Alfredo Cornique, alias Pogo, es un diseñador e ilustrador mexicano bien conocido en el mundillo del rock y los conciertos debido a que desde hace varios años se dedica a realizar carteles no sólo para conciertos, sino también para festivales musicales.
Al principio, recuerda, hacía carteles para quien se dejara, y algunos de esos primeros clientes fueron artistas nacionales como Carla Morrison y Zoé, hasta que con el paso de los años comenzó a presentar su trabajo en países como Japón y Nueva Zelanda, y también a realizar carteles para artistas internacionales como Tame Impala, Queens of the Stone Age y Metronomy, además de carteles para festivales, como es el caso del póster oficial del Corona Capital 2025.
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Su estilo se caracteriza por ciertos elementos psicodélicos, vibrantes y oníricos, aunque recuerda que en sus inicios lo que más le interesaba era reinterpretar cuestiones visuales de anatomía y botánica. Pero como es de esperarse, con la evolución llegan otros intereses:
“Últimamente mi principal interés es el uso del color, porque creo que estamos en un momento histórico en el que el color se ha reducido por todos lados y en el que de pronto la gente opta por vivir en gris, en beige o en blanco y negro. No sé si suene muy conspiranoico, pero siento que quieren quitarnos el estímulo tan poderoso que tiene el color. Si te fijas, ahora todas las marcas y todo lo que hay, hasta los coches ya los venden principalmente en blanco, gris, negro, gris o azul marino, ¿no? Hasta hay un tono, ‘grey millennial’ le llaman, hazme el favor”.
Acerca de si este interés en el color está relacionado con su identidad de artista mexicano, comenta:
“De hecho ese es uno de los aspectos de mi trabajo que más me comentan, el de mi nacionalidad. Hace unos, cuando pinté un mural en Tokio, me decían que mi estilo era muy mexicano, aunque yo no lo veía así. Pero tenemos que pensar que a final de cuentas el mundo exterior nos ve así, como un país de colores y de artesanías superchillones, ¿no? Como que nosotros no tenemos un freno cuando se trata de emplear el color, así es nuestro arte, nuestras artesanías, los colores de nuestra comida, todo es muy muy explosivo aquí. Entonces sí, definitivamente hay una búsqueda de representar toda es toda esa paleta de color que existe en nuestro país y que además se ve desde afuera de ese modo”.
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Sobre cómo es que se involucró en el mundo de los carteles de conciertos y festivales, recuerda:
“Después de que estudié diseño, tuve una especialización en cartel, por lo que de alguna manera me imaginaba haciendo el cartel de tal o cual feria y cosas así, hasta que afortunadamente apareció mi vida en Ahmed Bautista -de Mercadorama– que fue quien me invitó a hacer mis primeros carteles oficiales de conciertos, aunque en ese momento aún se sentía como algo ajeno a nuestro país, porque sólo lo hacían grupos que venían de fuera, mientras que a muchos artistas locales no les interesaba tanto hacer algo así”.
“Pero cuando se abrió esa posibilidad -continúa- empezamos a hacer pósters, primero para quien se dejara, la verdad; al principio le hacíamos a todo el mundo, a quien lo permitiera. Al principio me lo tomaba más a la ligera, como que sólo lo veía como otro trabajo de diseño, pero con el tiempo me empecé a dar cuenta de que más bien es como una colaboración con el artista, en la que eres responsable de complementar una pieza artística que ya existe, y eso me pareció increíble”.
Sobre las responsabilidades que surgen a medida que se convierte en un artista más conocido y con más encargos, comenta:
“De un tiempo para acá, si me piden algo para un artista, yo inmediatamente voy a ver qué es lo que están tocando, cómo es el arte de su último disco, de qué se trata o qué vibra tiene, porque se me hace bastante irresponsable, como de estudiante de diseño, no identificar cuál es el problema de mi cliente para entonces resolverlo”.
Pogo coincide en que cuando se trata de atender un encargo, no se trata de imponer lo que él desea plasmar como artista, sino de colaborar para comunicar de manera más efectiva lo que se busca.“Normalmente te diría que hago sólo los carteles de bandas que me gustan, porque si no me gustan tanto o si de plano me chocan, pues no quiero hacer mi investigación, ni escuchar su disco, ni clavarme en su mundo”, destaca.
Y destaca casos como los de sus colaboraciones con Unknown Mortal Orchestra, con quienes ha encontrado un gran nivel de identificación, que permite entregar buenos resultados.
Sobre si todo lo anterior cambia cuando se trata de realizar el cartel de un festival con tanta información como el del Corona Capital (CC), comparte:
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“Trabajar con eso se vuelve un reto muy grande. No quiero hablar mal de mis compañeros diseñadores gráficos, pero creo que muchas veces somos muy dados a querer hacer las cosas en las condiciones que nosotros queremos, ¿no? Queremos un cliente muy chido, que quiera algo muy sofisticado, que nos deje comprar fuentes tipográficas chidas y que nos deje hacer todo a nuestro modo… Pero desde la primera vez que me pidieron hacer el cartel del CC, que creo que fue en 2014, literalmente me dijeron: ‘Piensa en que este cartel es pura información, y que en realidad lo que necesitamos son elementos que rodeen y que convivan con esa información, para más bien darle una identidad al festival”.
“Así que aprendí a trabajar alrededor de eso -añade- y ha sido muy gratificante, porque de alguna manera me ha obligado a reducir mi estilo gráfico o mi expresión a algo que más bien da identidad a un evento y creo que eso se convierte en algo muy noble, porque obviamente lo importante son las bandas del cartel y pasa a segundo término cómo se ve éste”.
Y volviendo al tema de las responsabilidades y los retos que conlleva tener ciertos clientes, comparte una anécdota, también relacionada con Unknown Mortal Orchestra:
“Una vez resultó que venían a tocar a México y pues de alguna manera estábamos en el entendido de que cuando vinieran yo les haría su póster y unas playeras… Pero luego resultó que cuando supe las fechas de su visita, estas coincidían con un viaje que yo tenía que hacer a Nueva Zelanda… Yo ya tenía los artes, pero definitivamente no iba a poder estar en México cuando ellos vinieran, así que busqué a varios amigos, quienes me ayudaron a imprimir todo a distancia y luego a llevarlo a Guadalajara, que es donde sería el concierto, y al final todo resultó muy bien, pero sí fue algo muy estresante, además por la diferencia de horarios… Hubo mucho estrés de por medio, pero se logró”.
Alejandro Castro | El Sol de México
