El aroma de las rosas del ramo de novia, el incienso de la ceremonia religiosa, el olor del pastel de la fiesta y hasta la esencia del Tequila que se percibe en la celebración de una boda, nos transportan a uno de los momentos cruciales en la vida de la mujer, su enlace matrimonial.
Estas esencias forman parte de la temática A qué huele una boda, una de las secciones de las que se compone la exposición Las mil y una novias, que se exhibirá a partir del 13 de junio en el museo Ídolos del Esto de la Organización Editorial Mexicana (OEM).
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A través de más 180 objetos, de diferentes épocas, la muestra explora el papel de la mujer mexicana en la sociedad, a partir del ritual de las nupcias, entrelazando historia, tradiciones e ideologías que han trascendido a lo largo del tiempo y de los estilos de vida.
Lo anterior surge de la publicación de un libro homónimo, creado por cuatro investigadoras mexicanas, quienes durante dos años reunieron información inédita, fotografías, accesorios, atuendos y otros objetos que forman parte de la celebración del encuentro matrimonial en México.
“Aquí, en la Organización Editorial Mexicana (OEM) está el archivo, biblioteca fototeca y hemeroteca Mario Vázquez Raña, que tiene un acervo muy grande; la doctora Marina Vázquez Ramos ha mantenido durante años la importante labor de resguardarlo y conservarlo, y en esta ocasión tiene la intención de difundirlo, poniendo sobre la mesa la discusión de la novia como un pretexto para analizar cómo ha sido el papel de la mujer en la sociedad mexicana a lo largo del tiempo”, dice Minerva Anguiano, investigadora de la Fábrica de Exposiciones, empresa encargada del montaje de la muestra.
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Entre los objetos de la exhibición destaca un traje de gala de charro que portó la cantante Flor Silvestre (1930-2020), además de vestidos de novias de diferentes épocas, las arras y su historia, al igual que la del lazo y el anillo, calzado original que fue usado en el pasado, así como una vitrina con diseños de vestidos a escala, entre otros.
“La presentación del libro Las mil y una novias, será el 16 de junio, el cual no es un catálogo de la exposición, sino un complemento, pues los dos van de la mano y hablan de todo lo que hemos investigado a lo largo de estos dos años, tomando como pretexto a la novia para hablar en realidad de la historia de la mujer mexicana y cómo ha ido cambiando a través de diferentes aspectos sociales, culturales, legales, psicológicos, tradicionales, en fin…”, explica Lorenza Espínola, de la Fábrica de Exposiciones.
En el área principal del museo se ubica el tema de la fotografía, donde aparece una serie de imágenes de los encuentros nupciales que han hecho historia, como la boda de la actriz María Félix con el cantante Jorge Negrete en 1952, la foto inédita de la actriz Angélica María vestida de novia, entre otros personajes de la sociedad cuya celebración, quedó inmortalizada en las páginas de El Sol de México, La Prensa y otros diarios impresos de la OEM.
Los diseños de vestidos de novia de épocas pasadas reciben al visitante, siendo el de las Tehuanas (mujeres originarias del Istmo de Tehuantepec), uno de los protagonistas, y junto a éste, se encuentran otros tradicionales confeccionados en encajes, sedas, organzas y otros materiales.
Aquí destaca un vestido antiguo que lleva consigo todo un misterio: es de talla pequeña, con una cola amplia, y también los zapatos tipo botín, que llevaba puestos la novia, fueron adquiridos al mismo tiempo que el traje, todo en perfecto estado de conservación, sólo que ni el coleccionista que lo encontró, sabe hasta ahora a quién le perteneció en el pasado.
“Como parte de la investigación, acudimos a la biblioteca del Museo Nacional de Antropología, para encontrar el tema de la dote, las arras y otros conceptos mitológicos; muchísimos documentos y libros para hablar de las bodas desde el inicio de los tiempos y fuimos descubriendo cómo los símbolos han ido versando el papel de la mujer y el de la novia en este caso.
“Hemos encontrado datos muy interesantes, por ejemplo, el uso de lazo que es mayormente una tradición de México y se vincula también con las costumbres de tiempos prehispánicos, en las que al casarse, se ataban las prendas de los novios, y después este ritual, cambió por el lazo como lo conocemos ahora. Hay muchos datos curiosos y otras cosas muy singulares que el público podrá descubrir”, explica Anguiano.
