La creciente de los ríos Guayalejo y Tamesí, así como el desbordamiento del sistema lagunario del sur de Tamaulipas, ha reactivado una preocupación ecológica de alto impacto: el avance del pez diablo, que en otros momentos ha impactado la producción pesquera del sur de Tamaulipas y el norte de Veracruz.
El presidente del Consejo Ciudadano del Agua del Estuario del Río Pánuco, José Luis de León Hurtado, aseguró que la situación es grave debido a que se trata de una especie invasora de gran resistencia que ha devastado los ecosistemas locales y desplazado a peces nativos en Tamaulipas.
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“Hablando de esta especie invasora que nos vino a devorar todo, ya no hablo de lobinas, hablo de tilapia, que se han extinguido porque este pez se come todo”, declaró a El Sol de Tampico.
Explicó que el pez diablo —conocido científicamente como Pterygoplichthys spp— se ha convertido en una amenaza para otras especies nativas en la región. Incluso, especies que eran esenciales para la dieta local han desaparecido.
“Hablo de la guabina, la guapota, ya no hay. Se ha extinguido la tilapia, que es un alimento que se comía aquí y que era la especie endémica de toda la región. No hay, se acabó”, explicó León Hurtado.
Anteriormente, en las lagunas de Tampico y Altamira se capturaban especies comerciales como tilapia, bagre, lobina, robalo, carpa y langostinos.
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Pero ahora, el pez diablo, también conocido como limpiador, lleva más de una década apropiándose del sistema lagunario.
De León recalcó que esta especie no es apta para el consumo humano. Además de tener muy poca carne, contiene altos niveles de contaminantes.
“No lo venden, no lo sacan, no lo extraen, no tiene carne. Estos animales no deben comerse tampoco porque comen lodo, y hay mucha materia que no debemos de comer los humanos, como metales pesados y otra serie de cantidades de contaminantes… La poquita carne que tiene ese animal no es comestible. No se recomienda”, añadió.
Aunque el pez diablo ha demostrado gran adaptabilidad y resistencia, la salinidad del mar representa su principal debilidad, según el especialista.
“Se va a ir al río Pánuco, donde hay agua salada, y ahí no resiste la salinidad; se va a morir. Al final de cuentas, este desbordamiento va a parar al mar”, destacó.
Sin embargo, advirtió que no todos los ejemplares serán arrastrados al mar, y es ahí donde radica el riesgo.
“Muchos se quedan y se entierran. Ellos pueden resistir bajo los lodos, a tres metros de puro lodo, y no se mueren porque comen de todo, ¿verdad? Es un animal muy resistente”, insistió.
Por la presencia del pez diablo, norte de Veracruz ha perdido 60 por ciento de su producción; urgen presencia de autoridades
El impacto del pez diablo no se limita a Tamaulipas. En el norte de Veracruz, particularmente en el municipio de Pueblo Viejo, pescadores aseguran que 60 por ciento de la producción se ha perdido por la invasión de esta especie.
“Este pez depreda los huevecillos de las especies nativas, lo que está reduciendo drásticamente su población. Si no se actúa pronto, podría desaparecer la pesca en el norte de Veracruz y sur de Tamaulipas”, advirtió el pescador Rómulo de León García.
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La presencia del pez diablo se ha documentado desde hace más de una década, pero en los últimos cinco a ocho años su población se ha disparado, invadiendo lagunas, ríos y canales clave como el río Pánuco, lagunas de Pueblo Viejo y comunidades como Emiliano Zapata, Benito Juárez, El Barco, Paciencia y Aguacate.
“El sistema está muy pobre. En dos horas de trabajo solo saqué seis kilos de acamaya; a 70 pesos el kilo, apenas nos alcanza para sobrevivir”, relató Bonifacio Domínguez, pescador de la zona de Tancol, en Tampico.
Los pescadores y ejidatarios afectados coinciden en que la situación debe ser atendida de forma urgente por los gobiernos de Veracruz y Tamaulipas, y piden la implementación de medidas específicas.
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“Que se implementen programas de control biológico o captura masiva. De lo contrario, en poco tiempo esta especie acabará con todo. Nuestros ingresos se han desplomado. Esta plaga está matando nuestra fuente de trabajo. Necesitamos ayuda ya”, concluyó Rómulo de León.
Mariela Macay | El Sol de México
