CDMX

Inundaciones en CDMX revelan nueva vulnerabilidad urbana con el regreso del Río de la Piedad

Podemos alertar a protección civil sobre posibles inundaciones… todo basado en medidas físicas reales.

Foto: Gobierno.

Los pasados 2 y 3 de junio los habitantes de la Ciudad de México se descubrieron de repente afectados por una nueva vulnerabilidad: el desbordamiento del Río de la Piedad provocó inundaciones en Viaducto y Circuito Interior.

Unos días después, entre el 12 y el 16 de junio, el 51.3 por ciento de los reportes recibidos en el C5 fueron también por inundaciones; el 48.7 por ciento correspondientes a encharcamientos, siendo IztapalapaMiguel HidalgoVenustiano Carranza y Álvaro Obregón las alcaldías más afectadas, con acumulaciones de hasta 45 cm de agua en calles y viviendas.

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La Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y PC (SGIRPC) activó las alertas naranjas y rojas debido a “corrientes de agua sobre calles y avenidas” y a posibles caída de árboles o deslizamientos en diferentes demarcaciones.

La Jefa de Gobierno de la ciudad, Clara Brugada, aseguró en ese momento: “No habíamos enfrentado una lluvia tan fuerte. Se acumularon 10.2 millones m³ de lluvia, equivalente a la presa Madín… Y pese a acciones preventivas hubo 143 encharcamientos”.

Este lunes 16 de junio nuevamente se registraron precipitaciones extraordinarias, de hasta 73 mm en pocas horas, acumulando aproximadamente 10.2 millones m³ de agua, que son equivalente al volumen de tres meses de lluvia, con reportes de inundaciones en seis alcaldías, caída de árboles, afectaciones en la Central de Abastos y el aeropuerto

En el país, la temporada de lluvias comenzó formalmente el 15 de mayo y de acuerdo con los expertos se extenderá hasta el 30 de noviembre de 2025 en el Pacífico, y del 1 de junio al 30 de noviembre en el Atlántico.

A principios de año, el evento denominado “La Niña débil” favoreció lluvias en la zona centro y sureste, incluida la Ciudad de México, tal como advirtieron especialistas.

El Atlas de Riesgos y la Estrategia Local de Acción Climática (2021–2050) identifican patrones más erráticos de lluvia, islas de calor urbano, mayor frecuencia de episodios extremos, deslaves y reblandecimiento de suelo.

La ciudad enfrenta además desigualdad: colonias vulnerables, asentamientos informales, infraestructura insuficiente y sistemas de drenaje obsoletos, elevando el riesgo de inundación y daño socioeconómico.

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¿Qué se ha hecho?

En mayo de este año se lanzó el “Plan Tlaloque” con una inversión de mil 570 millones de pesos, de los cuales 570 se destinaron a renovar redes de drenaje y el resto para adquirir 40 camiones hidroneumáticos516 maquinarias y formar brigadas Ehécatl con técnicos especializados. 

A sólo tres días de su lanzamiento, se reportó un impacto favorable, ya que se redujeron los puntos de encharcamiento de más de 200 a poco más de 70. 

El titular de la Secretaría de Gestión Integral del Agua (Segiagua)Mario Esparza, informó que el protocolo de este sistema los ayuda a hacer frente a lluvias cada vez más atípicas, intensas y en zonas inesperadas.

Sin embargo, las lluvias atípicas dejaron ver que la infraestructura sigue insuficiente y deficiente. Y es que a pesar de que el presupuesto para infraestructura hidráulica en la CDMX y el Valle de México creció considerablemente, hasta marzo de este año sólo se había ejercido el 17.4 por ciento del presupuesto anual.

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Este año también se inyectaron importantes recursos a la infraestructura hidráulica CDMX-Edomex. Las autoridades destinaron 5 mil 485 millones de pesos a obras de drenaje, saneamiento y expansión de capacidad en el Túnel Emisor Oriente, la ampliación de planta La Caldera, pozos y redes.

Aun así, eventos como los del 2 y 3 de junio demostraron la vulnerabilidad del sistema tras el desbordamiento del Río de la Piedad y las consecuentes inundaciones en Viaducto y Circuito Interior.

Clara Brugada catalogó la respuesta como acertada, pero aclaró que “esta infraestructura no se compra de un día para otro”, subrayando que esta vez los encharcamientos bajaron de 200 a 70.

Otra obra importante es el Parque Hídrico La Quebradora-Iztapalapa, conocido también como Utopía Atzintli, el cual fue diseñado por la UNAM en 2017 e inaugurado en 2021 con una inversión de 250 millones de pesos, con un beneficio para 38 mil 487 habitantes al cubrir 1.41 km² en los que capta 5 mil 600 m³ pluviales y logra infiltrar 60 mil m³ anuales al acuífero. 

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Este proyecto, que fue premiado en 2018 por Holcim Oro, supuso una combinación de propósito social, ambiental y técnico por el aumento de vegetación y uso comunitario con su modelo hidro y de acupuntura replicable, a pesar de que en sus inicios fue objeto de una pausa por sospechas de malversación, diseño alterado y falta de impacto ambiental.

Hay tecnología, pero no para todos

También se han puesto en marcha medidas privadas y mixtas, como es el caso del proyecto Arantec, que utiliza sensores para medir lluvia, caudal y calidad de agua en tiempo real, con algoritmos predictivos basados en machine learning.

El CEO de la empresa española, Eisharc Jaquet, dijo que esta tecnología permite alertar y “anticiparse a eventos meteorológicos extremos”. “Recogemos infinidad de datos… aplicamos algoritmos… podemos alertar a protección civil sobre posibles inundaciones… todo basado en medidas físicas reales”, añadió.

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Sin embargo, su cobertura aún está limitada a zonas selectas y aún no hay información pública sobre su integración con sistemas de alarma o acción inmediata en la CDMX.

Por otro lado, empresas como AquatechIdrica y Xylem han comenzado a instalar IoT (internet de las cosas) para monitoreo de pluviosidad y flujo de drenaje, para poder realizar simulaciones y activación automática de bombas, reduciendo el tiempo de respuesta comparado con el de la operación manual.

Aún así, estas aplicaciones suponen altos costos iniciales y dependen de una infraestructura de telecomunicaciones robusta y estable.

Estos casos muestran que la combinación de respuesta ágil, infraestructura moderna y tecnologías digitales puede reducir significativamente el impacto de las lluvias intensas. No obstante, estas medidas siguen siendo insuficientes sin una estrategia integral que incluya mayor cobertura tecnológica, dotación de infraestructura, transparencia y comunidad como eje activo.

México, y particularmente la Ciudad de México enfrenta un momento decisivo, ya que según los expertos, las lluvias extremas no son una excepción, sino la nueva norma. Entre 2024 y 2025, las autoridades respondieron con aumentos presupuestales, operativos ágiles y tecnología de monitoreo. Sin embargo, los retos persisten: la insuficiente infraestructura verde, los rezagos en ejecución financiera, la falta de cobertura tecnológica en zonas vulnerables y la urgencia de restaurar ríos urbanos.

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Para transitar hacia una real resiliencia frente al cambio climático, se requiere una visión estratégica de largo plazo, que integre inversión física, digitalización inclusiva, ecosistemas restaurados y participación ciudadana activa, para dejar de reaccionar y empezar a preparar, anticipar y afrontar con éxito los desafíos hídricos que vengan.

Alejandro Castro | El Sol de México

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