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La Opinión

AMLO y el gobierno personalista

AMLO demostró que, ante todo, valora la lealtad política hacia su persona y el acatamiento de sus decisiones por parte de sus colaboradores de gobierno

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Jacques Coste

La semana pasada ocurrieron varios hechos ilustrativos del personalismo que caracteriza al gobierno federal y el partido oficialista. Buena parte de lo que ocurre en Morena y en la administración federal pasa por Palacio Nacional y depende de las simpatías, los afectos, los humores y, sobre todo, el sentido político y la escala de valores del presidente López Obrador.

Primero, AMLO demostró que, ante todo, valora la lealtad política hacia su persona y el acatamiento de sus decisiones por parte de sus colaboradores. Claudia Sheinbaum lo ha entendido muy bien. Tras la tragedia de la Línea 12 del metro de la Ciudad de México, ha decidido comportarse como regenta de los tiempos del priismo y no como jefa de Gobierno independiente. Ha optado por responderle directamente al presidente antes que rendir cuentas a los votantes de la capital.

AMLO anunció que él se encargará personalmente de informar sobre los avances en las investigaciones para determinar los motivos de la tragedia y también gestionará la rehabilitación de la Línea 12. Sheinbaum aceptó sin chistar esta decisión y casi la aplaudió.

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Ante un panorama político difícil, una vez más, Sheinbaum se esconde tras la figura presidencial. No es nuevo. Pese a encabezar un gobierno local autónomo, ha mostrado lealtad y sumisión ante el presidente en todas las coyunturas complicadas que su gobierno ha enfrentado.

En invierno de 2020, en el peor momento de la pandemia, postergó el regreso a semáforo epidemiológico rojo, en línea con la directriz de recuperación económica por encima de la salud pública que marcó Palacio Nacional.

Luego de la derrota electoral de Morena en la Ciudad de México, mimetizó su discurso con el de AMLO, alegando que Morena perdió debido a las campañas negras de los medios en su contra. Y en el caso de la Línea 12, desde el principio ha danzado al son del presidente.

¿Cuál es su premio por estas muestras de lealtad a prueba de todo? López Obrador la ha arropado. Pese a que Sheinbaum era la encargada de la operación electoral de Morena en la capital, el presidente ha culpado de la derrota a la prensa y a las clases medias.

En el caso del Metro, la ha defendido públicamente una y otra vez. Además, cada que puede, la viste de elogios: incorruptible, excepcional, trabajadora y honesta son algunos de los adjetivos que le ha colgado.

Otra muestra del cariz personalista de este gobierno y de la importancia que AMLO le otorga a la lealtad política es el caso de Irma Eréndira Sandoval, quien fue despedida de la Secretaría de la Función Pública y hasta humillada públicamente por tumbar la candidatura de Félix Salgado Macedonio al gobierno de Guerrero.

Sandoval no fue defenestrada por su incompetencia, por su prepotencia, por su impulsividad ni por el proselitismo que marcó su gestión como titular de esa dependencia.

Todo eso se puede dejar pasar. Lo que es imperdonable para AMLO es que un miembro de su círculo cercano obre en contra de sus designios y opere políticamente en perjuicio de uno de sus candidatos consentidos.

Un caso similar es el de Ricardo Monreal. Según información periodística, el presidente se ha negado a reunirse con él en los últimos días y ha adquirido una actitud distante hacia su figura.

De acuerdo con estas versiones, AMLO estaría disgustado con Monreal debido a su indisposición para ayudar a Sheinbaum a mantener el control político-electoral sobre la capital.

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Si esto fuera cierto, veríamos otro indicio de lo importante que son la lealtad y la obediencia para López Obrador: puede perdonar la impericia política de la jefa de Gobierno que fue una de las causantes de la derrota morenista en la capital, pero es inaceptable que Monreal no haya acatado la designación de Sheinbaum como jefa política única de Morena en la Ciudad de México.

En cuanto al carácter personalista del actual gobierno, un cuadro ilustrativo es la reunión que el presidente López Obrador sostuvo con los gobernadores electos de Morena la semana pasada.

Las fotografías del evento son muy representativas: todos los asistentes sentados en sillas afiladas en un pasillo suntuoso de Palacio Nacional y el presidente colocado en medio de los gobernadores en posición de gran patriarca.

Los comentarios posteriores de algunos de los asistentes a la reunión también son ominosos del personalismo del partido oficial. Por ejemplo, Layda Sansores, tuiteó: “¡Qué orgullo! Visitando al gran Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, en su despacho de Palacio Nacional”. El texto estaba acompañado de una foto en la que ella aparece con semblante solemne y conmovido, y él con una sonrisa complacida.

Se dirá que los gobiernos personalistas no son nuevos en la historia de México. Quizá sea cierto, pero preocupa que el poder político se concentre en la persona del presidente, no en la institución presidencial, que son dos cosas bien distintas. Si continúa esta dinámica, cabe preguntarse: ¿qué pasará después de 2024?

Twitter: @jacquescoste94