La semana pasada, el Teatro del Maggio Musicale Fiorentino, uno de los espacios más reconocidos de la ópera y la música sinfónica en Italia, se transformó en el escenario ideal para presentar la colección primavera-verano 2026 del diseñador italiano Niccolò Pasqualetti.
El desfile tuvo lugar el 19 de junio en la terraza del teatro, un espacio con vista a la ciudad de Florencia, que sirvió como marco perfecto para una propuesta que, más allá de la ropa, hablaba de ideas, emociones y memoria.
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El diseñador toscano, quien ha trabajado en casas como Loewe, conocida por su enfoque en el lujo artesanal contemporáneo y The Row, símbolo del minimalismo sofisticado, presentó una colección conceptual y experimental que invitaba a pensar. Desde el primer look, quedó claro que no se trataba sólo de vestir cuerpos, sino de una mirada hacia el pasado, atravesada por la sensibilidad del presente.
La colección se construyó con 33 looks que proyectan la experimentación de su creador con pliegues estructurados, telas de texturas crudas y cortes deconstruidos. Las referencias eran claras: uniformes militares, ropa de trabajo, el universo deportivo y la sastrería clásica, todo reinterpretado desde una óptica contemporánea.
Lo interesante fue cómo estas ideas, lejos de quedarse en lo literal, se transformaban en piezas con carga simbólica. Cada prenda parecía traer consigo una historia: recuerdos de épocas difíciles, tensiones actuales y preguntas sobre el futuro. Fue, en definitiva, un gesto poético y, en muchos sentidos político, que interpela los códigos tradicionales del vestir masculino.
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Entre capas, pantalones, overoles, camisas y tejidos de punto, también aparecieron elementos más ligados a lo femenino, como faldas o vestidos. No como recurso provocador, sino como parte de una propuesta coherente donde las barreras de género se desdibujaban con naturalidad.
El contraste fue uno de los hilos conductores del desfile: entre lo rígido y lo fluido, entre materiales pesados como el cuero o la mezclilla, y otros más livianos como la seda o el lino. La pasarela se convirtió en un lugar donde distintas formas de portar la ropa y la identidad podían convivir.
Los modelos, lejos de responder a una idea binaria o normativa del género, caminaron con una presencia poderosa, demostrando que la autenticidad es más fuerte que cualquier etiqueta. Más que una colección de temporada, lo que presentó Pasqualetti fue un manifiesto: una invitación a cuestionar las normas heredadas, y a imaginar nuevas formas de expresarse a través del vestir.
En un momento donde muchas propuestas se vuelven espectáculo vacío, ésta fue una apuesta con contenido, emoción y pensamiento.
Marinieves Tejeda | El Sol de México
