En menos de dos horas —ya sea desde Toluca, Cuernavaca, el Estado de México o cualquier punto de la capital— es posible llegar a uno de los museos más importantes del mundo: el Museo Nacional de Antropología. Ubicado en el corazón del Bosque de Chapultepec, este recinto acaba de recibir el Premio Princesa de Asturias de la Concordia 2025 por su papel clave en la preservación del patrimonio antropológico de la humanidad.
El museo no solo resguarda piezas prehispánicas únicas: ofrece una experiencia sensorial, arquitectónica y simbólica que conecta con nuestras raíces. Y lo mejor: está tan cerca que no es necesario tomar vacaciones para visitarlo. Basta medio día libre y ganas de reconectar con lo que somos.
El recinto, galardonado el pasado 4 de junio, es reconocido como uno de los museos más importantes del mundo por su compromiso con la divulgación, la investigación y la preservación del patrimonio cultural. “El Museo Nacional de Antropología mantiene una relación estrecha con España y la cultura española, ya que en sus salas se encuentran también objetos del período virreinal que reflejan la fusión de las culturas indígena y española y la relación bidireccional que históricamente se estableció entre estas, nutriéndose y enriqueciéndose mutuamente”, explicó el Jurado encargado de entregar este premio.
El museo no solo salvaguarda el patrimonio cultural, también es responsable de mantener vigentes las investigaciones referentes a la historia indigena de nuestro país.
En una entrevista con El Sol de México, posterior al anuncio del premio, el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma (quien apoyó la candidatura del museo) destacó la importancia del reconocimiento, porque no sólo impulsa la proyección de México en el mundo, sino que “nos acerca a España”.
“Este reconocimiento es muy relevante, ya que reconoce a un recinto emblemático de nuestra cultura nacional, como lo es el Museo Nacional de Antropología, en el que hay acervos tanto prehispánicos como del indigenismo actual. Es decir que este es un reconocimiento a nuestras culturas”, dijo el arqueólogo, quien en 2022 fue reconocido con el mismo premio, pero en la categoría de Ciencias Sociales.
Un lugar de encuentro
El Museo Nacional de Antropología recibió el año pasado a tres millones 86 mil 556 visitantes, cifra que no alcanzaba desde 2019, a causa de la pandemia de Covid-19. “Esta cantidad de personas nos habla de la relevancia del Museo Nacional de Antropología para nuestra sociedad”, declaró el director del Museo Antonio Saborit para el INAH.
“Fue impactante poder explorar con todos los sentidos ver, escuchar, tocar e incluso percibir los aromas de los vestigios que dieron vida a los grandes imperios que forjaron esta magnífica civilización. Venir a este museo que es una joya cultural que sin duda debe conocerse al menos una vez en la vida”, comenta Ana, una visitante del lugar.
En sus 22 salas, distribuidas en más de 45 mil metros cuadrados, el museo alberga miles de piezas arqueológicas y etnográficas, pero para Ana la más interesante es la Piedra del Sol, mejor conocida como Calendario Azteca, pero también está la Piedra de Tizoc que fueron de sus preferidas, ambas ubicadas en la Sala Mexica. De acuerdo con el propio museo, el hallazgo de estas dos piezas, junto con la Coatlicue (a finales del siglo XVIII, durante obras en la Plaza Mayor de la CdMx) detonó el interés por el pasado indígena de México.
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Ana Laura, una capitalina quien visitó por primera vez el museo el pasado 19 de junio, describe la experiencia: “La verdad superó mis expectativas, me sentí profundamente orgullosa y emocionada al recorrer las salas que visité”.
Lo que más llamó su atención fue el Paraguas. “Su tamaño es enorme, es hipnótico, ahí en medio de todo te impresiona a primera vista, me emocionó entrar y ver algo así”.
Ella se refiere a la enorme fuente construida en 1964, que da la bienvenida a los visitantes. La columna revestida de bronce sostiene el techo del patio central del museo y su relieve fue elaborado por los hermanos Chávez Morado.
Una de las salas más apreciadas por Ana fue la sala Oaxaca, porque tiene familia en ese estado de la República. “Lo que me llevo de esta visita es que me hizo reflexionar sobre lo poco que conocemos nuestra historia. Aprendí muchísimo y salí con el corazón lleno. El museo está lleno de turistas extranjeros, pero creo que deberíamos visitarlo más los mexicanos también.”
La arquitectura
Otro de los atributos principales que tiene el Museo Nacional de Antropología es su arquitectura, diseñada por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, para materializar el respeto a la tradición de los pueblos indígenas. Para revestir el proyecto resultó esencial la incorporación de obras plásticas de pintores y escultores mexicanos, las cuales le brindaron al museo su peculiar personalidad.
Un ejemplo de ello es el águila y la serpiente, esculpidas por el artista guanajuatense José Chávez Morado sobre el mármol blanco de la fachada, que se pueden observar desde el momento que el visitante hace fila para ingresar al inmueble.
El museo se planificó en favor de su funcionalidad y provocar emoción en el visitante, para que este se instruya objetivamente y a la par reconozca sus valores identitarios.
El encargado de recibir a los millones de personas que visitan el Museo Nacional de Antropología es el Monolito de Tláloc, ubicado sobre Paseo de la Reforma, el cual fue trasladado para la inauguración del museo en 1964, en medio de una tormenta que en su momento varias personas adjudicaron al dios de la lluvia.
Para llegar
El recinto abre sus puertas de martes a domingo de 9:00 a 18:00 hrs y las rutas más cercanas son las estaciones del metro Chapultepec de la línea 1 y Auditorio de la línea 7 y la estación Antropología de la línea 7 del Metrobús.
El acceso al museo cuesta 100 pesos para el público en general, pero gratuito para los adultos de 60 años en adelante, los niños menores de 13 años y personas con discapacidad, además de profesores y estudiantes con credencial vigente. El domingo la entrada es gratuita para todos.
Pablo Rodríguez | El Sol de México