Estos rituales relacionados con el amor, proyectan emociones y sentimientos a través de los detalles que los rodean, incluyendo los textiles, los tejidos y partes de la confección del ajuar de novia.
“En el caso del Istmo de Tehuantepec, donde se realiza una boda civil y una religiosa, los vestidos de novia hablan de la identidad, de la comunidad, no necesariamente habla de lo que nosotros pensaríamos que es el amor en vestido de blanco, pero evidentemente, describen su región y su gusto por su cultura.
“El atuendo típico se elabora con terciopelos y encajes, y lleva una enagua. Está compuesto por muchas piezas. En algunos casos es bordado con hilo de seda o de oro”, dice la experta.
Describe que en el diseño anteriormente se utilizaban otras telas como las de raso y aplicaciones de oro. “Tenemos uno de los años 60 con la manga tipo campana, también uno de los años 80 con una estética muy particular, cada vestido tiene su sello particular”.
Las Novias de Dios
El espacio contiguo al de los vestidos está dedicado a la historia de las “Novias de Dios”, un contexto que describe los rituales de las mujeres que deciden convertirse en religiosas.
“Resulta muy interesante tomar en cuenta la parte religiosa, donde existe otra forma de casamiento para las mujeres, porque finalmente se casan con Dios.
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“Aquí contamos la historia de la “monja Chimalpopoca” Juana María Cortés Chimalpopoca, descendiente de gobernantes indígenas de Tlacopan. Al inicio de la Colonia las mujeres indígenas no podían profesar e ingresó al Convento de Corpus Christi en Tacuba para convertirse en monja, era el único convento donde las cacicas de ascendencia indígena podían dedicarse a la vida religiosa. Los retratos de ella que exhibimos aquí, son previos a ser profesada, o sea, mostramos todos los detalles del ritual y los aspectos de la vida a los que iba a renunciar al entregar su vida a Dios: todo el posicionamiento y toda la riqueza que dejaría en el pasado”.
A través de muñecos de felpa se recrean los diferentes momentos que existen al entablar una relación amorosa, desde el cortejo hasta la pedida de mano. En esta sección se da paso a la inclusión, dando a conocer los diferentes tipos de relaciones que hay en la actualidad y hasta se habla del poliamor.
Los términos y acuerdos
Con el paso del tiempo las costumbres cambian pero algunos acuerdos maritales continúan dentro de la sociedad actual.
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“El matrimonio no deja de ser un contrato social, político y económico entre dos personas o entre dos familias, y ese punto también lo tocamos en la exposición donde hablamos de la construcción cultural, del amor y de como éste también se ha ido transformando hasta el día de hoy. Pensar en un matrimonio no deja de ser un pacto o un contrato.
“Incluso los convenios maritales no son iguales en México que en Estados Unidos o que en Irlanda, donde era prohibido divorciarse; entonces aquí se habla también de cómo hay un cambio político, o la clásica novia que se casó a la fuerza por la herencia por imposición de los padres. O sea, esta posibilidad de esta expansión del cuerpo, del género y nos enfrentamos a una sociedad completamente diferente, incluso, a lo que fue a principios del siglo pasado”, afirma Anguiano.
Finalmente, el recorrido lleva a una vitrina con 30 minuciosas representaciones a pequeña escala creada por la diseñadora textil Marinieves Tejeda, que narran la evolución del vestido de novia desde 1469 hasta 2024.
“Cada una de estas piezas elaboradas en manta y encajes reciclados, con su patrón y construcción distintivos, es un estudio en sí misma, encapsulando no sólo las siluetas y preferencias estilísticas de su tiempo, sino también, los convencionalismos y costumbres de cada momento histórico.
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“Se trata de un relato visual que nos transporta a los audaces diseños que vistieron a grandes figuras de la cultura pop y el cine: desde el icónico conjunto corto de Mia Farrow en los años 60, hasta el revolucionario traje amarillo de Liza Minnelli en 1979, y la majestuosidad del inolvidable vestido de Thalía, diseñado por Mitzy, que con 100 metros de seda y un peso de 70 kilos se convirtió en un fenómeno internacional de manipulación textil”, explica Tejeda.
Gerardo León | El Sol de México
