Lo que antes fue un oficio rentable y una tradición con fuerte arraigo en los barrios de Celaya, hoy se encuentra en vías de extinción. La venta de carbón vegetal ha dejado de ser negocio, aseguran quienes aún mantienen con esfuerzo sus carbonerías en pie. Actualmente, solo quedan alrededor de seis establecimientos dedicados a este giro en todo el municipio.
Esmeralda, encargada de una carbonería ubicada en el tradicional barrio de San Miguel, compartió que el panorama para este oficio es cada vez más desalentador. “Antes el carbón se usaba para cocinar de todo, era muy solicitado, pero con el tiempo la gente empezó a comprar en el súper y ya no vienen con nosotros”, explicó. Ella lleva diez años atendiendo el negocio familiar y asegura que el cambio en los hábitos de consumo ha sido el principal factor que ha mermado las ventas.
Un elemento clave en esta transformación ha sido el tipo de carbón que se ofrece en los supermercados. “Los clientes nos dicen que no es lo mismo, que allá venden carbón mineral y nosotros vendemos vegetal. El de nosotros prende mejor, dura más y no contamina tanto los alimentos”, agregó Esmeralda.
El carbón que se vende en las carbonerías locales proviene de la Sierra de Guanajuato, y aunque el proceso de adquisición implica logística y traslados, muchos aún se esfuerzan por mantener el negocio. Sin embargo, cada vez son más los comerciantes que se ven forzados a cerrar debido a la baja demanda.
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“Antes hasta el gobierno nos ayudaba, nos incluían en programas, pero ya no. Todo ha subido: el transporte, el producto, la renta y las ventas no alcanzan”, lamentó otro comerciante de una carbonería ubicada en la zona centro.
Actualmente, la única temporada fuerte para este tipo de negocio es diciembre, cuando las familias preparan carnes asadas o cocinan en grandes cantidades durante las fiestas navideñas. “En esas fechas sí vemos un repunte, pero el resto del año está muy flojo”, afirma Esmeralda.
En el barrio de San Miguel, la carbonería que ella atiende sigue siendo reconocida por la comunidad, gracias a la confianza y la tradición. “Nos conocen, nos recomiendan, pero ya no es suficiente”, concluyó.
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Así, con cada cierre de carbonería, se apaga también una parte de la historia popular de Celaya, donde el carbón vegetal no solo cocinaba alimentos, sino que también encendía la convivencia familiar y entre la comunidad.
Alan Tovar | El Sol del Bajío
