Dentro del pancracio mexicano existen diversos personajes que han llegado a triunfar en dos de las empresas más grandes del país, como el Consejo Mundial de Lucha Libre (CMLL) y la AAA. Tal es el caso de Lizmark, originario de Oaxaca pero forjado en Acapulco, quien fue conocido como el “Geniecillo Azul”.
La historia de Lizmark es la de un hombre que nació en Oaxaca y, tras la muerte de su padre, fue criado en Acapulco. Comenzó su carrera deportiva con la intención de ser boxeador; sin embargo, el destino le tenía preparada otra arena.
Durante una visita a la Arena Coliseo de Acapulco, donde pretendía entrenar boxeo, fue convencido de probar suerte en la lucha libre. Según palabras de su propio hijo, Lizmark Jr., su padre no veía con buenos ojos este deporte, pero al estar suspendidos los entrenamientos de boxeo, decidió intentarlo. Lo que inició como una prueba en el deporte del costalazo terminó por conquistarlo.
Lizmark comenzó su carrera bajo el nombre de “Lismark”, inspirado en el barco alemán Bismarck, pero un error de imprenta cambió la “B” por una “L”. Más tarde, simplificó su nombre a Lizmark, aunque otra versión señala que él mismo decidió modificarlo para evitar problemas en caso de que existieran otros deportistas con el mismo nombre en la capital del país.
Su agilidad y carisma pronto lo convirtieron en un ídolo local, llenando funciones de lucha en Acapulco y atrayendo la atención de promotores de la Ciudad de México.
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A pesar de sus triunfos, tenía un plan alternativo en caso de que las cosas no funcionaran. Su hijo recordó en una entrevista en redes sociales que su padre trabajaba en un hotel de Acapulco. “Antes de que saltara a la fama como Lizmark, antes de que fuera conocido a nivel nacional e internacional, cuando empezó a luchar en Acapulco, él ya tenía un trabajo fijo en un hotel, el Hilton”, relató.
En el caso de Lizmark Jr. (Juan Carlos Baños), quien nació en el destino turístico más representativo de Guerrero, en la colonia Centro, su contacto con el deporte fue constante gracias a su padre, quien lo llevaba a nadar, correr en la playa y entrenar en gimnasios locales.
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“Mi infancia fue muy bonita”, relató Lizmark Jr. “Mi papá, siendo un atleta de alto rendimiento, me impulsó desde pequeño a mantenerme activo”. Como parte de sus estudios, asistió a la primaria Ignacio Manuel Altamirano, mientras desarrollaba disciplina física en compañía de su padre.
Sin embargo, a diferencia de otros hijos de luchadores, Lizmark Jr. no creció plenamente consciente de la fama de su padre en la lucha libre. “Conmigo fue diferente. Yo conocí el mundo de la lucha ya estando un poco más grandecito”, recordó. Durante su niñez, veía a su padre como un trabajador más del Hotel Hilton de Acapulco, donde laboraba antes de alcanzar la fama.
Lizmark Jr. describe a su padre como un hombre amoroso y firme, quien, pese a sus orígenes humildes, siempre se esforzó por brindarles a él y a sus hermanos una vida digna, inculcándoles la importancia del deporte y la disciplina. “No tuvimos lujos, pero tampoco carencias”, puntualizó.
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Ambos luchadores destacaron por sus estilos y lograron visitar diferentes países, manteniéndose todavía en el recuerdo y en el corazón de los seguidores de la lucha libre. Actualmente, una tercera generación ya se encuentra en el circuito independiente bajo el nombre de “El Hijo de Lizmark Jr”.
José de Jesús Dorantes González | El Sol de Acapulco
