La Opinión

Donald Trump se crea su guerra interna

En un nuevo arranque de xenofobia, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump decidió utilizar a dos mil elementos de la Guardia Nacional para controlar las protestas y enfrentamientos anti-redadas en Los Ángeles, California, en una muestra más de fuerza desmedida contra migrantes, que representan una importante mano de obra en uno de los estados […]

En un nuevo arranque de xenofobia, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump decidió utilizar a dos mil elementos de la Guardia Nacional para controlar las protestas y enfrentamientos anti-redadas en Los Ángeles, California, en una muestra más de fuerza desmedida contra migrantes, que representan una importante mano de obra en uno de los estados más ricos de esa nación.

Trump decidió echar la caballería a los manifestantes para mandar un mensaje de fuerza en contra, de lo que él llama, una invasión de migrantes, que, por cierto, durante la pandemia que él ignoró fungieron como trabajadores de primera línea, esos que nunca dejaron de trabajar para abastecer las necesidades básicas de los estadounidenses.

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Si nos vamos un poco más atrás, el crecimiento de la fuerza laboral estadounidense en la posguerra fue drástico. Entre 1948 y 1982, la fuerza laboral estadounidense aumentó de 60 millones a 111 millones. Durante el mismo período, el número de personas empleadas en el mercado laboral estadounidense aumentó de 58 millones a 99 millones. 

La Tasa de Participación en la Fuerza Laboral (TPFL) aumentó del 58.6% al 64.1% y el número total de horas trabajadas por trabajador disminuyó un 9.3 %, de 898 a 814 horas anuales, probablemente porque los trabajadores estadounidenses más adinerados optaron por “comprar” más tiempo libre, lo que significa que pueden permitirse no trabajar tantas horas.

El mismo canciller de Alemania, Friedrich Merz, demostró la semana pasada en una reunión que sostuvo con Trump, que el mismo el Presidente estadounidense proviene de una familia de inmigrantes alemanes, pero no es un caso aislado, la base social de Estados Unidos está conformada por migrantes de prácticamente todo el mundo.

Pero el empecinado mandatario en su idea de  expulsar a la supuesta gente mala de EU, léase migrantes irregulares, lo llevan a tomar decisiones, que en el corto plazo  le van a estallar en la cara, como le sucedió con su ex súper amigo, Elon Musk, o como le va a suceder con su guerra arancelaria después de que el mundo se acomode a vivir sin Estados Unidos.

El asunto es que por primera vez desde 1965 un Presidente estadounidense despliega a la Guardia Nacional sin la solicitud de un gobernador, según publicó en X el exdirector de Human Rights Watch Kenneth Roth, acusando a Trump de “crear un espectáculo para poder continuar con sus redadas migratorias”.

La Guardia Nacional de Estados Unidos es una fuerza de reserva estadounidense constituida por voluntarios, o sea civiles. Fue fundada en 1903 y actualmente cuenta entre tropas activas y reservas con 467 mil 587 miembros. Hay un punto muy importante que no puede salir del primer plano, muchos de estos civiles que conforman este cuerpo de reacción coinciden con la xenofobia de Trump y eso los convierte en personas con poder y armas que puede cometer cualquier tipo de abuso.

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De hecho, en los enfrentamientos del pasado fin de semana se aprecia a un elemento de la Guardia Nacional como apunta y dispara una bala de goma a una periodista australiana que realizaba una cobertura en vivo de los disturbios en Los Ángeles, seguramente era una trabajadora acreditada ejerciendo su profesión de forma legal, entonces cuál fue la razón para agredirla. 

La semana antepasada, se dio a conocer en la prensa estadounidense que las autoridades migratorias estaban presionando a los oficiales para que el número de detenciones fueran más grandes, al menos tres mil por día, para satisfacer al xenófobo Trump, que durante su campaña prometió ser implacable con la comunidad de migrantes, no importa si son legales o ilegales.

La política del gobierno de Trump es echar a todo aquel migrante que no les parezca y, ni más ni menos, eso hacen. La secretaria del Departamento de Seguridad Nacional, Kristi Noem, dice en un mensaje antimigrante –difundido hasta por debajo de la mesa– que no vayas a Estados Unidos o que autodeporten, eso no tarda en suceder o ya está sucediendo.

Por su puesto, que la mano de obra barata se va a terminar, pero no importa, lo importante es “hacer a los Estados Unidos grande otra vez”, solo falta saber cómo el país más poderoso del mundo va a sustituir la mano de obra que los hace ricos, porque los estadounidenses no se distinguen por realizar los huecos laborales que cubre los migrantes.

Sin duda, le esperan días muy complicados a los migrantes en Estados Unidos hasta que la era Trump llegue a su fin, pero este impacto económico de cuatro años no se va revertir en cuanto se vaya el magnate, eso puede tardar años o décadas. Sería mejor regular esa mano de obra que maltratarla, pero es más rentable azotarla para mantener el voto duro de la clase media baja que cree en el magnate ciegamente. O usted, ¿Qué cree?  

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