universidad Autónoma de Sinaloa, ofreció datos más actualizados sobre la evolución de la línea de costa.

En un análisis que realizó, revela que el movimiento neto promedio de la costa en metros era de 1.1 metros para el año 2020, 23.5 metros para el 2025, y se proyecta que para el 2050 será de 68.3 metros y para el 2100 de 114.2 metros.

El investigador destacó que hay infraestructura urbana invadiendo la zona federal marítimo terrestre y la falta de regulación en la ley para incluir la dinámica costera.

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“A lo mejor en aquellos tiempos la infraestructura estaba construida sobre el límite permisible de la zona federal, pero acuérdense que la costa es dinámica y es cambiante. La línea se ha ido trasladando con el tiempo y por ende se retrasa la línea de costa, se mete a tierra, también la elevación máxima de marea”, dijo.

Agregó que los muros son dañinos para incrementar la erosión y advirtió sobre el fenómeno conocido como ‘opresión costera’, un proceso en el que el aumento del nivel del mar y otros factores, como la infraestructura dura, causan una pérdida de espacio entre la tierra y el mar.

Reconoció que, aunque en México la zona costera es uno de los principales motores económicos por la industria pesquera, petrolera, turística y de transporte, las actividades que en ella se desarrollan ejercen una presión que genera riesgos como la erosión costera, el aumento del nivel del mar, la contaminación y las inundaciones.

Falta de marco regulatorio y planeación urbana

En Mazatlán, advirtió, no existe un marco legal que regule y proteja el uso de las playas, ni un programa de regeneración o restauración de las mismas.

“En el reglamento de construcción nunca ha existido hacer una caracterización de la zona costera para posteriormente se planifica una obra”, dijo.

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Reveló que las áreas más afectadas incluyen la Avenida del Mar, con la ampliación del malecón desde Rafael Buelna hasta Gutiérrez Nájera; la Zona Dorada, desde el Hotel Emporio hasta Playa Cerritos; y el desarrollo de la Marina Mazatlán, en el Estero del Sábalo, donde las obras de dragado y escolleras interrumpieron el aporte de sedimentos que alimentaban otros tramos de playa.

En la Zona Dorada, la construcción de edificios muy próximos al mar, sin respetar la zona federal, ha alterado la dinámica natural de las playas y provocado su estrechamiento.

Para contrarrestar esto, algunos propietarios han construido espigones y muros afectando el paisaje y provocando erosión en zonas vecinas.

Entre las propuestas para mitigar el fenómeno se encuentra elaborar un Programa de Ordenamiento Ecológico Local, actualizar la reglamentación sobre uso de suelo, implementar planes de mitigación ante la opresión costera, incluir reservas territoriales para la protección del litoral y, sobre todo, no construir más sobre la playa.

Ayuntamiento, responsable de los permisos de construcción

Tras los recientes daños provocados por las fuertes marejadas que dejaron afectaciones en al menos 20 palapas del malecón, el delegado de Semarnat en Sinaloa, Renato Ocampo Alcántara, aclaró que la dependencia federal solo otorga la concesión del polígono en zona de playa, mientras que la autorización para la construcción recae exclusivamente en el Ayuntamiento de Mazatlán.

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El funcionario reconoció que el reciente fenómeno dejó en evidencia que ya no es factible seguir construyendo en las dunas costeras, y que no sólo se trata de un tema de daños materiales en la infraestructura de los establecimientos, sino que también las estructuras afectadas representan un riesgo para la seguridad de los comensales.

Ocampo Alcántara detalló que para rehabilitar las palapas, los propietarios deberán acercarse a la Dirección de Desarrollo Urbano Sustentable del municipio para tramitar su permiso de construcción, el cual será condicionado a que cuenten con la concesión vigente. Aquellas que no cumplan con este requisito no podrán ser reconstruidas.

“Ahora que se suscitó este problema con el mal tiempo, tuve contacto con el secretario del Ayuntamiento y le comentaba que sería muy bueno que, cuando los palaperos soliciten su permiso de construcción, que deben tramitar en el Ayuntamiento, se les pida también la concesión para regularizar todas esas palapas que están en el malecón”, declaró.

El delegado recordó que durante el pasado sexenio, por instrucciones del ex presidente Andrés Manuel López Obrador, no se otorgaron nuevas concesiones para garantizar el acceso libre de la población a las playas.

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Actualmente, la dependencia busca que las nuevas construcciones se regularicen bajo ese esquema, pero sin involucrarse en decisiones de desarrollo urbano.

“Coincido en que deberían estar mejor protegidas, que las estructuras tuvieran mayor soporte para evitar este tipo de circunstancias”, agregó.

Carla González | El Sol de Mazatlán

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