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Alejandro Iriarte, moda como renacimiento emocional tras la pérdida

En cuanto a los lazos, me puse a explorar imágenes de la moda del siglo pasado, particularmente de los años 50.

En cuanto a los lazos, me puse a explorar imágenes de la moda del siglo pasado, particularmente de los años 50.
Foto: Pexels.

Sanar, aligerar y proponer un nuevo comienzo, atar el pasado y darle forma de moño; entrelazar los tejidos y combinar texturas para contraer el miedo frente a esos contrastes de la vida entre lo inevitable y lo bueno que nos da. Esos fueron algunos aspectos clave para que el diseñador Alejandro Iriarte diera forma a cada silueta de su más reciente creación.

A lo largo de siete años como director creativo de la firma Caballería, el diseñador mexicano ha experimentado con materiales, formas y un sinfín de opciones para dar origen a una colección tras otra, posicionando a la marca en el mercado de la moda masculina, bajo su propio sello y filosofía. 

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Pero en esta ocasión fue diferente, pues debía experimentar con algo nuevo que no tenía nada que ver con la confección, sino con el sentimiento de pérdida tras una separación.

“Yo estaba escapando de un año bastante difícil. Fue el buscar la conexión a través de la vulnerabilidad lo que me permitió tomar camino una vez más”.

“De alguna manera es necesario para todos tomar un momento de autorreflexión y darnos cuenta nosotros mismos de qué es lo que nos pasa por dentro, sobre todo en algunos momentos complicados y de ahí, entonces saber que podemos crear y desarrollar una nueva propuesta de vida, tanto en lo personal como en lo profesional; en este caso, mi nueva colección”, dice en entrevista con El Sol de México.

Así surgió su línea primavera-verano 2025, que se compone de más de 60 piezas, la cual describe como, “una oda al renacimiento emocional, a la belleza como resistencia y al hombre contemporáneo que habita con libertad en el equilibrio entre energía masculina y femenina.

“Al escapar a la playa encontré muchas respuestas que se convirtieron en inspiración, no tanto en la arena y el sol, sino más bien en las terrazas, albercas y atardeceres; dentro de mis objetivos como diseñador, siempre está la búsqueda incansable de la belleza, siempre ver qué puede haber detrás de ésta. Lo bueno es que la ropa es un terreno muy fértil para seguir escarbando. Entonces, es descubrir la idea que tiene el diseño abstracto para ver si a partir de un contexto se desarrolla toda una línea”, describe el diseñador.

Sus creaciones no se caracterizan por ser extravagantes, sino sutiles, “una elegancia discreta, pero al mismo tiempo es como una paradoja, porque a pesar de ser sobria, se sale de lo común y del resto del tipo de prendas que predominan en el momento”.

Los aromas frescos y la brisa se traducen en una paleta cromática compuesta por tonos frutales como el mamey, el chicozapote, la guayaba, el higo y el arándano azul; además de verde mineral, espinaca y manzana fresca. 

El blanco cerámica y satinados discretos juegan con una textura que evoca a la chirimoya, así como con la tradicional línea de gis tan del gusto de la marca.

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“Esta temporada el proceso creativo se definió a partir de una sola prenda que sirvió como punto de fuga: extrayendo, estirando, recortando e inyectando volumen para resultar en una colección lúdica y dinámica confeccionada con textiles sustentables provenientes de EspañaLos Ángeles y Canadá, con una fuerte presencia de linos, viscosas, algodones y tencel (fibra de origen vegetal)”.

Los cuellos en V predominan en las camisas, mientras que un escote asimétrico irrumpe en el ritmo de la línea para aportar vanguardismo. Destacan los lazos en forma de moño en camisas de estilo vintage.

