Puerto Vicente Guerrero pertenece al municipio de Tecpan de Galeana y fue fundado en la segunda mitad del siglo XX como parte de un proyecto pesquero impulsado por el entonces gobierno federal. Durante las décadas de 1970 y 1980, fue un punto clave para la economía de la región: no solo por su actividad pesquera, sino también por el turismo nacional, que comenzaba a descubrir sus tranquilas aguas y su cocina basada en mariscos frescos.
Con el paso del tiempo, sin embargo, el destino fue relegado por la falta de inversión en infraestructura turística y vial, mientras que la violencia en Guerrero ahuyentó a muchos visitantes. No fue sino hasta los últimos años que una nueva generación de habitantes, en su mayoría jóvenes, decidió emprender el rescate del puerto como destino turístico alternativo, ecológico e incluyente.
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Rescate turístico comunitario
Hoy en día, Puerto Vicente Guerrero ofrece a sus visitantes experiencias únicas: desde el avistamiento de tortugas, delfines y aves exóticas, hasta recorridos en lancha por sus albercas naturales, donde el mar se tranquiliza por una barrera natural de piedra, haciendo de este lugar uno de los espacios más seguros para nadar en la costa del Pacífico mexicano.
La comunidad local, compuesta por cooperativas de pescadores, mujeres emprendedoras, restauranteros y guías turísticos, ha creado una red de actividades y servicios que incluyen gastronomía local, turismo de aventura, y eventos culturales y deportivos, como torneos de fútbol playero femenil y festivales de música.
“No estamos en contra del desarrollo ni de la Marina, pero lo que quieren hacer es borrarnos del mapa sin consultarnos. Este es nuestro hogar, nuestra fuente de ingresos y de historia”, declaró a este medio Marta Valerio, prestadora de servicios turísticos que trabaja frente al muelle del puerto.
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La amenaza del desalojo
A principios de mayo de 2025, la comunidad fue sorprendida por una intervención coordinada entre la Profepa y elementos de la Secretaría de Marina, quienes acudieron al puerto para notificar a varios comerciantes sobre su presunto asentamiento irregular en terrenos federales. El argumento principal es que se necesita liberar la zona para iniciar la construcción de una base naval, un proyecto que, según denuncian los afectados, no ha sido explicado ni socializado con la comunidad.
El intento de desalojo desató protestas locales y manifestaciones en Acapulco, donde comerciantes y pobladores se congregaron frente al Palacio Federal exigiendo respeto a sus derechos humanos y a su derecho al trabajo.
“Quieren que nos vayamos como si fuéramos invasores, cuando llevamos aquí décadas. Lo que están haciendo es destruir un proyecto comunitario que ha costado años levantar”, afirmó Víctor Hernández, miembro de una cooperativa turística local.
Un caso de conflicto territorial y político
El caso de Puerto Vicente Guerrero revela una tensión cada vez más común en México: el conflicto entre proyectos federales de infraestructura (como cuarteles, bases o desarrollos portuarios) y las comunidades locales que habitan y trabajan en zonas costeras de valor ambiental y turístico.
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Organizaciones ambientalistas y de derechos humanos han comenzado a documentar el caso, alertando sobre un posible desalojo forzoso sin el cumplimiento de protocolos legales y sin la participación de la comunidad en la toma de decisiones.
Además, existe preocupación de que el proyecto militar comprometa los ecosistemas marinos y costeros, al alterar dinámicas ambientales delicadas que sustentan no solo la actividad turística, sino también la pesca artesanal que alimenta a cientos de familias en la región.
La esperanza de un diálogo
Pese al ambiente de incertidumbre, los habitantes de Puerto Vicente Guerrero no han dejado de trabajar por su comunidad. Están organizando foros, acudiendo a instancias de derechos humanos, y promoviendo la visibilidad del puerto como un ejemplo de turismo comunitario autosustentable.
“Hemos cuidado estas playas por generaciones, no vamos a permitir que el gobierno llegue y nos arrase. Queremos diálogo, pero también respeto”, concluye Marta Valerio mientras observa a un grupo de turistas disfrutando de una comida frente al mar.
En medio de un país donde muchas comunidades luchan por ser escuchadas, Puerto Vicente Guerrero alza la voz. No solo por su gente, sino por el derecho a decidir el futuro de sus territorios.
Pedro Andalón | El Sol de Acapulco
