La Opinión

La otra cara de los terremotos en Venezuela

El apoyo humanitario debe venir desprendido de cualquier tipo de etiqueta, sesgo o rivalidad política en Venezuela

Los devastadores terremotos –que han dejado unos mil 500 muertos– ocurridos recientemente en Venezuela están demostrando, de la manera más trágica imaginable, cómo el país sudamericano se encontraba completamente desmantelado en su sistema de salud y de atención de emergencias. 

Esta precaria situación es el resultado directo de una profunda y prolongada crisis económica que inició durante el mandato del fallecido Hugo Chávez y que fue llevada a su punto más crítico bajo la gestión del ahora depuesto Nicolás Maduro.

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Mucho antes de que ocurrieran estos sismos, los ciudadanos venezolanos ya vivían una tragedia cotidiana marcada por innumerables carencias, producto de un desmantelamiento sistemático de los servicios públicos esenciales destinados a atender las necesidades de una sociedad que se fue empobreciendo a pasos acelerados durante la última década.

Es una realidad innegable que ningún país del mundo, por muy desarrollado que esté, se encuentra completamente preparado para amortiguar el impacto de un fenómeno natural de esta índole. Sin embargo, también es un hecho documentado que en los años anteriores a esta catástrofe existían innumerables reportes de fallas estructurales y carencias absolutas en el sistema de salud en Venezuela. 

Las denuncias sobre hospitales sin insumos médicos básicos, la falta de personal calificado debido al éxodo masivo de profesionales y una infraestructura arquitectónica totalmente inadecuada eran el panorama habitual del país.

Hoy en día, los sismos preocupan de forma alarmante a la comunidad médica ante el incremento desmesurado de pacientes heridos. En las zonas más afectadas, la gravedad de la situación ha obligado a que decenas de personas tengan que ser atendidas en plena calle, sobre el asfalto, lo cual constituye un signo inequívoco e innegable de la absoluta falta de infraestructura médica y de espacios seguros para la atención de emergencias.

“El problema fundamental no es solo que se trate de una tragedia natural de gran magnitud, sino que debemos reconocer y recordar de manera constante que Venezuela ya se encontraba en el contexto previo de una emergencia humanitaria compleja”, explicó detalladamente a la cadena BBC el doctor Pedro Javier Fernández, destacado miembro del equipo de la organización Médicos Unidos por Venezuela.

Asimismo, el especialista confirmó lo que desde hace mucho tiempo dejó de ser un secreto a voces para convertirse en una cruda realidad: “Todos nuestros hospitales carecen de suministros esenciales, carecen de los medicamentos más elementales; no somos capaces de proporcionar una atención médica adecuada a nuestra población en un día normal y corriente. Ahora, con el agravante de esta tragedia natural, la emergencia es aún mayor y resulta muchísimo más difícil de afrontar en comparación con lo que ocurriría en otros países de la región”.

Ante la enorme tragedia que viven los ciudadanos venezolanos, las autoridades sanitarias les están solicitando que, en caso de tener que acudir a un centro hospitalario en medio de esta terrible contingencia, lleven consigo sus propios insumos médicos. 

Sin embargo, la pregunta inevitable que surge ante este escenario es desgarradora: aquellas personas que lo perdieron absolutamente todo debido a los derrumbes, ¿cómo le van a hacer para conseguir lo mínimo necesario? ¿De qué manera van a salvar sus vidas si no cuentan con recursos ni pertenencias?

Esta catástrofe también servirá como un claro parámetro para medir cuál es el verdadero nivel de compromiso de los Estados Unidos con el nuevo gobierno de transición que ellos respaldaron y posicionaron en el poder, el cual se encuentra actualmente encabezado por los hermanos Rodríguez, Delcy y Jorge, acompañados en la cúpula por Diosdado Cabello. 

Si a principios de este año parecía que la suerte y la coyuntura política los habían cobijado favorablemente, hoy en día se encuentran frente al reto administrativo y humano más grande, complejo y decisivo de todas sus carreras políticas.

La realidad del sector salud es demoledora. El pasado mes de abril, la Federación Médica Venezolana (FMV) afirmó con contundencia que “el 90% de los hospitales del país están desabastecidos y en una situación de abandono total”. 

Por su parte, la última Encuesta Nacional de Hospitales, correspondiente al año 2024, recogía formalmente que el índice de desabastecimiento de insumos específicos para quirófano se ubicaba en un alarmante 74%. Por si fuera poco, dicho informe indicaba que solo 4 de cada 10 quirófanos a nivel nacional estaban operativos en promedio.

El mismo estudio detallaba que en el 46% de los centros hospitalarios evaluados “se piden pagos extraoficiales a los pacientes o a sus familiares para poder atenderlos”, una práctica ilegal que vulnera de forma directa el principio constitucional de gratuidad de la salud pública. 

En concordancia con estos datos, en el año 2025, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos alertaba con preocupación sobre la profunda crisis que atravesaban los servicios públicos en el territorio venezolano, aportando un dato sumamente revelador: el 91% de los hospitales encuestados entre los meses de enero y julio de ese año exigieron de manera obligatoria a los pacientes llevar sus propios insumos médicos para poder realizar cualquier tipo de intervención quirúrgica.

Es de vital importancia destacar que esta emergencia humanitaria y de reconstrucción no va a durar únicamente unas cuantas semanas o un par de meses; se trata de un proceso complejo que tomará años de esfuerzo continuo. Por lo tanto, esta situación se convertirá en el termómetro definitivo para medir la verdadera solidaridad regional en América Latina. 

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Aunque hoy en día, de forma muy destacada, muchos países del continente se han volcado de inmediato a enviar ayuda humanitaria a Venezuela, sin importar si sus gobiernos son de tendencia ideológica de derecha o de izquierda, la verdadera incógnita se presentará dentro de unos meses, cuando las luces de la novedad noticiosa se apaguen y veamos realmente hasta dónde llega el apoyo solidario internacional a largo plazo.

En ese escenario futuro, también se verá cuál es el verdadero compromiso de la administración de Donald Trump con el bienestar de la nación sudamericana, o si el interés de la Casa Blanca está únicamente centrado en la reactivación y control de los valiosos recursos energéticos y petroleros venezolanos. 

Será de suma importancia analizar de cerca qué decisiones estratégicas y diplomáticas se toman en Washington en ese sentido durante los próximos meses de reconstrucción.

Asimismo, para los sectores de la oposición en Venezuela, los efectos políticos de estos terremotos han roto de manera drástica cualquier posibilidad de que en el corto o mediano plazo se convoque a un proceso de elecciones generales. 

Esta situación de fuerza mayor vuelve a dejar a los líderes opositores completamente marginados del acceso al poder institucional y, de paso, le otorga un valioso oxígeno político a la nueva versión del chavismo gobernante para que saque la casta, demuestre su capacidad de control de crisis y busque la manera de mantenerse en el poder a pesar de las adversidades.

Desafortunadamente, durante los próximos días la magnitud de la tragedia humanitaria va a seguir aumentando de manera dantesca y alarmante a medida que se remuevan los escombros. Si en su posibilidad económica y humana está el colaborar y ayudar, no lo deje de hacer bajo ninguna circunstancia. 

El apoyo humanitario debe venir desprendido de cualquier tipo de etiqueta, sesgo o rivalidad política, aunque la historia nos demuestra que pocas veces es así en la práctica global. O usted, ¿Qué cree?

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