“En cuanto a los lazos, me puse a explorar imágenes de la moda del siglo pasado, particularmente de los años 50, de la posguerra y me di cuenta de ciertos elementos muy repetitivos que eran parte de los looks de aquella época, como los moños. Es importante destacar que en la posguerra estaba muy presente la búsqueda por la belleza, después de los horrores de la guerra e incluso en la moda del hombre. Entonces, esta historia se adecuaba perfecto a lo que yo estaba viviendo en 2024, de esta depresión que después me llevó a la búsqueda constante de la belleza”.

De esta forma, Alejandro extrajo elementos que pueden ser un tanto simples, o un tanto ya muy vistos, para entonces lograr romper con su diseño tradicional. “Quise crear un concepto, no me gustaría decir rompedor, puede sonar un poco egoísta o arrogante, pero pues sí, hay que ser conscientes que no son elementos tan comunes dentro de la ropa del hombre”.

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Alejandro Iriarte apuesta por la memoria textil

Ante la falta de opciones en materia prima, en este caso de telas en nuestro país y de los burocráticos procesos aduanales que existen en temas de importación, Alejandro echó mano de los archivos de colecciones pasadas para rescatar el material y darle una nueva vida.

“Me puse a buscar en todos los archivos de telas que tenía como stock en el taller y fue muy divertido tomar algunas de temporadas pasadas y transformarlas para poder encajarlas en una colección que pintaba ser muy colorida, cuando antes la imagen de Caballería era casi toda oscura.

“Quise darle a estas telas la alegría que yo estaba buscando, sobre todo, a unas que ya en su momento se trabajaron en algo mucho más sobrio, elegante, un tanto sombrío, por así decirlo”.

A lo largo de siete años, Alejandro ha defendido su propuesta, la cual rompe con los convencionalismos del hombre mexicano, que basa su imagen en un guardarropa más conservador y tradicionalista.

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“El comienzo con Caballería fue bastante afortunado y curioso. Iniciamos ofreciendo faldas para hombres, de ahí la cosa empezó a ir para arriba. Nos empezaron a identificar como la única marca de la ciudad que manejaba ese tipo de pieza como básico.

“Entonces, nos dimos cuenta que la gente estaba ansiosa por encontrar algo diferente, algo nuevo sin llegar a ser extravagante. Muchos hombres le tienen miedo a la moda porque creen que se verán disfrazados. Pues ese es el reto que tengo dentro de Caballería, lograr que este tipo de diseño sea más aceptado en la población más conservadora como es la mexicana”. 

Sin embargo, afirma que las piezas van dirigidas a un sector, “conocedor que ha visto, que ha viajado y tiene siempre hambre de algo nuevo”.

Sobre las marcas de diseño mexicano que por lo regular son caras y el fast fashion, opina: “Creo que el fast fashion tiene su lado negativo y positivo. Dentro del lado positivo que yo podría defender sería el uso de los básicos. Sin embargo, pues sí, para las marcas pequeñas, locales, emergentes o que llevan una trayectoria, pero que se mantienen dentro del sector de diseño puro, llega a ser complicado porque realizan acabados específicos, son procesos muy delicados, entonces aumentan el costo de producción, y hablo a nivel global.

“En este caso, lo que hay que hacer es dirigir muy bien el producto, dirigir bien las campañas, para entonces dar a conocer las bondades del producto hecho localmente; entonces, el cliente no lo visualiza porque tal vez no está dentro de la industria, pero pues a mayor volumen bajan costos, a menor volumen suben costos. Depende qué tan grande quieres que sea tu taller”.

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En cuestiones de sostenibilidad, dice que, “actualmente es necesario comprometerse o realmente hacer una producción de la misma manera que siempre. Yo digo que cuando se ahonda en el tema sostenible, te das cuenta de muchas cosas que haces que no pueden definir tu producción como sostenible. Yo no creo en la sostenibilidad al 100 por ciento pura y real dentro de la industria de la moda, sí se puede lograr pero tiene que crear toda una estrategia.

“Debes analizar desde cómo realizas el desteñido del hilo, hasta la habilitación en la que trabajas, el alimento, el pegamento y más cuestiones que te hacen ser un productor sostenible”.

Gerardo León | El Sol de México

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