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Los yates de Acapulco embarcan historias y sueños a la mar

La pandemia apagó las luces de los tradicionales recorridos nocturnos por la bahía de Santa Lucía

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Foto: Yates Fiesta y Bonanza

ACAPULCO, Guerrero. Fueron tiempos de aventuras, de sueños e ilusiones sobre el mar los que vivieron miles de turistas y lugareños al pasear en los yates de recreo que por las noches engalanaban con sus recorridos la bahía de Acapulco disfrutando música viva y visitaban las casas de famosos cantantes y artistas de cine y la televisión de la Época de Oro de Acapulco.

La pandemia por Covid-19 que se vive desde hace más de un año modificó estos paseos y actualmente sólo dos de estas embarcaciones surcan las aguas del mar para deleite de los visitantes.

Las luces que desde los cerros de la ciudad mostraban su travesía en viajes conocidos como lunadas, dieron cuenta de sus recorridos en los que familias enteras paseaban y parejas consolidaron sus relaciones de amor. Pero también en las tardes hubo episodios similares.

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Desde los años 70, la bahía de Acapulco empezó a ser recorrida por yates como el Bonanza y el Fiesta, que a una gran distancia eran vistos por sus espectaculares luces que los adornaban y la potente música viva que disfrutaban turistas y los propios acapulqueños que noche tras noche los abordaban para hacer un recorrido por el espejo de agua que es la principal fuente turística de Acapulco.

De estas emblemáticas embarcaciones, sólo una, el yate Bonanza, se mantiene aún recorriendo la majestuosa bahía con su música y un espectacular show.

Operadores turísticos informaron que en el 2021, y en medio de la emergencia sanitaria por Covid-19, en Acapulco sólo sobreviven dos yates de recreo, el Bonanza con más de 60 años de antigüedad y el Acarey.

Ambos continúan realizando sus recorridos, pero ahora vespertinos debido a que se adaptan a los protocolos sanitarios y sólo operan al 30 por ciento de su capacidad, como lo ordenaron autoridades gubernamentales y sanitarias para evitar la propagación del virus.

En el Bonanza, el recorrido consta de dos horas y media en semáforo epidemiológico de color rojo y el costo es de 310 pesos por persona. En su travesía vespertina de 02:30 a 17:00 horas, hacen recorrido por la bahía, también en Puerto Marqués, Caleta, la Isla de La Roqueta y La Quebrada, saliendo del Paseo del Pescador donde se tiene su propio muelle.

La lunada fue suspendida ante la emergencia por Coronavirus y se reanudará cuando las autoridades lo autoricen.

Los yates recreativos que recorren la bahía fueron y siguen siendo un gran atractivo turístico para Acapulco, según declaraciones de empresarios de la industria turística de la zona Tradicional.

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Javier Saldívar Rodríguez, hotelero de la zona tradicional, reconoció que Acapulco sigue viviendo de su imagen y de los atractivos que representan una importante actividad turística como los famosos yates que siguen recorriendo la bahía del mundo.

Años después de iniciada la aventura de los recorridos en las playas, se sumó el yate “Aca-Tiki”, un catamarán de grandes dimensiones que también fue reconocido con el tiempo a nivel nacional e internacional.

Fue la madrugada del 23 de marzo de 2003 cuando se registró en la bahía de Acapulco el accidente que provocó que los paseos en estas embarcaciones, empezaran a sufrir un descenso importante.

La embarcación “Aca-Tiki”, se hundió a escasos 150 metros de distancia de llegar al malecón frente al zócalo, presuntamente por una falla mecánica en el motor, ya que así lo había declarado el capitán antes de zarpar, sin embargo finalmente se determinó que fue por sobrecupo.

La emblemática embarcación tenía una capacidad para 300 pasajeros y esa noche llevaba más de 400 personas a bordo.

El accidente provocó esa madrugada la movilización de elementos de Protección Civil, rescate, Marina, policiacos, de autoridades y paramédicos, quienes atendieron a los que resultaron lesionados.

Este percance quedó atrás al llegar en su lugar el Acarey, otro catamarán de características similares a su antecesor hundido y que actualmente forma parte de de los dos yates que mantienen viva la tradición y ofrecen paseos a turistas que disfrutan del vaivén de las olas, el olor a la brisa marina y admiran la belleza del puerto desde estas embarcaciones.

Enrique Hernández | El Sol de Acapulco