Preocupados por no lograr buenas calificaciones en su último año de prepa, un grupo de estudiantes muy distintos entre sí organizan un plan para robar los exámenes de distintas materias, y así graduarse con honores.
En esta travesía estarán apoyados por su ingenio, sus respectivas habilidades, y hasta un ladrón de autos que les ayuda a sacar duplicados de las llaves del colegio para entrar y salir sin problema.
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Los hechos ocurrieron en 2007, en una preparatoria a la que acudía el cineasta Ricardo Castro, quien durante la primera etapa de este robo, formaba parte del clan, y hoy cuenta la historia en la cinta “El club perfecto”.
Según narra en entrevista con El Sol de México, sus amigos acudieron a su casa para contarle todos los detalles, y pedirle que los llevara a la pantalla grande:
“Estuvimos cuatro horas, mientras comíamos sincronizadas, escuchando detalle por detalle. Los grabé, y me contaron las cosas”, platicó. “Ese día supe que iba a funcionar”.
El también realizador de “Los (casi) ídolos de Bahía Colorada” comentó que hasta la fecha mantiene su amistad con ese grupo de amigos, y asegura que son “uña y mugre”, por lo que también quiso mostrar ese mensaje de amistad en la cinta.
“Es un poco el mensaje de la película, más allá de una calificación, y lo difícil de la presión social y emocional que tiene un adolescente, esos lazos que haces son legendarios. Los amigos, esa hermandad y esas experiencias que tienes”.
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En los zapatos del villano
El actor Alfonso Borbolla (“Backdoor”) interpreta al profesor “Octavio”, uno de los más estrictos de la escuela, y el encargado de desenmascarar al grupo de ladronzuelos.
Para él es divertido ponerse en los zapatos del antagonista, pues considera que “ser villano es muy liberador para los actores, porque puedes hacer cosas que en la vida real no te atreves o simplemente no haces”, confesó.
La construcción del personaje la hizo basándose en el guion, y en algunos recuerdos personales.
“Era meter las cosas que pedía Ricardo y otras que yo recordaba de mi prepa o de mi primaria, hay un tic que tiene el personaje con la boca, y ese lo tenía mi coordinadora de la primaria”, expresó el artista, quien mandó un saludo a sus maestros Victor Hugo, José Luis Coté, Filidor y Eloisa.
Ricardo agregó que con el paso de los años comprendió que la labor de los profesores es crucial para el desarrollo de una persona, aunque ante los ojos de un adolescente puedan ser los malos del cuento.
“Admiro mucho a los maestros porque su pasión es enseñar, y su momento es su salón de clases, y tienen mucha motivación por enseñar a generaciones nuevas. Me parece una labor heroica e increíble”, declaró.
Orgullosos integrantes de “El club perfecto”
Los actores Rodrigo Munguía (“Mirko”), Gabriel Fritsch (“Diego”), Daniela Martínez (“Pía”), Dei Saldaña (“Tinieblas”) y Regina Carrillo (“Ariela”), quienes interpretan a los estudiantes que formaron el club, confesaron que sí les gustaría hacer algo así en la vida real, únicamente “por la anécdota”.
Aunque resaltaron la importancia de estudiar y pasar los exámenes sin hacer trampa, compartieron algunas de las técnicas que alguna vez utilizaron para copiar.
“Me acuerdo que ponía mi mochila siempre delante de mi banca, y la recargaba en la de adelante, y encima ponía mi cuaderno boca arriba, y nada más me asomaba tantito. Pero un maestro ya tenía medido eso, y me sentó adelante y al lado de él”, platicó Rodrigo.
Regina tenía una estrategia en conjunto, que consistía en pasarse rápidamente los exámenes entre sus amigos, escribiendo con una letra similar, para completarlos entre todos. Al final únicamente colocaban su nombre, y volvían a anotar las respuestas que no se parecían a su caligrafía.
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Dei narró que aprovechó una dinámica de la propia escuela para apuntar las respuestas en su banca: “Te ponían a decorarla, la forrabas y ponías dibujos, entonces escribía canciones en inglés, y ponía las respuestas de las materias. Como los maestros no sabían hablarlo, no se daban cuenta, así que aprendan idiomas”, dijo entre risas.
“El club perfecto” se estrena en salas de cine este 28 de agosto.
Belén Eligio | El Sol de México
