Las artes escénicas y la danza son terrenos en constante evolución, que al igual que otras disciplinas artísticas no permanecen ajenas a los avances tecnológicos.
Desde finales de la década pasada, compañías como la australiana Chunky Move experimentaron con videointeracción y seguimiento corporal en obras como Glow (2007), en la que integraban sistemas interactivos de video y sensores para responder al movimiento en tiempo real.
Lee: De bailes a blockbusters, TikTok conquista al fandom del cine y las series
Propuestas como estas hicieron que cada vez fuera más común pensar en la posibilidad de los sistemas tecnológicos como una extensión de los cuerpos danzantes, en la búsqueda de conquistar nuevos terrenos artísticos.
También en la década anterior, laboratorios académicos exploraron la síntesis de movimiento para personajes no antropomórficos usando aprendizaje profundo o simulación física, basándose en teorías como los factores de esfuerzo de Laban (Laban Effort Factors) para generar expresividad en agentes virtuales.
Exoesqueletos robóticos
En el caso de la obra U > N > I > T > E > D, de la compañía Chunky Move, con sede en Melbourne, Australia, se trata de una propuesta que lleva al escenario una visión escénica poshumana con exoesqueletos robóticos y sensores adheridos al cuerpo del bailarín para generar movimientos híbridos y orgánicos.
Más de 2 mil negocios cierran en Culiacán y el comercio informal toma las calles
Ecuador deporta a mil presos colombianos
La bota vaquera se reinventa en pasarelas del mundo, pero sigue siendo orgullo de León
El supermercado digital de Rappi impulsa el comercio en Cancún
Salario promedio en Querétaro no alcanza para pagar una vivienda de costo medio
Este proyecto encarna la integración cuerpo máquina con músculo artificial en vivo y ya se ha presentado en vivo en festivales como Melbourne International Arts Festival, además de haber salido de gira por Estados Unidos, Singapur, Japón y algunas ciudades de Europa.
Marionetas cibernéticas
Aunque las interfaces interactivas para danza existen desde finales del siglo XX (techno-dance, arte interactivo), el turno hacia sistemas donde el público vota y controla un robot usable o vestible es más reciente y vincula directamente tecnología social, coreografía e Inteligencia Artificial.
Es el caso de Cybernetic Marionette (DANCE²), proyecto liderado por Anup Sathya, Jiasheng Li, Adriane Fang, Jonathan David Martin y presentado en junio de 2025, este consiste en que un pequeño robot portátil se fije al bailarín; el público vota en tiempo real (vía web desde su teléfono) para decidir si continúa la coreografía planeada o la sobrescribe. Y la votación colectiva modula el comportamiento del robot y por extensión la performance.
Te puede interesar: Universidad michoacana invita a inscribirse a su grupo de bailes folklóricos
La posibilidad de que durante la performance, el público vote en tiempo real y determine el comportamiento del robot, influyendo en la coreografía como “dueto” entre humano y máquina, ya ha podido experimentarse a partir de este año sobre todo en contextos académicos y festivales tecnológicos en Estados Unidos.
El cuerpo como compositor
Real-Time Music Co-creation es otra propuesta disruptiva de los investigadores Olga Vechtomova y Jeff Bos (Canadá y Estados Unidos), quienes en junio de este año publicaron un estudio titulado Reimagining Dance: Real-Time Music Co-creation between Dancers and AI, cuya innovación radica en que un sistema usa movimiento del bailarín para recombinar clips musicales pregrabados y generar música emergente en tiempo real, estableciendo un circuito bidireccional, es decir: el cuerpo crea música mientras baila, en lugar de solo responder a ella.
La obra se apoya en trabajos previos sobre creación musical interactiva mediante IA y deep learning, interfaces expresivas basadas en gestos o voz, y modelos musicales como transformadores o autoencoders que permiten sincronía y coherencia en la improvisación sonora.
Hasta la fecha sólo se ha llevado a cabo en laboratorios y festivales de arte tecnológico tipo I+D y MUTEK-style, aunque no han llegado a salir de gira formalmente ni ha sido mostrado ante un público masivo.
Estas tres corrientes representan lo más radical del arte escénico y coreográfico emergente: danza con cuerpos aumentados, participación directa del público como coreógrafo en vivo, y música generada por el vuelo del cuerpo mismo. Todas basadas en fuentes recientes (2024–2025) y aún fuera del circuito mediático tradicional.
Alejandro Castro | El Sol de México
